Viernes, 14.12.2018 - 14:06 h
Deben multiplicarse por 17

La única manera de combatir el cambio climático es subir (mucho) los impuestos

La forma más sencilla y eficaz de combatir el calentamiento, quizás la única, es aumentar los impuestos a las emisiones de dióxido de carbono

No es posible seguir quemando carbón. / Pixabay
No es posible seguir quemando carbón. / Pixabay

El nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) no puede ser más claro: si no se toman medidas drásticas para limitar la subida de temperaturas a 1,5 grados el planeta se verá en un gran aprieto.

El texto, con más 6.000 referencias científicas y firmado por 91 expertos de 40 países, establece que acotar el calentamiento por debajo de 1,5 grados evitaría una mayor extinción de especies y reduciría la subida del nivel del mar en 10 centímetros para 2100, salvando muchas zonas costeras y litorales. A su vez, superar los 1,5 grados depararía más calor extremo, lluvias torrenciales y probabilidad de sequías, algo que afectará a la producción de alimentos, sobre todo en zonas sensibles como el Mediterráneo o Latinoamérica.

“La siguiente década es crítica”, ha reconocido a Efe Patricia Pinho, coautora del capítulo sobre desarrollo sostenible y reducción de la pobreza. “Si no enfilamos el camino correcto ahora podemos alcanzar un calentamiento de 3 grados para fin de siglo, y esto puede devastar muchas regiones y comunidades vulnerables”.

El informe apunta a tomar una serie de medidas ya conocidas, pero no suficientemente aplicadas, para mitigar el calentamiento global, como la promoción de un cambio en la dieta y en la forma en que nos desplazamos, consumimos y comemos. Pero la forma más sencilla y eficaz de combatirlo, quizás la única, es aumentar los impuestos a las emisiones de dióxido de carbono.

La manera más sencilla y eficaz de reducir las emisiones

Como explica Brad Plumer en The New York Times, más de 40 gobiernos de todo el mundo, incluida la totalidad de la Unión Europea, han puesto precio a las emisiones de carbono, ya sea a través de impuestos directos sobre los combustibles fósiles o mediante programas de límites máximos. Pero a muchos de ellos les ha resultado políticamente difícil establecer un precio lo suficientemente alto como para generar reducciones realmente profundas en las emisiones de carbono.

La utilidad de los impuestos a las emisiones ha sido respaldada también esta semana por el comité del premio Nobel, que ha concedido el galardón de economía a William D. Nordhaus por, entre otras cosas, apuntalar la idea de que “el remedio más eficiente para los problemas causados por las emisiones de gases de efecto invernadero es un esquema global de impuestos al carbono que se impongan de manera uniforme en todos los países”.

Willian Nordhaus. / Universidad de Yale
Willian Nordhaus. / Universidad de Yale

Parece que el cambio climático es un problema que conocemos desde hace solo una década o dos, pero académicos como Nordhaus llevan alertando de la que se nos viene encima desde hace mucho más tiempo. Ya en la década de los 70 el economista realizó el primer análisis detallado de los daños económicos que el calentamiento global podría infligir a la sociedad humana, justo cuando los científicos del clima comenzaban a alertar sobre el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El economista argumentó que las empresas que queman combustibles fósiles deben pagar impuestos a una tasa que refleje los daños que estaban imponiendo al resto del mundo. Esto supondría, además, un enorme incentivo financiero para que las empresas reduzcan el uso de combustibles fósiles y busquen formas creativas y asequibles para reducir las emisiones, sin necesidad de que se impongan siquiera regulaciones más estrictas.

Hay que subir los impuestos ya

Aunque más de 30 años después este impuesto es una realidad en muchos lugares, no tiene ni de lejos el impacto suficiente. Los gobiernos han preferido otro tipo de políticas, como impulsar la energía nuclear o establecer regulaciones en el tipo de combustible que pueden usar coches y camiones, así como restricciones a su circulación.

Este tipo de medidas han logrado reducir algo las emisiones, pero no son suficientes. Los especialistas insisten en que un esquema impositivo global sería mucho más eficaz, pero como apunta Plumer, es una medida mucho más costosa políticamente.

“Si bien las regulaciones gubernamentales a menudo son más caras a la hora de reducir las emisiones por tonelada, también tienden a ocultar sus coste los votantes y, por lo tanto, son una apuesta política más segura”, explica el periodista de The New York Times. “Una política que requiere que las empresas que brindan servicios públicos construyan más energías renovables tiene beneficios visibles (más energía eólica y solar) y costes opacos. Pero un impuesto al carbono que aumenta directamente el precio de la gasolina o la electricidad duele de forma más obvia y, por lo tanto, es más probable que genere oposición”.

Teresa Ribera y Pedro Duque
Teresa Ribera y Pedro Duque durante su acto sobre el informe del IPCC / EUROPA PRESS

Hay ejemplos claros de esto. En 2012 el Gobierno australiano estableció un programa fiscal que ponía un precio de 23 dólares por tonelada de dióxido de carbono emitido a la atmósfera. Gracias a este se redujeron enormemente las emisiones, pero hubo una enorme presión de los lobbies de la industria y los particulares, que no querían pagar más por la gasolina. En 2013 llegó al poder el Partido Liberal y eliminó el programa.

Según un informe reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el precio medio de la tonelada de carbono en los países con impuestos de este tipo (42 pertenecientes a esta organización) es de 8 dólares por tonelada. Parece que los 23 dólares de Australia, que duraron solo un año, son un gran paso adelante, pero los expertos insistes en que, en realidad, los impuestos deberían ser mucho más elevados

El informe del IPCC estima que los gobiernos tendrían que imponer precios de carbono efectivos de 135 a 5.500 dólares por tonelada de contaminación por dióxido de carbono si se quiere mantener el calentamiento global por debajo de los 1,5 grados en 2030. Estamos hablando, en el escenario más generoso, de multiplicar la media de impuestos actuales por 17.

En un acto celebrado el pasado lunes para evaluar el informe del IPCC, tanto la ministra de España para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, como el titular de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque, insistieron en la necesidad de tomarse el informe muy en serio. Pero ¿estará su Gobierno o el siguiente que venga dispuesto a subir de verdad los impuestos a las emisiones?

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