Los bancos centrales, en alerta

El BCE se queda sin balas: su mejor baza contra el Covid-19, los bonos privados

La Fed tiene margen para bajar tipos, pero sólo lo hará si hay signos claros de desaceleración; y el Banco Central chino ha tomado la delantera

La presidenta del BCE, Christine Lagarde
La presidenta del BCE, Christine Lagarde / EFE

El temor a la expansión del coronavirus y a sus efectos sobre la economía acecha ya a los bancos centrales. En Fráncfort esta nueva crisis llega después de años de macroestímulos (inyecciones de liquidez, tipos de interés en negativo o a cero, compras de bonos soberanos...) que dejan poco margen de actuación al organismo presidido por Christine Lagarde para tomar medidas, ahora que el impacto de la enfermedad puede pasar de mero 'shock' en el suministro de productos -que es lo que ha sucedido hasta la fecha con el cierre de fábricas en China y sus efectos sobre la cadena de producción global- a adquirir una dimensión mayor. La aparición de un foco espontáneo en Italia ha sido la chispa que ha encendido esa mecha.

La extensión del Covid-19 al país transalpino y en concreto a la zona de Lombardía, Véneto y Emilia-Romagna (que representan por sí solas el 40% del PIB en Italia y el 6% del PIB total de la eurozona) pueden obligar al Banco Central Europeo a actuar antes de lo previsto. Si los mercados habían reaccionado hasta el pasado viernes con cierta "tibieza" es porque existía entre los inversores "el convencimiento de que tanto China como los demás países pondrán en marcha estímulos monetarios y fiscales tan potentes como para recuperar el crecimiento que se haya perdido por culpa del coronavirus", apunta el economista Juan Ignacio Crespo, gestor del Fondo Multiciclos Global F1 Renta4.

El problema es que al emisor de la zona euro le quedan ya pocos ases en la manga. El más claro de todos ellos sería, en opinión de los expertos, aumentar la adquisición de bonos empresariales. Gilles Moëc, economista Jefe de la gestora Axa Investment Managers, advierte de que “los shocks económicos por el lado de los suministros son mucho menos tratables desde un punto de vista estímulos políticos que cuando se trata de crisis de demanda”.

En este punto coincide Philippe Waechter, director de investigación económica de Ostrum AM (Natixis IM), para quien una rebaja en los tipos de interés y el dinero barato elevarían la demanda, pero seguiría existiendo un problema de oferta a corto plazo porque una parte de las fábricas chinas sigue parada. “No contemos con que la Fed, el BCE u otros bancos centrales sean una fuente de solución ya que su único papel es limitar la bancarrota de las empresas”, apostilla.

Si, en opinión de Moëc, una nueva ronda de TLTRO (subastas de liquidez ilimitadas condicionadas a que la banca preste dinero) no serviría de nada porque las entidades tendrían dificultades para encontrar suficiente demanda con la que cumplir las condiciones del programa; una nueva rebaja de la tasa a los depósitos debilitaría aún más el euro en su cruce frente al dólar y avivaría la tensión comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos. 

“Dado lo sensible que es políticamente la compra de bonos soberanos y el poco margen de maniobra del BCE (...), la opción de incrementar el peso de la compra de bonos corporativos es menos problemática desde un punto de vista técnico y político”. Esto es así porque el BCE no puede comprar más del 33% de la deuda elegible de un emisor soberano, mientras que en el caso de los bonos corporativos el límite es del 70%.

¿Qué opciones le quedan a la Reserva Federal?

La Reserva Federal no ha quemado tantos cartuchos como el BCE en su batalla contra la crisis económica. De hecho, aún tendría margen para bajar los tipos de interés desde la horquilla del 1,5 al 1,75% en la que los mantiene actualmente. El economista de Axa IM advierte de que cada vez son más los datos que evidencian un comienzo de 2020 débil en EEUU y en lo que parecen coincidir las fuentes consultadas es en que la Fed sólo recortará el precio del dólar si hay signos de desaceleración del crecimiento en el país. Al mismo tiempo, ven muy poco probable que suba los tipos en el contexto del brote de coronavirus y de las próximas elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

"Creemos que los bonos del Tesoro de los EEUU seguirán siendo el refugio preferido de los inversores, en primer lugar, por sus características únicas de liquidez, moneda de reserva, etc., pero también por el potencial de disminución de los tipos, y por lo tanto de apreciación de los precios, que ofrecen en caso de un deterioro de la economía mundial o del sentimiento del mercado", apunta Adrien Pichoud, economista jefe de la gestora suiza SYZ Asset Management. Su visión viene respaldada por el modo en que los inversores han buscado refugio en la deuda estadounidense desde que la crisis del coronavirus se tornó en un problema inernacional. Esto ha llevado a su bono a 30 años a marcar un suelo histórico de rentabilidad en el 1,814%.

¿Y qué pasa con el Banco Central de China?

De momento es el Banco Central de China el que, afectado directamente por esta crisis, ha empezado a tomar medidas excepcionales y ha reiterado que las seguirá adoptando con el objetivo de parar los efectos de brote sobre la economía del gigante asiático. Entre ellas se incluye una próxima rebaja de los intereses en los préstamos a microempresas y pymes comprometidas con la batalla contra la enfermedad.

En los últimos días, la entidad se ha comprometido a mantener estable e yuan y a poner en práctica una política monetaria "prudente".  La semana pasada el emisor rebajó los tipos de interés a medio plazo en 0,10 puntos básicos hasta el 3,15% y ha anunció además una inyección de 200.000 millones de yuanes (26.315 millones de euros) en el sistema financiero con vencimiento a un año. El objetivo de esta última medida es precisamente que las entidades respalden vía crédito a las empresas que se han visto obligadas a parar la producción.

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