Sábado, 18.08.2018 - 21:40 h
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Las aerolíneas estudian cómo acabar con el ‘jet lag’ en sus vuelos de hasta 19 horas

El abaratamiento del combustible y la llegada de nuevos modelos de aviones hace que los vuelos ultralargos vuelvan a ser rentables. Pero no sanos.

El nuevo Airbus 787-9 de la aerolínea Qantas, que permite realizar vuelos ultralargos / Qantas
El nuevo Airbus 787-9 de la aerolínea Qantas, que permite realizar vuelos ultralargos / Qantas

Aunque técnicamente es posible realizar vuelos sin paradas de punta a punta del planeta, las aerolíneas habían dejado de estudiar esta posibilidad debido a lo costoso que era: en los viajes más largos las aeronaves necesitan quemar combustible sólo para llevar el peso del combustible extra. Esto unido a los gastos adicionales de tripulación, comida y bebida convertían estos viajes en opciones poco rentables.

Pero de un tiempo a esta parte, entre el abaratamiento del combustible y la llegada de nuevos modelos de aviones como el Airbus A350 y el Boeing 787 que consumen hasta un 20 % menos, las compañías están apostando de nuevo por alargar los trayectos.

El pasado año la aerolínea Qatar Airways completó el que es actualmente el vuelo comercial más largo del mundo: la ruta entre Doha (Quatar) y Auckland (Nueva Zelanda). Se trata de un trayecto que ronda las 17 horas, aunque se ha llegado a realizar en casi 16. Otras compañías como Qantas Airways, United Airlines o Etihad Airways tienen vuelos de similar duración, entre San Francisco y Singapur, Dallas y Sidney, y Abu Dhabi y Los Ángeles, respectivamente.

Infografía aerolíneas
 

Durante casi una década, la ruta más larga del mundo fue la que operaba Singapore Air entre Singapur y Nueva York (15.344 km). El vuelo, que tenía una duración de entre 18 y 19 horas, requería 222.000 litros de combustible, diez veces el peso de los pasajeros, y una tripulación de 20 personas, que trabajaban en turnos. En 2013 se cancelaron las rutas, pues no resultaban rentables. Pero este año la aerolínea planea retomar el vuelo, gracias a la llegada del nuevo Airbus, que a buen seguro permitirá a otras empresas apostar por este tipo de trayectos.

Simular en los aviones distintos horarios

Aunque este tipo de vuelos ultralargos acortan la duración total de los viajes, presentan un gran problema: el jet lag. Además del habitual insomnio, la fatiga y las diarreas, los viajes de tan larga distancia aumentan el riesgo de una variedad de problemas que incluyen depresión y obesidad. Y es algo que las aerolíneas buscan reducir para que los clientes no eviten este tipo de trayectos.

Qantas Airways comenzará a operar el primer servicio sin escalas entre Australia y Europa en marzo, y está trabajando con científicos en Sídney para limitar el impacto de sus vuelos en la salud de los pasajeros.
Según explica a Bloomberg Steve Simpson, encargado de la investigación promovida por Qantas y director académico del Charles Perkins Centre, el reloj circadiano, el mecanismo encargado de controlar nuestros ritmos biológicos, solo puede restablecerse durante, aproximadamente, 90 minutos al día, incluso en las condiciones adecuadas. “Una dosis inoportuna de sol o un bocadillo mal elegido en la hora incorrecta pueden significar días de sufrimiento”, asegura.

Aunque, como explica Simpson, es imposible acabar con el jet lag, este puede amortiguarse si el viaje te empuja de la forma más rápida y menos dolorosa posible a la franja horaria del destino. El equipo de psicólogos, nutricionistas y expertos en medicina del sueño que trabajan bajo la dirección de Simpson está estudiando configurar la tonalidad y la intensidad de las luces de cabina para simular el amanecer y el atardecer, servir comidas especialmente diseñadas para adormecer o espabilar a los pasajeros, y regular la temperatura, dependiendo de la hora del destino.

Una gran inversión para un negocio que podría ser muy rentable

Aunque la rentabilidad de este tipo de trayectos sigue dependiendo en gran medida del precio del petróleo, las aerolíneas creen que con los nuevos aviones podrán atraer más pasajeros dispuestos a pagar por el ahorro de tiempo viajando, claro está, en primera clase. Pero, pese a las comodidades de la business class, para que estos trayectos tengan éxito sigue siendo fundamental reducir el impacto de los vuelos sobre la salud y el bienestar de los pasajeros.

Hay mucho dinero en juego. Como informa Bloomberg, la aerolínea australiana ha comprado ya ocho Boeing 787-9 y planea adquirir otros 45: una inversión total de 15.000 millones de dólares. Sus planes son ambiciosos: ha pedido a Airbus y Boeing que piensen en construir un avión para 2022 que sea capaz de realizar el trayecto de 20 horas que separa Sydney y Londres.

No es la única compañía que parece volver a apostar por este tipo de trayectos. Singapore Air ha reservado ya siete Airbus 540-900s para sus vuelos más largos, y cada uno cuesta 317 millones de dólares.

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