Miércoles, 13.11.2019 - 15:25 h
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La verdadera razón por la que se trabaja tanto en consultorías y bufetes

El exceso de trabajo crónico es malo para nuestra salud, pero es la norma en bancos de inversión, consultorías y despachos de abogados. ¿Por qué?

Cuando trabajar 12 horas es la norma / Pixabay
Cuando trabajar 12 horas es la norma / Pixabay

En algunos sectores como la abogacía o las finanzas trabajar durante 12 horas al día es lo más normal del mundo. Se da por hecho que los altos sueldos compensan estas palizas, sobre todo en las posiciones de mayor responsabilidad.

Todos sabemos que el exceso de trabajo crónico es malo para nuestra salud mental y física y puede poner en grave peligro la calidad de lo que hacemos, pero la cultura del overworking está tan institucionalizada en algunas profesiones que parece que, si no sales de la oficina más tarde de las ocho de la tarde no estás comprometido con la causa.

Como apunta Laura Empson, profesora de la Cass Business School, en su nuevo libro Leading Professionals (Oxford University Press), se trata además de una costumbre reciente. En los viejos tiempos los trabajadores de los despachos de abogados, los bancos de inversión o las grandes firmas de consultoría trabajaban muy duro al comienzo de su carrera con el objetivo de ser recompensados más adelante, al alcanzar el estatus de socio. La competencia era implacable, asegura Empson, pero una vez que se alcanzaba este escalafón uno podía elegir cuándo y cómo trabajar. Muchos se dedicaban gran parte del tiempo a jugar al golf, pero se daba por hecho que ya habían pagado sus deudas con la organización.

Hoy en día no solo es más difícil llegar a ser asociado en una de estas firmas, además los que llegan trabajan más aún. En las posiciones senior de este tipo de sectores es normal trabajar más de doce horas por sistema.

Laura Empson / Cass Business School
Laura Empson / Cass Business School

Un entorno que potencia la inseguridad

En su libro, Empson trata de explicar las razones que han llevado a este tipo de firmas a establecer una cultura en el que el trabajo excesivo es la norma. “Nuestra tendencia a trabajar demasiado y acabar quemados está enmarcada por una combinación compleja de factores que involucran a nuestra profesión, nuestra organización y a nosotros mismos”, apunta en un adelanto del volumen publicado en Harvard Business Review. “Y en el corazón de esto está la inseguridad”.

“Solo vengo aquí y trabajo todo lo que puedo todo el tiempo”, aseguraba a Empson uno de los 500 directivos que han participado en la investigación. “Siento que estoy haciendo un buen trabajo, pero es difícil de medir. Esa es la naturaleza de lo que hacemos: es todo o nada. Y todos tendemos a ser personas tan inseguras que tenemos miedo todo el tiempo”.

La investigadora asegura haber encontrado un patrón entre los directivos que pasan su vida en la oficina. “La inseguridad del profesional está enraizada en la intangibilidad inherente en los trabajados de conocimiento”, explica Empson. “¿Cómo puedes convencer a tu cliente de que sabes algo que vale la pena y justifica las altas tarifas que cobras? La inseguridad causada por esta intangibilidad se ve agravada por el riguroso sistema de promoción ‘ascendente o descendente’ perpetrado por las organizaciones profesionales de élite, que convierte a los colegas en competidores. ¿Cómo convences a tu jefe de que vales más que tu colega más cercano? No hay posibilidad de que un profesional se duerma en los laureles, o incluso descanse”.

Empson asegura, además, que los departamentos de recursos humanos apuestan por este tipo de empleados, conocidos como “inseguros sobresalientes”, esto es, personas extremadamente talentosas y ambiciosas, pero que viven impulsadas por un profundo sentido de ineficiencia, lo que los lleva a trabajar a destajo.

“Mi teoría es que las personas que mejor mantienen las relaciones con clientes en nuestra firma son inseguras”, aseguraba a la investigadora el presidente de una consultoría. “Están tan empeñados en hacer que sus clientes se sientan bien con ellos que trabajan horas extras. Los clientes sienten su pasión y responden a eso”.

Fuerte control y cero respeto por los horarios

La búsqueda de perfiles inseguros no es la única herramienta que utilizan estas empresas para que sus empleados trabajen mucho más de lo que deberían: también potencian una cultura corporativa con un profundo control social. Muchos profesionales se refieren a sus empresas como “familias”, pero también como “sectas”, pero, curiosamente, no lo ven como algo negativo. Se crea un ambiente en el que los trabajadores se pasan todo el día juntos y al abandonar la oficina se van a cenar de la mano a un restaurante caro.

Paradójicamente, explica Empson, los profesionales siguen creyendo que tienen autonomía y que si trabajan más horas de las que figuran en su contrato es porque ellos quieren: “No culpan a sus organizaciones, que después de todo han invertido en iniciativas de conciliación y programas de bienestar. En cambio, se culpan por ser inadecuados. Sus colegas parecen llevarlo bien, y lo toman como una prueba más de su propia insuficiencia. No hablan honestamente con sus colegas sobre sus problemas, perpetuando así el mito del profesional invencible, que alienta a sus compañeros a sentirse inadecuados. Si sufren agotamiento, creen que es su culpa. La empresa y sus directivos están exentos de responsabilidad, por lo que no hay cambios fundamentales”.

Es la pescadilla que se muerde la cola. “En el momento en que los trabajadores inseguros se convierten en líderes de sus organizaciones, inconscientemente replican los sistemas de control social y el exceso de trabajo que ayudaron a crearlos”, explica la investigadora.

Empson asegura que solo es posible cambiar esta cultura tóxica si los socios inseguros despiertan de su engaño y se dan cuenta de que no hay ninguna necesidad de trabajar tanto. “Trabaja largas horas excepcionalmente cuando lo necesitas o lo desees, pero hazlo conscientemente, en períodos de tiempo específicos y para lograr objetivos específicos”, apunta la investigadora. “No permitas que se convierta en un hábito porque has olvidado cómo trabajar o vivir de otra manera”.

“Si eres un líder, tienes una responsabilidad no solo con tu empresa sino también con las personas que trabajan en ella”, concluye Empson. “Ayuda a tus colegas a alcanzar su máximo potencial, pero no permitas que se exacerben y exploten sus inseguridades. Y recuerda que tu último "deber de cuidado es para ti mismo”.

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