Martes, 26.03.2019 - 10:13 h
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Privacidad vs. comodidad: por qué es mejor usar SMS que el WhatsApp

La abogada Paloma Llaneza no tiene WhatsApp, Facebook, ni Instagram, y asegura que todos deberíamos hacer lo mismo.

Paloma Llaneza durante una de sus charlas. /  Javier Pedreira
Paloma Llaneza durante una de sus charlas. / Javier Pedreira

La privacidad es una de las preocupaciones fundamentales de nuestro tiempo, pero da la impresión de que, pese a todo lo que se ha hablado de la forma en que las empresas utilizan los datos personales de sus clientes, seguimos sin ser plenamente conscientes del nuevo mundo en el que vivimos.

La abogada Paloma Llaneza, consultora de seguridad y auditora de sistemas, tiene claro hasta qué punto las empresas utilizan los datos de formas que pueden ser peligrosas para los ciudadanos. Pero es nuestra responsabilidad dejarles en bandeja el control de nuestras vidas.

Este es el leimotiv de su nuevo libro 'Datanomics', que trata de explicar cómo se usan los datos que nos rodean: los que damos, los que generamos con nuestra vida, los que facilitamos voluntariamente en algún momento, los que dejamos sin saberlo y los que se infieren de ellos.

Charlamos con ella sobre todas estas cuestiones pero, avisamos, puede que después de leer esto quieras lanzar tu móvil por la ventana.

En los últimos años se han filtrado cientos de informaciones que constatan la forma espuria en que las compañías han usado nuestros datos personales, pero da la impresión de que mucha gente se resigna a tener privacidad a cambio de comodidad. Al fin y al cabo, si no tengo nada que ocultar, qué más da que tengan mis datos. Pero ¿da igual?

Creo que para tomar decisiones se habla mucho de libre albedrio, pero primero hay que tener un menú lo más amplio posible y la mayor información posible. Cuando la gente dice que no tiene nada que ocultar es como cuando un adolescente le dice a su madre “déjame en paz, que yo sé lo que hago”. Es la manera de decir “mira, estoy encantada con estos servicios y preferiría no dejar de usarlos”. En realidad, creo que todos tenemos cosas que ocultar. Generalmente la gente piensa que lo que hay que ocultar tiene una connotación sexual o tiene que ver con tener relaciones extramatrimoniales, en fin, una visión un tanto judeocristiana de lo que es tener algo que ocultar.

Todos tenemos que ocultar un estado de ánimo, una animadversión a otra persona, nuestros miedos, nuestros anhelos; y todos estos hechos que parece que no son importantes son esenciales, porque son los que nos definen como seres humanos, y también como consumidores. Somos susceptibles de comprar cosas, de enfermarnos, de ser mejores o peores en nuestro rendimiento laboral, de ser mejores o peores padres, en definitiva, de ser un tipo de ser humano u otro distinto. Quien crea que no tiene mucho que ocultar es que no se ha analizado mucho últimamente.

¿Qué peligro real acecha a las personas que no se preocupan en absoluto por su privacidad?

La gente cree que genera un dato al subir una foto o comentar un estado de Facebook, y cree que tiene un control sobre lo que sube. Esto es falaz. Nadie controla todo el tiempo todo lo que hace, porque estas máquinas están pensadas para sacar de nosotros la primera relación visceral, no la reacción reflexiva. En segundo lugar, uno no tiene memoria de lo que ha subido en los últimos diez años a las redes sociales, ni de los correos electrónicos que ha mandado, ni los sitios en que ha estado y han quedado mapeados a través de Android. Estoy convencida de que la gente no es consciente ni de que lo que da voluntariamente, si encima un porcentaje altísimo de los datos los generan nuestros dispositivos móviles, las aplicaciones, los sistemas operativos que llevamos incorporados, y los generan de manera invisible…

Hemos dado consentimiento, porque hemos firmado unas condiciones generales, pero en realidad no somos conscientes de todo lo que da un móvil en uso, pero incluso en reposo, sin que estemos interactuando con él. Al no ser conscientes de toda esa cantidad de datos, no somos conscientes de todo lo que las empresas pueden hacer con ellos. Llegados a este punto en realidad cuando te definen no solo te definen a día de hoy, sino que pueden leer tu futuro, pueden ver qué es lo que vas a hacer de aquí a seis meses o un año, que es donde está realmente la riqueza de esos datos: si vas a ser un buen candidato a un seguro médico, si vas a poder pagar una hipoteca… De pronto hemos conseguido hacer dos cosas que el ser humano siempre ha querido: una, saber cómo piensa otro, y con este sistema es cómo tener a alguien dentro de tu cabeza sabiendo lo que piensas, y segundo, leer el futuro. Y con esta acumulación brutal de datos y un buen tratamiento es posible.

