Domingo, 21.10.2018 - 08:45 h
Nos ponen en evidencia

Por qué la gente trabajadora, simpática y generosa no está bien vista en la oficina

Un nuevo estudio apunta que atacamos a las personas generosas, especialmente si creemos que su buena disposición nos hace quedar mal en el trabajo

La gente que nos hace quedar mal no nos gusta / Pexels
La gente que nos hace quedar mal no nos gusta / Pexels

La generosidad y simpatía se suelen citar como cualidades importantes en un entorno de trabajo, pero lo cierto es que no siempre se premian e, incluso, pueden acarrear a su portador un castigo social.

“La mayoría de las veces nos gustan las personas que cooperan, los tipos buenos”, explica Pat Barclay, profesor de psicología de la Universidad de Guelph. “Nos gusta cuando los malos reciben su merecido y cuando los que no cooperan son castigados. Pero algunas veces, los cooperantes son los que reciben el castigo. La gente odia a las personas realmente buenas. Este patrón se ha encontrado en todas las culturas en las que se ha examinado”.

Como apunta Barclay, a algunas personas les gusta poner en entredicho a las personas generosas, especialmente si creen que su buena disposición les hace quedar mal a ellos en el trabajo o cualquier otra organización.

El profesor ha dirigido un nuevo estudio, publicado en la revista Psychological Science, en el que explora en qué circunstancias las personas se pueden volver en contra de comportamientos que generalmente consideraríamos positivos.

Cuando la cooperación es castigada

La investigación apunta que el comportamiento cooperativo atrae el castigo más a menudo en los grupos cuyos miembros compiten entre sí. En los entornos altamente competitivos, se sigue mortificando a las personas generosas, pese a que esto disminuye los beneficios para todo el grupo, incluido quien ataca a estos perfiles.

Según explica Barclay en la nota de presentación del estudio, ser celoso, desconfiando o abiertamente hostil hacia aquellos que parecen mejores, más bondadosos o más santos que nosotros, parece ser un comportamiento bien arraigado en la composición psicológica de los humanos.

Empleados de una oficina
Ambientes de una oficina de Google.

La evidencia antropológica de sociedades igualitarias de cazadores-recolectores sugiere que un fenómeno social similar impidió que los cazadores más diestros dominaran el grupo, asegura el psicólogo.

“Muchas de estas sociedades defienden su igualdad de condiciones al derrocar a alguien que potencialmente podría dominar las cosas sobre todos los demás”, explica Barclay. “Es fácil imaginar una actitud parecida en las organizaciones actuales, ‘Oye, estás trabajando demasiado y eso nos hace al resto quedar mal’. En algunas organizaciones, hay personas conocidas por vigilar cuán duro trabajan los demás, para asegurarse de que nadie esté elevando el listón de lo que se espera”.

Por qué odiamos a los ecologistas

Esta actitud se extiende a todos los ámbitos de la vida, y es por lo que también molesta a muchas personas, por ejemplo, la gente demasiado concienciada por el medioambiente. Las personas que no han reciclado en su vida –ni piensan hacerlo– prefieren atacar a los ecologistas o al Ayuntamiento, que aceptar que su comportamiento no es correcto. No en vano, están viendo como es atacada su reputación.

“Es una forma de derribar a esas personas y evitar que se vean mejor que uno mismo en sus intentos de proteger el medio ambiente o abordar la desigualdad social”, concluye Barclay. “Un posible beneficio de esta investigación es que al identificar y crear conciencia sobre esta estrategia social competitiva y lo que hace, tal vez sea menos probable que

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