Lunes, 14.10.2019 - 23:17 h
La red social tiene un valor infinito

Qué pasará con Facebook cuando nadie quiera usarlo: la lección de Myspace

Por muy grande que uno sea, la historia de internet nos enseña que todo lo que sube cae. Pero aunque las plataformas desparecen, los datos permanecen

Una pintada de 2007. Flickr/CC/Mark Skipper
Una pintada de 2007. Flickr/CC/Mark Skipper

Pese a que Facebook ganó más de 5.000 millones de dólares en el último trimestre, 2018 no ha sido el año de la red social. Envuelta en escándalos de todo tipo no ha habido mes en el que no saltara una noticia sobre filtración de datos –la más grave, la del caso Cambridge Analytica–, los intereses espurios de sus directivos, empezando por su CEO Mark Zuckerberg, o lo pernicioso que resulta la red para la salud mental de sus usuarios. Facebook se encuentra en un estado de crisis constante, y las respuestas de sus ejecutivos a los escándalos terminan convirtiéndose en nuevos escándalos.

Pese a esto, solo hay un detalle que preocupa verdaderamente a los directivos de la red social (y que explica, en parte, algunos de sus movimientos), y es que 2018 es el primer año desde su fundación en el que los usuarios de Facebook han dejado de crecer en Estados Unidos y Canadá, estancándose en los 185 millones.

Teniendo en cuenta que la red está creciendo en otras partes del mundo, no parece que estancarse en 185 millones de usuarios –esto es, el 47 % de toda la población de EEUU y Canadá– sea un drama. Pero Zuckerberg es muy consciente de que este frenazo podría significar el principio del fin de Facebook, máxime teniendo en cuenta que la red empieza a tener problemas para atraer al público joven: este año se espera que la compañía pierda unos 700.000 usuarios con edades comprendidas entre los 13 y los 24 años .

Por muy grande que uno sea, la historia de internet nos enseña que todo lo que sube cae. Y, como explica John Herrman en un interesantísimo artículo publicado en 'The New York Times Magazine', todo apunta a que Facebook tiene un escenario preparado por si la red acaba como el que fue su gran predecesor: Myspace.

¿Qué fue de Myspace?

Eran los albores de internet, y las dimensiones no eran ni siquiera parecidas, pero la historia del declive de Myspace tiene semejanzas a lo que podría estar ocurriendo con Facebook. Esta red social, quizás la primera digna de tal nombre, se fundó en 2003. Poco a poco se fue extendiendo como un lugar en el que compartir fotos y textos con los amigos. Se hizo especialmente popular entre los grupos de música, pues se podían compartir con facilidad canciones e interactuar con otras bandas y seguidores. A mediados de los dos miles no había un solo grupo del mundo que no tuviera Myspace casi como su 'homepage'.

De 2005 a 2008, Myspace fue la red social más visitada en el mundo, sin embargo, otras redes sociales dedicadas a la fotografía como Fotolog empezaron a comerle el pastel. En 2008 Myspace fue sobrepasada por Facebook y desde entonces el número de usuarios no ha parado de bajar.

Pese a esto, Myspace nunca llegó a cerrar. Después de una larga serie de ventas y reubicaciones, se ha reconvertido en un portal de entretenimiento y noticias de poca importancia, propiedad del editor de la revista Meredith, vagamente afiliado a People y Entertainment Weekly.

Pero esto no significa que no siga teniendo valor. Lo importante de Myspace, y la razón por la que se ha vendido y comprado varias veces pese a que nadie se acuerde ya del sitio, son los datos que sigue atesorando. Después de años de rediseños, con varias brechas a la seguridad incluidas, la mayoría de los usuarios de Myspace son incapaces de recuperar la información que en su día vertieron en la red social. A nadie en realidad le importa. Pero ahí sigue. Y vale dinero.

El artista y empresario, Justin Timberlake, durante la presentación de un aplicación de MySpace TV para Panasonic.
Justin Timberlake es propietario de una buena parte de MySpace.

Como explica Herrman, después de alcanzar su mayor popularidad, Myspace sufrió una serie de reinvenciones. News Corp. adquirió Myspace en 2005 por 580 millones de dólares, lo vendió seis años más tarde por 35 millones. El comprador, Specific Media, era una empresa de publicidad en internet. Myspace no dejaba de perder usuarios, pero todavía tenía muchos perfiles (y por tanto, datos) y suficiente tráfico para ganar dinero con los anuncios.

Podría parecer que comprar una red en desuso es un mal negocio, pero no lo fue. A medida que los usuarios perdieron el acceso a sus datos los nuevos propietarios de Myspace pudieron hacer mayor uso de ellos. La empresa matriz de Specific Media, Viant, utilizo la información de Myspace para cruzar datos publicitarios. Cuando en 2016, Time Inc. (la editora de la revista 'Time', entre otras) compro Viant por 87 millones de dólares, la compañía se jactó de que su vasto conjunto de datos, derivado en gran medida de Myspace, ayudaría a la nueva empresa matriz a construir un “conjunto de datos que compita con los líderes de la industria, Facebook y Google”.

Esto fue hace dos años. Todo el mundo pensaba que Myspace no valía nada, pero seguía valiendo mucho. Viant ahora pertenece a Meredith, otra compañía de revistas, que está tratando de venderla una vez más. La pregunta es obvia, si Myspace sigue valiendo sin que nadie la utilice ¿cuál es el verdadero valor de Facebook, que es muchísimo más grande?

Puede que nadie use Facebook, pero nunca desaparecerá

La cantidad y calidad de los datos que ha logrado reunir Facebook durante su existencia no tiene parangón. Todos sus usuarios han estado durante años compartiendo todo tipo de información en la red, y de una forma mucho más sistemática (y, por tanto, fácil de clasificar) que en Myspace.

Facebook atesora perfiles completos de cada usuario que recoge no solo la información que han compartido, sino también los anuncios con los que han interactuado, las empresas que tienen su información de contacto y, en definitiva, todo lo que una empresa que se dedica a vender publicidad desea.

“Esta información es en su mayoría inútil para reconstruir o preservar tu experiencia personal con Facebook”, explica Herrman, “pero proporciona una visión excepcional de lo que podría suceder después de que Facebook muera, así como los preparativos que ya están haciendo. Lo que sobrevive de tu perfil personal de Facebook depende, como siempre, de ti. Pero lo que le sucede a su otro perfil de Facebook, el que Facebook Inc. ha estado utilizando para convertir nuestro tiempo en Facebook en miles de millones de dólares, está fuera de tu alcance”.

Facebook no tiene claro que su red social tenga un gran futuro por delante como tal, por ello está volcando sus esfuerzos en sus otros dos grandes activos que, estos sí, siguen creciendo: Instagram y WhatsApp. Si bien Facebook sigue generando la mayor parte del dinero de la compañía, la transferencia de activos (y de datos) ya ha comenzado. A los usuarios de Instagram se les ha pedido insistentemente que vinculen sus cuentas a Facebook; la información de la cuenta de WhatsApp ya se utiliza, de forma predeterminada, para “mejorar” las “experiencias de productos y anuncios de Facebook” de un usuario. Los anunciantes compran anuncios de Instagram y Facebook con la misma herramienta.

No importa en realidad qué pase con Facebook, su valor es ya incalculable, y está en manos de una empresa que cuenta con las herramientas suficientes para usarlo en otro sitio. “Puede que te olvides de Facebook; podría suceder antes de lo esperado”. Concluye Herrman. “Pero no es probable que él te olvide”.

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