¿Hasta qué punto el internet de las cosas va a aumentar esta problemática?

Exponencialmente. No solo a nivel de privacidad, también de seguridad. El internet de las cosas es un salto cuántico hacia el caos absoluto. El internet de las cosas no solo sensoriza y pone actuadores a elementos del mundo físico, eso ya existía, lo verdaderamente problemático es que los conecten, porque a partir de la conexión de esos elementos es lo que hace que sean un vector de ataque de seguridad, que generen un montón de datos que puedan ser hackeados. De pronto un fabricante tiene el comportamiento agregado de todos sus dispositivos en tiempo real para tomar decisiones. Se me ocurre la posibilidad de que se nos cedan los coches para recoger datos. Un coche dando vueltas por la ciudad no solo sensoriza el medio ambiente, las distancias, las velocidades, sino además toda la vida de los que se montan en el coche. Google en tiempo real puede hacer un cálculo de cuánto vas a costarle a la compañía de seguros si tienes un accidente respecto al del otro coche. Puede saber quién sale más barato que se muera y actuar al respecto. Es un ejemplo no descartado.

Supongo que estás familiarizada con el trabajo de Cathy O'Neil. Ella habla de las armas de destrucción matemática, esto es, la forma en que se usan los datos para justificar decisiones injustas, que nada tienen que ver con la ciencia real. ¿Estás de acuerdo con su planteamiento?

Su libro es interesantísimo. Lo que creo es que quien encarga un modelo matemático lo encarga para una finalidad determinada. A partir de ahí pueden estar mejor o peor programado. Ella no habla de algoritmos, habla de modelos matemáticos, que es mucho más preciso, porque el modelo matemático no solo incluye las operaciones matemáticas que te llevan a un resultado, sino también el dataset, los datos que utilizamos. ¿Cómo eliges los datos que cargas? ¿Cómo limpias esa base de datos?

Esto ya te puede dar un resultado totalmente sesgado, con independencia de que el algoritmo sea aparentemente neutro. Estamos ante mecanismos que, aunque no estén diseñado con mala fe, están mal diseñados o mal revisados, porque hace sesgos altos, y luego se produce que como todos estos modelos no son completamente automáticos, porque el modelo te da una probabilidad sobre una persona y siempre hay una decisión humana detrás. Lo que se está demostrando y se ha visto en pruebas en EEUU con el uso de inteligencias artificiales en entornos médicos es que el ser humano tienda a aceptar de manera acrítica el resultado que le da el sistema. Lo suele hacer porque como suelen estar impuestos dentro de una organización, si tu jefe te ha dicho que el sistema va bien, y te han dicho que a partir de un porcentaje no des un crédito o que esa persona no se va a despertar, pues no te vas a plantear más está cuestión.

Personalmente, ¿qué servicios evitas usar? ¿Google, Facebook, Alexa?

Nunca un Alexa, eso clarísimo. Todos los dispositivos están en escucha activa y es como sentar a un señor de gris en tu casa, con más memoria y acceso a internet y capacidad de conectarse a todo. Prefiero seguir levantándome para apagar una luz, que decir “Alexa apaga la luz” o “Alexa llama al chino”. Puedo entender que alguien que se encuentre impedido pueda necesitar este tipo de dispositivos, pero no están pensados para esto, están pensados para situaciones en las que hagas del asistente personal el centro de tu vida, que tenga acceso a una pluralidad de datos, a toda la ingeniería de la casa y además cualquiera puede activarlo. Ayer me contaban una anécdota de un vecino que daba órdenes a un Alexa desde fuera de casa, y funciona.

Le puedes pedir que suba la música, que encienda la cocina o suba la temperatura de la casa hasta hacerla estallar. Debo ser la única persona de España que no tiene WhatsApp, y ningún producto de Facebook instalado. Minimizo el uso de aplicaciones que llevo en mi móvil, casi solo uso apps profesionales, tengo todos los permisos capados, analizado una por una cada aplicación, no me geoposiciona nunca... Siendo consciente de que dejas un rastro intentas por lo menos dejar el menor rastro posible.

No cabe duda de que mucha gente está enganchada al móvil. / Pexels
No cabe duda de que mucha gente está enganchada al móvil. / Pexels

¿Resulta complicado ser tan cuidadoso?

