Lunes, 17.06.2019 - 15:47 h
Una vida sin excesos

El misterio del millonario ermitaño que ahorró 2,4 millones de euros para nada

Eugene Brown murió en su casa sin que nadie supiese que poseía una fortuna. Una investigación tras su fallecimiento desveló cómo generó su riqueza.

El misterio del millonario ermitaño que ahorró 2,4 millones de euros
Brown no dejó testamento pero tenía libretas con toda su contabilidad escrita a mano.

Tras cinco días sin que sus vecinos le vieran salir a su puerta a recibir su correo, algo que hacía cada jornada, la Policía encontró el cuerpo de Eugene Brown junto a un charco de sangre. La autopsia determinó que murió por un derrame cerebral tras una desagradable caída. Su caso no parecía del todo extraño, un hombre sin descendencia ni personas cercanas que había muerto solo en casa. La vivienda no era excesivamente grande y no tenía apenas decoración, lo que parecía evidenciar la vida de un hombre sin muchos recursos. Sin embargo, cuando llegaron a uno de los dormitorios descubrieron un archivador con facturas bancarias: Brown era tremendamente rico y acumulaba una fortuna de más de 2,4 millones de euros.

Como Eugene Brown, algunas personas mayores en Estados Unidos mueren de forma silenciosa. Ante esta situación, en el país tienen un departamento policial especializado que investiga un poco más sobre la vida de estas personas, como explican en 'Blomberg', y tratan de encontrar posibles herederos. Este caso fue especialmente complejo porque su protagonista no había tenido descendientes, ni una gran vida social, ya que en sus últimos años apenas salió de su casa. 

El origen de la fortuna era todo un misterio para los dos agentes que se encargaron del caso porque los trabajos que había ejercido Brown no reportaban grandes beneficios. Había trabajado primero como proveedor de alimentos y más tarde en la Marina Mercante. Pese a ello, teniendo en cuenta el valor de su vivienda, su antiguo coche, sus inversiones y sus cuentas de ahorro, acumulaba 2,7 millones de dólares (más de 2,4 millones de euros). 

No tenía testamento, pero sí tenía libretas con toda su contabilidad escrita a mano. En ellas, especificaba todas las entradas de ingresos y sus movimientos en los valores de varios fondos, tenía participaciones en hasta tres fondos diferentes. Tras investigar estas inversiones, las autoridades descubrieron que eran el origen de la fortuna.

Contactaron con un gestor de fondos que afirmaba que hablaba a diario con Brown, "antes de que abriera la Bolsa de Nueva York y por la tarde, después de que cerrara", tal y como relataron los agentes. Pese a que las llamadas eran diarias, el asesor apenas conocía nada sobre su vida e ignoraba si tenía descendientes. Sin embargo, sí indicó que Brown hubiese querido que su fortuna fuese destinada a una organización benéfica católica. 

En efecto, los agentes encontraron entre los objetos de Brown un folleto de una organización católica titulado 'Ejerciendo su voluntad: guía de un buen administrador'. Estaba completado y fechado cuatro días antes de su muerte, pero no pudo llegar a entregarlo.

'Cazadores de fortunas'

De forma paralela al departamento de policía que investiga el origen de estas personas, muchos despachos de abogados realizan una labor similar para encontrar a los descendientes, pero con otro objetivo: llegar los primeros a los posibles familiares para convencerles de que reclamen y llevarles el caso a cambio de un porcentaje de la herencia. 

Estos 'cazadores de fortunas' suelen generar muchas dudas: contactan con familiares demasiado lejanos y estos piensan que se trata de algún tipo de estafa. Igualmente, las empresas que se dedican a este negocio no suelen ofrecer muchos datos en un principio y, sobre todo, tratan de no verbalizar la cifra de la herencia que estaría en juego hasta que están convencidos de que van a reclamarla a través de sus servicios. De lo contrario, podrían desvelar un potencial negocio a la competencia.

En el caso de Brown, tras varias investigaciones, contactaron con sus sobrinos, cuatro hijos que había tenido una de sus hermanas, pero con los que no tenía relación. Dos de ellos aceptaron reclamar. Lo hicieron tarde, cuando los agentes ya habían descubierto la voluntad del fallecido de destinar la fortuna a una organización católica, pero consiguieron una parte de la herencia. Los dos sobrinos que reclamaron su parte finalmente se llevaron casi 350.000 euros cada uno

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