Martes, 12.11.2019 - 16:13 h
El 62,8% no ahorra para su jubilación

El 90% de los 'millennials' no ahorra y tiene en la hucha menos de 2.000 euros

Un reciente estudio apunta que su "cultura financiera es autopercibida como insuficiente y demandan ser asesorados para tomar decisiones de ahorro".

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El 90% de los millennials no ahorran y no tienen en la hucha más de 2.000 euros.

En los últimos años, las becas y prácticas que se estiran hasta los 30 años, la incorporación tardía al mercado laboral y la precariedad generalizada han conformado un panorama pésimo para el bolsillo del 'millennial'. Si a esto le añadimos un cambio en la conciencia colectiva que prioriza lo inmediato o material sobre lo espiritual o los proyectos a largo plazo, es bastante habitual que los nacidos entre 1981 y 1996 tengan menos ahorros que otras generaciones anteriores. De hecho, el 90% de los millennials no tiene capacidad para ahorrar y tampoco tiene en la 'hucha' más de 2.000 euros.

Son algunas de las conclusiones del informe 'Desmitificando a los millennials: actitudes y comportamientos de la generación Y trabajadora frente al ahorro', elaborado por Esade, la Fundación Edad y Vida y con la colaboración del Banco Sabadell. Entre estas conclusiones, destaca también que el 62,8% de los millennials que trabaja no ahorra para la jubilación, el 27% lo ha hecho en el pasado y tan solo el 10% lo hace de manera sistemática, siendo su actitud y comportamiento claves para entender cómo afrontan el ahorro para cuando se retiren.

Actualmente, en España los millennials, también llamados 'generación Y', representan el 18,7% de la población, un porcentaje inferior a la generación X (nacidos entre 1969 y 1981) que alcanza el 26,2%. En el mundo, suponen un 24% de la población frente a los 19,5% de la generación X y al 17% de los 'baby boomers'. No es de extrañar, por tanto, la importancia que tiene el ahorro en casi un cuarto de la población, que además será parte del tejido productivo de la sociedad durante al menos tres décadas.

Entre las causas de esta incapacidad para ahorrar, el informe señala que "los millennials son optimistas por naturaleza, se identifican más como ahorradores que como consumidores y son conscientes de la necesidad de ahorrar para la jubilación. Sin embargo, a pesar de ser una generación con más formación, su cultura financiera es autopercibida como insuficiente y demandan ser asesorados para tomar las decisiones de ahorro e inversión. De hecho, el principal motivo de los que no ahorran no guarda relación con su situación económica, sino que tiene que ver con sus actitudes".

Aversión al riesgo frente a comprensión de las finanzas

El informe señala que "existe lo que se conoce como la aversión al riesgo. La mayoría de la población tiene más aversión a las pérdidas que propensión a las ganancias. [...] Vinculado a ello, existen los efectos de anclaje y disonancia tras la elección. El efecto anclaje es la tendencia a no desviarse de un valor, que, ya sea de forma consciente o inconsciente, actúa como referencia principal en la toma de decisiones, por ejemplo, el precio de un Smartphone de gama alta son 1.000 euros. La disonancia es aquella percepción de un individuo que, tras la elección realizada, cree que podría haber alguna alternativa mejor. Como por ejemplo, tras la compra de un piso, pueden surgir dudas de si se ha adquirido el mejor piso posible".

En este sentido, la experimentación con millennials llevó a la conclusión de que su nivel de aversión al riesgo es similar al resto de la población, a pesar de que se trata de una generación teóricamente más formada que otras: "Si bien uno puede pensar que los millennials tienen una formación superior al del resto de generaciones, esta no se traduce en una mejor comprensión y aceptación del riesgo a la hora de contratar productos financieros".

Otro estudio paralelo de PwC señala que la mayoría de los millennials no disponen de ahorros hasta el punto de que no pueden hacer frente a gastos inesperados superiores a 2.000 dólares. Esta situación se traduce en una necesidad de recurrir a créditos y tarjetas que, si bien rara vez terminan por dejar a una persona en números rojos, sí les obliga a utilizar prácticamente el 100% de los ingresos disponibles cada mes.

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