Somos todos muy cómodos, pero venimos de un mundo en el que había que esperar que llegara un fax o un mensajero. Lo que a mí me simplifica la vida es mucho comparado con cómo era antes cuando tenías que ir al trabajo a leer el correo electrónico, no podías leerlo en casa. No es hace tantos años. Yo ahora no tengo esa dependencia ni la tenemos ninguno. A mí el que quiera contactarme me contacta. Nunca he sido la típica española que ha necesitado tener grupos numerosos, y no es mi carácter ni la manera en que me han educado. A mi WhatsApp me parce una pérdida de tiempo, casi todo lo que circula por Whatsapp es basura que puedes evitar perfectamente. Es información irrelevante o falsa.

Facebook no me aporta nada, no sé qué me va a aportar ver a gente que no veo físicamente, que no me importa nada y que no voy a volver a ver nunca. No necesito Facebook para ver a mis amigos. E Instagram... Pues como no tengo dieciséis años no tengo necesidad de fotografiar los cafés que me tomo continuamente. No me aportan nada más que consumir mi tiempo y dar una falsa sensación de que estoy conectada y tengo muchos amigos. En el análisis de riesgo de usar esas herramientas y ver qué beneficios me dan, si soy objetivo, no me dan casi ninguno. Puedo vivir sin ello y estoy convencida de que la mayor parte de la gente también. No es una cuestión de coste, porque los SMS con casi todas las tarifas de móvil son gratuitos.

Eres una rara avis

Tengo un 'smartphone' y soy un 'early adopter'. Todo lo he probado. Me encanta el 'cacharreo' y he estudiado programación. No soy un abuelo cebolleta, pero creo que la tecnología en sí misma no es sagrada. Veo a mi alrededor gente utilizando tecnología para hacer lo mismo que en la barra del bar diciendo bravatas y metiéndose con la gente. Si eso es hacer un uso de la tecnología que va a colocar a España en el lugar de Silicon Valley que venga Dios y lo vea.

¿Va a servir la nueva ley de protección de datos europea para cambiar algo este panorama?

El reglamento tiene una gran virtud, aunque es muy complicada de aplicar, y es que obliga a todas las empras de fuera a cumplir la normativa con la gente que esté en la Unión Europea, aunque sea de paso. Esto va a permitir no solo mejorar la manera en que los datos de los europeos son tratados, sino que además las empresas van a ser sujetos de sanciones que de momento son pequeñas, pero se les van acumulando y van siendo importantes. Cuando Microsoft era el mal, empezó a tomarse las cosas en serio con grandes sanciones. El tamaño de Microsoft de entonces es minúsculo ante estas grandes empresas, pero el panorama va a cambiar, y ya hay voces críticas en EEUU que piden un cambio legislativo. El panorama va a cambiar. Tengo esperanza que los legisladores que ven este tema con pereza, porque por un lado parece que quieren frenar la innovación y por otro lado no lo entienden y es complicado regular algo que no entienden, vayan dándose cuenta de que no es solo una cuestión de unas empresas extrayendo información para vender publicidad, es otra cosa.

¿Qué consejos das a los usuarios para que se protejan al menos en el nivel más básico de la captación de datos que pueda perjudicarles?

Yo les convencería, primero, de que no tengan asistentes virtuales. Creo que es muy saludable seguir levantándose para apagar la luz, lo digo sinceramente, y los beneficios que te dan no están comparados con los problemas de privacidad y de seguridad que generan. Te puedes convertir en un vector de un ataque de denegación de servicio muy tranquilamente si no tienes protegida la wifi interna de tu casa. Yo los descartaría y creo que es algo que como no está muy introducido en el mercado  la gente se puede quitar porque todavía no se ha hecho adicta. Creo que es importante que minimices el uso de aplicaciones en tu móvil que no tengan sentido: jueguecitos, aplicaciones que no sabes quién ha diseñado, aplicaciones que no sabes para que sirven… Y por supuesto intentar no llevar las aplicaciones de Facebook o Instagram en el móvil. Comprendo que es complicado, sobre todo la de Instagram, pero cuando vas 'logueado' con aplicaciones en el móvil te 'traquean' más. Es mejor acceder desde la web. Por supuesto, tener todos los permisos del móvil restringidos y preguntarte por qué por ejemplo cuando vas a contestar a alguien que ha hecho un comentario en la app de LinkedIn te pide el acceso de tu micrófono. ¿Para qué?

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