Lunes, 25.03.2019 - 07:43 h
Se niega a desaparecer

Las razones por las que millones de personas siguen usando el fax a diario

El fax, un invento patentado en el siglo XIX, parecía superado desde hace al menos una década, pero se sigue utilizando en muchas oficinas

El fax sigue utilizándose en algunos sectores. / Pixabay
El fax sigue utilizándose en algunos sectores. / Pixabay

La mayoría de nosotros pensamos que el fax, esa fotocopiadora-teléfono que se encontraba en las oficinas de todo el mundo, había desaparecido por completo. Pero basta fijarse en las firmas de los correos electrónicos para observar que siguen existiendo numerosos números de fax, esos que si marcas por error te harán escuchar el soniquete prehistórico que recuerda a los primeros días del internet.

Pese a que el fax parecía superado desde hace al menos una década, millones de personas en todo el mundo siguen utilizándolo a diario, ya sea empleando antiguas máquinas, impresoras multifunción u ordenadores que cumplen la función de fax. Y no lo hacen solo porque no quieran abrazar los nuevos tiempos, sino porque, como explica en 'The Conversation' Jonathan Coopersmith, profesor de historia de la Texas A&M University, en muchos casos mandar un fax es más seguro, más fácil y más cómodo que enviar un correo electrónico.

Aunque en España el fax se utiliza ya de forma muy residual, sigue tremendamente vivo en Japón, Alemania y amplios sectores de la economía estadounidense, como la sanidad o los servicios financieros. Y lo más curioso de todo es que su uso ni siquiera está disminuyendo.

Una encuesta realizada en 2017 en la que se preguntó por el uso del fax a 200 grandes empresas llegaba a la conclusión de que en el 82 por ciento los trabajadores enviaron la misma cantidad o incluso más faxes ese año que en 2016.

¿Por qué seguir usando el fax?

Como apunta Coopersmith, una de las razones por las que el fax se sigue utilizando en muchos sectores se debe al rechazo, tanto legal como social, de aceptar los correos electrónicos como seguros y una firma por correo electrónico como válida.

Las firmas enviadas por fax se aceptaron legalmente a fines de los años 80 y principios de los 90 en una serie de decisiones legales y administrativas en los juzgados de todo el mundo. Hoy existe la firma electrónica, pero de momento utilizarla es más engorroso (al menos hasta que se comienza a emplear) que firmar un contrato a mano y mandarlo por fax. A nivel administrativo, un mail sin firma electrónica no sirve de nada. Un fax, por el contrario, tiene valor de prueba legal.

Esta es la razón por la que en España se sigue utilizando el servicio de burofax de Correos para enviar modificaciones y finalizaciones de contratos, reclamaciones, escritos en cuestiones legales familiares, herencias, apercibimientos... En definitiva, toda notificación que queramos que quede por escrito y con constancia legal.

En EEUU muchas oficinas siguen usando el fax.
 

Su uso también está muy extendido en los sistemas sanitarios. Aunque poco a poco se van digitalizando las historias médicas, muchos hospitales y servicios de salud siguen teniendo sistemas incompatibles y, en muchos casos, la forma más cómoda de mandar información de forma segura sobre un paciente es utilizar el fax.

Otra razón por la que se sigue utilizando el fax, sobre todo en Japón, es que permite el envío de notas manuscritas, que en Occidente ya nadie utiliza, pero los nipones siguen defendiendo, pues les permite usar el alfabeto tradicional, algo muy atractivo para los negocios que se siguen apoyando en la formalidad de la tradición lingüística.

En muchos casos los faxes se mantienen, también, por razones de seguridad. Todas las instituciones públicas (ministerios, comisarías, juzgados, consejerías...) siguen teniendo números de fax operativos, aunque apenas se usan, porque, en caso de un problema con la conexión a internet o un ciberataque, el fax seguiría funcionando.

La resistencia al cambio

Aunque bien es cierto que el fax tiene algunas ventajas sobre el correo electrónico, en la actualidad no hay nada que haga este aparato que no se pueda hacer con un ordenador y una conexión a Internet. La gran razón por la que no desaparece es, sencillamente, que sigue funcionando para determinadas tareas, que ciertos sectores no ven necesidad de cambiar.

“Las pequeñas empresas para las que el fax cumple con todas sus necesidades tienen pocas razones para gastar dinero y esfuerzo en probar una nueva tecnología para el intercambio de documentos”, explica Coopersmith. “Cada empresa que prefiere los faxes alienta intrínsecamente a todos sus clientes y proveedores a que también sigan enviando faxes, para evitar alterar los procesos de pedido existentes”.

La realidad es que, en ausencia de una mayor comodidad –que no la da en muchos casos el correo electrónico–, si no hay una obligación administrativa o gubernamental para cambiar de tecnología, a menudo las personas prefieren no cambiarla.

“Con el tiempo, la generación anterior de personas que se manejan de forma más cómoda con los faxes que con los correos electrónicos se desvanecerá”, concluye Coopersmith. “Hasta entonces, sin embargo, las máquinas de fax seguirán funcionando”.

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