Jueves, 21.06.2018 - 04:30 h
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¿Puede la inversión socialmente responsable hacer que cambie el mundo?

Se estima que la inversión de los fondos socialmente responsables se duplique este año, pero aun así no llegará al 1 % del total. ¿Sirven para algo?

Los criterios medioambientales ya no pueden ignorarse / Pixabay
Los criterios medioambientales ya no pueden ignorarse / Pixabay

A la hora de gastar nuestro dinero todos podemos elegir qué productos comprar o en qué acciones invertir. Y cada vez somos más conscientes de las instituciones a las que no queremos dar nuestro dinero: ya sea fabricantes de armas, productores de combustibles fósiles o empresas textiles poco respetuosas con los derechos humanos.

La inversión socialmente responsable (SRI, por sus siglas en inglés) es un concepto que se ha hecho muy popular en los últimos tiempos para referirse a la inversión que no sólo considera la rentabilidad de la actividad que se financia, sino también su impacto social o medioambiental.

Cada vez existen más “fondos responsables” –así se conocen– que aseguran a los inversores que solo se va a poner su dinero en empresas que cumplan determinados criterios. Según señala Juliette Jowit en The Guardian, entre las muchas estimaciones del poder de la inversión privada, la más plausible es que este tipo de inversión alcanza ya el 10 % de los fondos privados administrados en los últimos años.

Los inversores institucionales también se están involucrando: hace dos décadas, aproximadamente 340 millones de euros al año se consideraban inversiones “socialmente responsables”; hoy la cifra asciende a una cantidad de en torno a 26.000 millones.

Parece mucho, pero en realidad es una cantidad diminuta si tenemos en cuenta que, en total, los fondos de inversión manejan aproximadamente 68 billones de euros. Se estima que la inversión de los fondos socialmente responsables se duplique este año, pero aun así no llegará al 1 % del total.

Jowit cree, no obstante, que “a pesar de estar ampliamente eclipsado por la inversión convencional, existe un optimismo considerable sobre el futuro del SRI”.

Los aspectos medioambientales ya no pueden descuidarse / Pixabay
Los aspectos medioambientales ya no pueden descuidarse / Pixabay

Por esto tiene importancia la responsabilidad social corporativa

Se ha hablado largo y tendido de la responsabilidad social corporativa (RSC), una disciplina que, aunque lleva décadas junto a nosotros, se sigue entendiendo como una suerte de fachada, que forma parte del marketing de las empresas, y no como lo que debería ser: una forma de gestión integral de las organizaciones que tenga en cuenta criterios sociales.

Por suerte, cada vez más inversores y consumidores están presionando a las empresas para que tengan buenas prácticas, tanto en lo relativo al medio ambiente, como a los derechos humanos. Y es algo que empieza a impactar en la organización de las empresas.

Según el Observatorio de la Inversión Socialmente Responsable, elaborado por Georgeson y el Club de Excelencia en Sostenibilidad con el patrocinio de Endesa, la inclusión de objetivos extrafinancieros en los esquemas retributivos de los miembros de los consejos de administración es una de las principales demandas de los inversores institucionales extranjeros. En nuestro país, el 82% de las compañías del Ibex 35 tienen incorporados objetivos no financieros en sus políticas de retribución variable para los consejeros ejecutivos y la alta dirección.

La SRI está aumentando no solo por la conciencia social de los inversores, sino también porque cada vez es más rentable. Como apunta en The Guardian la inversora privada Rebecca Hughes, que solo pone su dinero en compañías que cumplen con estrictos criterios de sostenibilidad, el valor de sus fondos ha crecido en un 26 % el último año, una rentabilidad notablemente superior a la de las inversiones convencionales.

Ya nadie puede obviar sus emisiones de gases de efecto invernadero / Pixabay
Ya nadie puede obviar sus emisiones de gases de efecto invernadero / Pixabay

El palo y la zanahoria

Los grupos de consumidores y accionistas han ganado numerosas causas en los últimos años: hay campañas para reducir los envases, el uso de aceite de palma o la emisión de gases de efectos invernadero, y esto tiene un impacto en las empresas que no cuidan su política en materia de RSC.

Aunque algunas de las empresas cuyas acciones más crecieron el último año no son precisamente un ejemplo de responsabilidad –hablamos de tabacaleras, compañías de automóviles o de defensa–, cada vez es más difícil pensar en una estrategia a largo plazo que no tenga en cuenta el impacto social y medioambiental de la actividad.

“Las empresas existentes, en general, desde los fabricantes hasta los medios, están siendo obligadas, por reguladores, inversores y opinión pública, a reconsiderar cómo harán negocios dentro de 10 o 20 años, especialmente con respecto a las emisiones de carbono”, asegura Jowit.

Queda mucho por hacer, pero el panorama parece estar cambiando realmente.

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