Martes, 19.03.2019 - 17:57 h
¿A qué están jugando nuestros hijos?

Las 'apps' para niños están repletas de anuncios presumiblemente ilegales

Un estudio asegura que el 95 % de las aplicaciones para móvil destinadas a niños de cinco años o menos tiene publicidad, mucha engañosa

El juego de Masha y el oso ha sido uno de los señalados.
El juego de Masha y el oso ha sido uno de los señalados.

Es una práctica tan habitual como socorrida. Si el niño no se calla le alcanzamos el móvil para que se entretenga con una de las cientos de apps disponibles para público infantil. Son juegos de sus series de animación favoritas, con retos supuestamente educativos, que les mantienen entretenidos y, por tanto, en calma.

Pero lo que los padres no tienen en cuenta es que mientras los pequeños aprenden a leer y sumar o disfrutan de aventuras virtuales se están tragando una enorme cantidad de anuncios.

Así lo asegura al menos un nuevo estudio de la Universidad de Michigan, publicado en el Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics, que asegura que el 95 % de las aplicaciones para móvil destinadas a niños de cinco años o menos tienen al menos algún tipo de publicidad, en su mayor parte ilícita bajo las leyes de la mayor parte del mundo desarrollado.

Los investigadores, que han analizado a fondo 135 aplicaciones destinadas a niños, han observado que los juegos se interrumpen frecuentemente por anuncios en vídeo, que animan a hacer compras dentro de la aplicación para mejorar la experiencia de juego, y banners que distraen, engañan y no siempre son apropiados para el rango de edad al que está destinada la aplicación.

Como explica en The New York Times la pediatra Jenny Radesky, autora principal del estudio, durante la investigación dejó a su hijo que jugara con una de las aplicaciones estudiadas, basada en Masha y el Oso, una popular serie de animación rusa. Entonces vio como, en mitad del juego, aparecía “una versión de dibujos animados realmente espeluznante de Donald Trump que intentaba resistirse al presionar un gran botón nuclear rojo”.

“Mi hijo se molestó con la caricatura y decía: ‘¿Espera, realmente Trump tiene un botón como ese en su oficina? "Y yo pensé: 'Oh, bien, ahora necesito explicarle esto'”.

Google Play está repleto de juegos para niños.
Google Play está repleto de juegos para niños.

Los niños no distinguen la publicidad del juego

Aunque se identificaron algunos contenidos inapropiados, lo que más preocupa a los investigadores es la continua exposición de los niños a la publicidad.

“Nuestros hallazgos muestran que el mercado de aplicaciones para la primera infancia es un salvaje oeste, con muchas apps que parecen estar más enfocadas en ganar dinero que en la experiencia de juego de los niños”, asegura Radesky en la nota de presentación del estudio. “Esto tiene implicaciones importantes para la regulación de la publicidad, la ética del diseño de aplicaciones infantiles, así como la forma en que los padres perciben qué aplicaciones infantiles vale la pena descargar”.

Los vídeos publicitarios que interrumpen el juego y las compras dentro de la aplicación son prevalentes en más de un tercio de las aplicaciones analizadas. Esto es especialmente preocupante, dado que investigaciones anteriores muestran que los niños de 8 años o menos no pueden distinguir qué es publicidad qué no.

“Las influencias comerciales pueden tener un impacto negativo en el juego y la creatividad de los niños”, asegura Radesky. “La publicidad digital es más personalizada, bajo demanda y está integrada en dispositivos móviles interactivos, y los niños pueden pensar que es solo una parte del juego”.

Las aplicaciones tampoco se cortan a la hora de obtener la información habitual de todo tipo de apps. De las 135 aplicaciones analizadas, 17 solicitaron permiso para utilizar el teléfono, 11 para el uso del micrófono, nueve pidieron permiso para utilizar cámara y seis para conocer la ubicación del usuario.

Las aventuras de Olaf, una de las apps denunciadas.
Las aventuras de Olaf, una de las apps denunciadas.

Una petición para que se persigan estas prácticas

La Ley General de Publicidad de España prohíbe desde 1988 “la publicidad dirigida a menores que les incite a la compra de un bien o de un servicio, explotando su inexperiencia o credulidad, o en la que aparezcan persuadiendo de la compra a padres o tutores”.

En Estados Unidos, desde 1971 está prohibido que los personajes infantiles presionen a los niños para que realicen compras, algo que también es rechazable según el Código de Autorregulación de la Publicidad Infantil de Juguetes de España.

Los resultados del estudio han llevado a que más de una docena de organizaciones de defensa de la salud de los niños envíen una carta a la Federal Trade Commission –el organismo encargado de regular la publicidad en EEUU– solicitando una investigación.

La carta da ejemplos específicos del tipo de publicidad que se encuentran los niños, incluso en aplicaciones de grandes de la industria. Por ejemplo, en 'Las aventuras de Olaf', una 'app' de Disney muy descargada (también disponible en español), al hacer clic en un pastel brillante que no está marcado como un anuncio vas directamente a una tienda, donde los niños pueden comprar todo tipo de 'upgrades' para el juego.

La carta exige que se realice una investigación exhaustiva sobre todas las 'apps' diseñadas para niños y se haga a los desarrolladores responsables de sus prácticas.

En 'The New York Times', Jeff Chester, director ejecutivo de la ONG Center for Digital Democracy, pide en concreto a Google que tome cartas en el asunto y no permita que las aplicaciones con este tipo de publicidad se comercialicen en el 'marketplace' de Android.

En un comunicado enviado al periódico estadounidense, un portavoz de Google asegura que las aplicaciones para niños deben cumplir con unos requisitos más estrictos, pero estos no impiden que haya anuncios o compras dentro de la aplicación, algo que, asegura la compañía, los padres conocen antes de descargar la 'app'.

La doctora Radesky espera no obstante que el estudio lleve a los padres a hacerse más preguntas sobre los juegos que utilizan sus hijos. Y espera que su investigación conduzca a una mayor regulación, aunque sospecha que será una batalla ardua.

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