Salud física y mental

Tres hábitos para ser más productivo y mejorar tu calidad de vida en el trabajo

Un experto en management apunta varios cambios sencillos que pueden marcar la diferencia, desde la gestión del tiempo en la oficina a aceptar que no siempre se logra la perfección.

La productividad es más alta a primera hora de la mañana, según los expertos.
La productividad es más alta a primera hora de la mañana, según los expertos.
Pixabay

No es fácil ser productivo. Y, en tiempos de coronavirus, menos. Desde el inicio de la pandemia hace más de un año, uno de los grandes quebraderos de cabeza para las empresas está siendo el desgaste físico y mental que hace mella en los empleados: desde la desconexión emocional y el estrés laboral asociados al teletrabajo hasta el incremento de enfermedades como la depresión, en los últimos meses se ha evidenciado una caída de la productividad en la mayoría de los sectores. Por eso, para recuperar la motivación en cualquier circunstancia, Dan Mager, autor y experto en management, apunta varios cambios sencillos que pueden marcar la diferencia.

En un artículo publicado en 'Psychology Today', Mager explica que incluso en un año tan convulso emocionalmente como este, siempre es posible tomar las medidas oportunas para modificar tics o comportamientos nocivos para nosotros mismos. El único problema suele ser que, como sucede cada Nochevieja, los buenos propósitos de Año Nuevo terminen cayendo en saco roto. Por eso, para dotar de constancia a nuestras acciones, recomienda centrarse en las cosas en las que realmente puedes cambiar. Es decir, que si bien perder 20 kilos en un mes es una quimera digna de las dietas milagro, en el trabajo hay pequeños cambios que puede llevar a cabo cualquier persona.

1. Priorizar de manera más consciente

"Todos tenemos un tiempo y una energía limitados. De hecho, el tiempo puede ser lo único verdaderamente insustituible. Por lo tanto, es fundamental tener en cuenta en qué (y en quién) lo gastamos", apunta Mager, que recomienda "identificar las actividades que son más importantes para ti y esforzarte por sacar más huecos para hacerlas durante el transcurso de su día o semana". Esto se aplica tanto al ámbito laboral como al personal. Por eso, priorizar de manera más consciente significa dejar de lado las actividades menos significativas, incluidas las que han sido parte habitual de tu vida.

2. Aceptar que "hecho" es mejor que "perfecto"

"A menudo, nos debatimos entre la procrastinación y el perfeccionismo. Y existe una superposición frecuente entre los dos. ¿Sueles posponer las cosas hasta que tengas el tiempo y la disponibilidad para hacerlas bien, incluso perfectas? El problema no es tener un alto estándar de calidad, sino más bien la demora en comenzar y terminar las tareas porque tenemos una expectativa idealizada creada por nosotros mismos acerca del producto final. Esto crea (o, más comúnmente, exacerba) sentimientos de insuficiencia y autocrítica, no porque no lo hayamos hecho suficientemente bien, sino porque simplemente no lo hemos hecho", apunta Mager.

En este sentido, si bien la procrastinación está asociada a una mayor creatividad según diversos estudios científicos, también puede conducir irremediablemente a proyectos o tareas sin hacer, algo que afecta a nuestra autoestima. Así, Mager anima a "desarrollar la habilidad de no permitir que lo perfecto sea el enemigo declarado de lo perfectamente bueno. La sensación de logro, satisfacción y alivio que resulta de completar cosas incluso relativamente pequeñas en un momento dado no debe subestimarse". Especialmente, gracias a los positivos efectos mentales y emocionales que tienen estos actos en nuestro bienestar.

3. Prestar atención a tu ritmo

Otro de los problemas asociados a la productividad tiene que ver nuestro ritmo de trabajo. "Es valioso recordar que cada cual va a su propio ritmo. Tratar de hacer más de lo que puede ser realmente posible es un factor que influye en nuestra fatiga mental, emocional y física. Esta experiencia de la fatiga se mantiene mediante patrones de actividad en los que las personas son muy activas cuando se sienten bien, pero a menudo se exceden, lo que conduce a niveles más altos de agotamiento, angustia o dolor. Esto es especialmente evidente para las personas que padecen enfermedades o dolores crónicos, pero es relevante para todos".

Por eso, Mager recomienda "espaciar las actividades durante el transcurso de un día (u otros períodos de tiempo) y mantenerse dentro de los límites de lo que uno es realmente capaz de hacer sin agotarse. Otra forma de verlo: el ritmo es un enfoque para utilizar esa energía limitada que tenemos de manera estratégica y consciente, en función de lo que es manejable dada tu capacidad actual. La capacidad actual de cada persona es diferente y es un objetivo en movimiento; es esencial aprender a sintonizar con tus propios niveles de energía a medida que cambian con el tiempo o la actividad". Es decir, que a veces es tan simple como conocer nuestros propios límites y no traspasarlos.

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