Miércoles, 15.08.2018 - 12:36 h
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Lo peor que puedes hacer para tratar de dejar un mal hábito en el trabajo

Los últimos estudios alertan de que prohibir y sancionar conductas como el abuso del Whatsapp en horario laboral no sirve para erradicar el problema.

Cuando entramos en una espiral negativa en el trabajo podemos acabar odiando nuestra vida / Pixabay
Cuando entramos en una espiral negativa en el trabajo podemos acabar mal / Pixabay

En un extremo de la mesa, uno teclea mecánicamente en el ordenador. Otro informe, otro artículo, otra base de datos. Da lo mismo el contexto laboral, porque en todos los casos suele suceder lo mismo: primero, se dirige una mirada furtiva al smartphone, convenientemente colocado lejos del radio de alcance de las manos; un instante después, se desbloquea la pantalla para consultar la hora; al final, pasan escasos minutos hasta que se abre el Whatsapp para contestar al grupo de las pachangas de fútbol de los domingos, al del regalo de cumpleaños para un amigo, a tu pareja...

En total, el último estudio hecho público por Phone House en 2014 señala que en España se pierden 13 jornadas laborables al año por culpa del tiempo que los trabajadores pasan enganchados a los servicios de mensajería instantánea. Un problema que afecta gravemente a un 42 % de los españoles, quienes no pasan ni una sola hora sin consultar los mensajes de su móvil, mientras que un 32 % directamente no puede siquiera aguantar más de 15 minutos sin abrir su app de mensajería.

La paradoja del oso polar de Tolstoi

Se trata de un caso más de nomofobia, la cual describe las adicciones obsesivas relacionadas con el uso abusivo del smartphone, y supone uno de los peores hábitos en el lugar de trabajo en la actualidad. De hecho, ya hay empresas que prohíben expresamente el uso de este tipo de servicios de mensajería en el lugar de trabajo, por la considerable pérdida de tiempo (y de capacidad de producción) que supone para el empleado. Además, lo que se escribe en un grupo de Whatsapp del trabajo puede ser usado en contra del trabajador si un compañero decidiese hacerlo público e, incluso, costarle el despido. Pero, sabiendo todo esto, ¿por qué es tan difícil abandonar este hábito?

León Tolstoi en 1908, en la primera fotografía a color que se hizo en Rusia.
León Tolstoi en 1908, en la primera fotografía a color que se hizo en Rusia.

Según lo que cuenta Robin Bailey, profesor de Terapias Psicológicas de Universidad Central de Lancashire, en The Conversation, por el mismo motivo por el que el escritor León Tolstoi se pasaba horas sin poder moverse del sitio cuando su hermano le castigaba con la siguiente frase: “Quédate en el rincón hasta que dejes de pensar en un oso polar”. Se trata de la paradoja de los pensamientos obsesivos, que el psicólogo Daniel Wegner llamó en 1987 mecanismo de control mental irónico bimodal; que viene a significar que cuando a alguien se le ordena que piense en cualquier cosa, real o ficticia, que sea capaz de imaginar, excepto en una de esas infinitas posibilidades, su cerebro es incapaz de pensar en otra cosa.

“Hagas lo que hagas, no hagas nada”

“Dado que a menudo la gente usa la supresión de un pensamiento para intentar dejar malos hábitos como el fumar o el comer demasiado, se puede comprobar por qué puede ser un problema”, argumenta Bailey, quien destaca que los últimos estudios relacionados con adicciones tales como el chocolate, el alcohol o el deseo sexual incontrolado señalan que cualquier terapia basada en la supresión de un pensamiento es prácticamente inefectiva.

“A pesar de la ineficacia de suprimir los pensamientos, la mayoría de las personas lo siguen usando cuando intentan dejar un mal hábito o, al menos, mantenerlo bajo control. Entonces, ¿cuál es la alternativa? La mejor respuesta es no usar esta técnica. Acepta que suprimir pensamientos es contraproducente. No sólo conduce a más pensamientos sobre lo prohibido, sino que también hace que lo anheles aún más, y puede llevar a estados de ánimo negativos”, sostiene el autor, quien resume esta irresoluble problemática con ironía epicúrea: “Hagas lo que hagas, no hagas nada”.

Lo peor que puedes hacer para tratar de dejar un mal hábito en el trabajo

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