Martes, 17.10.2017 - 02:38 h

Con el próximo gobierno nos jugamos una crisis de 12 años y las lentejas de nuestros hijos

  • La primera recesión de las dos consecutivas que hemos vivido comenzó en 2008 y tras ocho años, aún la recuperación está cogida entre alfileres.
  • Después de mucho sacrificio social, se ha creado un millón de empleos en dos años y el PIB crece al +3,2%, pero un paso el falso y prolongaremos la depresión con consecuencias nefastas.
Imagen del debate electoral celebrado el pasado 7 de diciembre entre las primeras cuatro fuerzas políticas.
Imagen del debate electoral celebrado el pasado 7 de diciembre entre las primeras cuatro fuerzas políticas.

El crecimiento interanual de nuestro PIB ya ha vuelto a niveles del año 2007. Hemos conocido un alza del +0,8% en el cuarto trimestre del pasado año, por lo que el acumulado anual de 2015 se salda con una mejora del +3,2%.

Es de subrayar que la tasa interanual ha sido en el cuarto trimestre de 2015 del +3,5%, una décima más que en el trimestre anterior, y se sitúa en niveles de finales de 2007. Es decir, justo en la antesala del estallido de esta larga crisis.El paro sigue siendo el primer problema

No sucede igual con el empleo. A pesar de que se le ha dado la vuelta a nuestro mercado laboral y que hemos pasado de destruir empleo a marchas forzadas a crear un millón de puestos de trabajo netos en dos años, el nivel de ocupación del país aún se encuentra en los niveles que registraba en el año 2010, en la pequeña tregua que tuvo lugar entre la primera (2008) y la segunda (2011) de las dos recesiones económicas consecutivas que hemos sufrido desde la histórica caída de Lehman Brothers que provocó el colapso de los sistemas financieros occidentales.

Es decir, que para que la recuperación llegue a la calle, como se reclama desde diversos altavoces políticos y tertulias televisivas, aún queda camino por andar. Porque, no olvidemos, el desempleo es la principal causa del aumento de la desigualdad, como han corroborado recientes estudios.

Hay que recuperar aún dos millones de empleos más para llegar a los 20 millones de ocupados, el récord histórico que nuestro país alcanzó a finales de 2007, justo antes también de la llegada de la crisis.Como en el debate Pizarro-Solbes

Fueron muchos los que entonces negaban lo que sucedería pocos meses después. Una negación de la realidad representada a la perfección en un debate económico protagonizado ante las cámaras de televisión por Manuel Pizarro, en representación del PP, y Pedro Solbes, a la sazón ministro de Economía de ZP, en nombre del PSOE.

El jurado popular, político y mediático fue unánime. El púgil ganador al que el árbitro levantó el brazo fue el poco después desengañado de su propio presidente, Solbes. Pizarro, contrastado líder empresarial, pasó al sombrío olvido que la derrota pública supone en política.

Pero la Historia ha demostrado que éste era quien llevaba razón, y este país ha pagado muy caro los oídos sordos al expresidente de Endesa, Ibercaja y la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), entre otros muchos cargos de relevancia.Prolongar la crisis por doce años

Ocho largos años de crisis han pasado y de nuevo se tacha de agoreros a quienes advierten de las nefastas consecuencias que podría tener para nuestra economía y, en general, para el futuro de todo el país, un gobierno tipo camarote de los hermanos Marx formado por una amalgama de fuerzas populistas, independentistas y nacionalistas que, además, no se soportan entre ellos.

Malo para el país, malo para la economía, malo para el empleo y malo para las lentejas de nuestros hijos. Como en el debate preeletoral de 2008 entre Pizarro y Solbes, se dice ahora que fuera los miedos. Que no se vienen abajo los ayuntamientos apoyados por extraños gobiernos de mezclas políticas similares. Se afirma que no tiene por qué pasar nada. No tiene por qué, pero pasa.

Tampoco se caían abajo los ayuntamientos gobernados en 2008 por el PSOE de ZP, pero el país sí que se vino abajo bajo su presidencia. Un mal paso en política económica y laboral sería letal para el futuro del país. Prolongaría la actual crisis durante cuatro años más y ahuyentaría la entrada de capital extranjero, las decisiones de inversión y las contrataciones de personal por parte de las empresas.

La cantidad de ocurrencias políticas que en materia de política económica y laboral hemos escuchado de muchas de esas fuerzas que convivirían en un alambricado pacto de minorías hace presagiar lo peor. Nos alejaría de los países europeos más modernos y avanzados y nos acercaría a la Grecia de Tsipras, a la Venezuela de Chávez-Maduro, a la Bolivia de Evo Morales o a la Argentina de los peronistas y los Kirchner.Peor un mal gobierno que unas nuevas elecciones

Unas elecciones en la próxima primavera tampoco serían buenas, paralizarían al país durante unos meses más y mantendrían la incertidumbre hasta casi después del verano, en un momento en el que hay desafíos importantes como la postura de los independentistas catalanes o la necesidad de afianzar la recuperación económica.

Pero el futuro de nuestros hijos bien vale una espera mayor. Peor que la incertidumbre prolongada durante unos meses más (aminorada porque tenemos un gobierno en funciones y unos presupuestos aprobados), sería un mal pacto que diera lugar a un gobierno de irresponsables que trajeran de nuevo nefastas consecuencias como las que comprobamos desde 2008 en el segundo mandato de Zapatero.La única salida acertada es el gran pacto

Me reafirmo como ya publiqué en este mismo blog en Lainformacion.com el pasado 23 de diciembre, tres días después de los comicios, en que la única salida para los retos a medio y largo plazo del país es un pacto de Estado entre PP, PSOE y Ciudadanos.

Países hacia los que deberíamos acercarnos, como Holanda, Alemania, Austria y Noruega, han tenido óptimos resultados tras grandes pactos nacionales orientados a resolver el desempleo cuando éste se había convertido en un gran mal para sus países, a pesar de estar en niveles mucho menores de los que aquí tenemos históricamente, incluso en las etapas de bonanza económica.

El PP ya ha repetido reiteradamente que está dispuesto a ello. Desacreditado por la corrupción, sí. Pero, por triste que parezca a muchos, fuerza mayoritaria a la que han votado más de 7 millones de españoles. Ciudadanos, con 3,5 millones de votos más, parece que entraría al trapo si fuese necesario a pesar de repetir que se abstendrá con cualquier candidatura de PP o PSOE.

De paso, un gobierno tripartito de ese tipo, con las condiciones de los de Albert Rivera, podría servir para borrar la extendida corrupción política en nuestro país, que ha afectado y/ afecta a ayuntamientos, autonomías y partidos de todo el país y color político, de Galicia a Andalucía, pasando por Valencia, Cataluña, Castilla La-Mancha o madrid.Los países también se arruinan

De la responsabilidad de los socialistas, otros 5,5 millones de votos más, depende, por tanto, que España se enfile a una larga crisis de al menos 12 años, como la japonesa en lo económico, pero sin japoneses, como la italiana en lo político, pero sin italianos, como dijera el ahora criticado por la izquierda populista, Felipe González.

O, aún peor, enfilaríamos el camino de la economía griega, la argentina o la venezolana. Éstas dos últimas, sociedades muy ricas allá por la década de los 70, pero llenas de corrupción política como nosotros ahora.

Porque sí, los países, aunque parezca imposible, también se arruinan, como las empresas, los bancos y las familias. Nos jugamos, con la composición del próximo gobierno, no sólo un gabinete para cuatro años, sino las lentejas de nuestros hijos. Ellos serán quienes más paguen las consecuencias de las decisiones de nuestros políticos.

El crecimiento interanual de nuestro PIB ya ha vuelto a niveles del año 2007. Hemos conocido un alza del +0,8% en el cuarto trimestre del pasado año, por lo que el acumulado anual de 2015 se salda con una mejora del +3,2%.

Es de subrayar que la tasa interanual ha sido en el cuarto trimestre de 2015 del +3,5%, una décima más que en el trimestre anterior, y se sitúa en niveles de finales de 2007. Es decir, justo en la antesala del estallido de esta larga crisis.El paro sigue siendo el primer problema

No sucede igual con el empleo. A pesar de que se le ha dado la vuelta a nuestro mercado laboral y que hemos pasado de destruir empleo a marchas forzadas a crear un millón de puestos de trabajo netos en dos años, el nivel de ocupación del país aún se encuentra en los niveles que registraba en el año 2010, en la pequeña tregua que tuvo lugar entre la primera (2008) y la segunda (2011) de las dos recesiones económicas consecutivas que hemos sufrido desde la histórica caída de Lehman Brothers que provocó el colapso de los sistemas financieros occidentales.

Es decir, que para que la recuperación llegue a la calle, como se reclama desde diversos altavoces políticos y tertulias televisivas, aún queda camino por andar. Porque, no olvidemos, el desempleo es la principal causa del aumento de la desigualdad, como han corroborado recientes estudios.

Hay que recuperar aún dos millones de empleos más para llegar a los 20 millones de ocupados, el récord histórico que nuestro país alcanzó a finales de 2007, justo antes también de la llegada de la crisis.Como en el debate Pizarro-Solbes

Fueron muchos los que entonces negaban lo que sucedería pocos meses después. Una negación de la realidad representada a la perfección en un debate económico protagonizado ante las cámaras de televisión por Manuel Pizarro, en representación del PP, y Pedro Solbes, a la sazón ministro de Economía de ZP, en nombre del PSOE.

El jurado popular, político y mediático fue unánime. El púgil ganador al que el árbitro levantó el brazo fue el poco después desengañado de su propio presidente, Solbes. Pizarro, contrastado líder empresarial, pasó al sombrío olvido que la derrota pública supone en política.

Pero la Historia ha demostrado que éste era quien llevaba razón, y este país ha pagado muy caro los oídos sordos al expresidente de Endesa, Ibercaja y la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), entre otros muchos cargos de relevancia.Prolongar la crisis por doce años

Ocho largos años de crisis han pasado y de nuevo se tacha de agoreros a quienes advierten de las nefastas consecuencias que podría tener para nuestra economía y, en general, para el futuro de todo el país, un gobierno tipo camarote de los hermanos Marx formado por una amalgama de fuerzas populistas, independentistas y nacionalistas que, además, no se soportan entre ellos.

Malo para el país, malo para la economía, malo para el empleo y malo para las lentejas de nuestros hijos. Como en el debate preeletoral de 2008 entre Pizarro y Solbes, se dice ahora que fuera los miedos. Que no se vienen abajo los ayuntamientos apoyados por extraños gobiernos de mezclas políticas similares. Se afirma que no tiene por qué pasar nada. No tiene por qué, pero pasa.

Tampoco se caían abajo los ayuntamientos gobernados en 2008 por el PSOE de ZP, pero el país sí que se vino abajo bajo su presidencia. Un mal paso en política económica y laboral sería letal para el futuro del país. Prolongaría la actual crisis durante cuatro años más y ahuyentaría la entrada de capital extranjero, las decisiones de inversión y las contrataciones de personal por parte de las empresas.

La cantidad de ocurrencias políticas que en materia de política económica y laboral hemos escuchado de muchas de esas fuerzas que convivirían en un alambricado pacto de minorías hace presagiar lo peor. Nos alejaría de los países europeos más modernos y avanzados y nos acercaría a la Grecia de Tsipras, a la Venezuela de Chávez-Maduro, a la Bolivia de Evo Morales o a la Argentina de los peronistas y los Kirchner.Peor un mal gobierno que unas nuevas elecciones

Unas elecciones en la próxima primavera tampoco serían buenas, paralizarían al país durante unos meses más y mantendrían la incertidumbre hasta casi después del verano, en un momento en el que hay desafíos importantes como la postura de los independentistas catalanes o la necesidad de afianzar la recuperación económica.

Pero el futuro de nuestros hijos bien vale una espera mayor. Peor que la incertidumbre prolongada durante unos meses más (aminorada porque tenemos un gobierno en funciones y unos presupuestos aprobados), sería un mal pacto que diera lugar a un gobierno de irresponsables que trajeran de nuevo nefastas consecuencias como las que comprobamos desde 2008 en el segundo mandato de Zapatero.La única salida acertada es el gran pacto

Me reafirmo como ya publiqué en este mismo blog en Lainformacion.com el pasado 23 de diciembre, tres días después de los comicios, en que la única salida para los retos a medio y largo plazo del país es un pacto de Estado entre PP, PSOE y Ciudadanos.

Países hacia los que deberíamos acercarnos, como Holanda, Alemania, Austria y Noruega, han tenido óptimos resultados tras grandes pactos nacionales orientados a resolver el desempleo cuando éste se había convertido en un gran mal para sus países, a pesar de estar en niveles mucho menores de los que aquí tenemos históricamente, incluso en las etapas de bonanza económica.

El PP ya ha repetido reiteradamente que está dispuesto a ello. Desacreditado por la corrupción, sí. Pero, por triste que parezca a muchos, fuerza mayoritaria a la que han votado más de 7 millones de españoles. Ciudadanos, con 3,5 millones de votos más, parece que entraría al trapo si fuese necesario a pesar de repetir que se abstendrá con cualquier candidatura de PP o PSOE.

De paso, un gobierno tripartito de ese tipo, con las condiciones de los de Albert Rivera, podría servir para borrar la extendida corrupción política en nuestro país, que ha afectado y/ afecta a ayuntamientos, autonomías y partidos de todo el país y color político, de Galicia a Andalucía, pasando por Valencia, Cataluña, Castilla La-Mancha o madrid.Los países también se arruinan

De la responsabilidad de los socialistas, otros 5,5 millones de votos más, depende, por tanto, que España se enfile a una larga crisis de al menos 12 años, como la japonesa en lo económico, pero sin japoneses, como la italiana en lo político, pero sin italianos, como dijera el ahora criticado por la izquierda populista, Felipe González.

O, aún peor, enfilaríamos el camino de la economía griega, la argentina o la venezolana. Éstas dos últimas, sociedades muy ricas allá por la década de los 70, pero llenas de corrupción política como nosotros ahora.

Porque sí, los países, aunque parezca imposible, también se arruinan, como las empresas, los bancos y las familias. Nos jugamos, con la composición del próximo gobierno, no sólo un gabinete para cuatro años, sino las lentejas de nuestros hijos. Ellos serán quienes más paguen las consecuencias de las decisiones de nuestros políticos.

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