La crisis del crudo, al rescate

España podrá ahorrar 2.000 millones al mes en energía por el 'crash' del petróleo

El crash del crudo es uno de los vientos a favor sobre la economía española en la antesala de recibir el shock económico del coronavirus.

El crudo, el más afectado por la crisis del coronavirus.
El crudo, el más afectado por la crisis del coronavirus. / L. I.

“Será una perturbación sin precedentes”. El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, ha dejado caer el telón para ver el escenario económico al que se enfrenta España y la zona euro en las próximas semanas. El golpe será “muy acusado”, “muy severo”, aunque recordó que será “transitorio”. La economía española se sumergerá en recesión aunque contará con algunos motores externos que ayudarán a seguir la marcha: el plan fiscal de 200.000 millones de euros del Gobierno de Pedro Sánchez, las inyecciones masivas de liquidez a la banca desde el BCE, su programa pandémico de compra de activos y, en última instancia, un aliado de última hora: el crash petrolero.

La importación de crudo, gas e hidrocarburos suponía cerca 40.000 millones de euros anuales al cierre del pasado ejercicio, con un precio medio mensual del barril de Brent, la referencia europea, entre 60 y 65 dólares. Tras la caída (-61%) al entorno de los 25 dólares, mínimos desde 2003 o de 1999 para el WTI estadounidense, el coste de la factura energética puede reducirse de 3.330 millones mensuales a poco más de 1.300 millones, cerca de 2.000 millones menos. Todo un alivio para las cuentas del país ante el escenario actual, según los expertos.

No obstante, el potencial ahorro depende de los acuerdos de largo plazo en el suministro que hayan firmado las petroleras privadas o el Gobierno de Pedro Sánchez, según explican fuentes del sector. Dicho de otro modo, si el Ejecutivo ha firmado un contrato de largo plazo con algún país como Venezuela -Zapatero lo hizo en 2008 con Chávez a 100 dólares el barril aunque el precio se derrumbó después al nivel de 50-, Nigeria o Arabia Saudí a un precio superior no tendrá efectos a corto plazo. Sin embargo, el descuento del 61% obligará a España a renegociar sus acuerdos con los proveedores de crudo si los contratos se lo permiten.

El Ministerio de Economía predecía hace unas semanas, antes de la crisis del Covid-19 un barril en 60 dólares para 2020, un pronóstico que se cumplió en enero, pero comenzó a torcerse -para bien- en febrero y ya no vale para nada en marzo. Tampoco valen el resto de previsiones económicas o presupuestarias porque todo ha saltado por los aires con la actual crisis. La buena noticia es que el crash petrolero ayudará a aliviar las cuentas españolas en forma de un abaratamiento de la factura energética en los hidrocarburos que importa España.

El Ministerio de Economía, en sus informes de coyuntura, destacaba que “el sólido crecimiento de la economía española está siendo compatible con el avance en la corrección de los desequilibrios exteriores, que se ha visto favorecido en los últimos años por los reducidos precios del petróleo” y califica la caída del crudo como “aportaciones positivas, aunque decrecientes, tanto de la demanda nacional como de la demanda externa neta en el periodo de proyección”. Por tanto, el Gobierno no contaba con una aliado inesperado, un coste fijo que se ha reducido drásticamente con la actual guerra de precios de productores.

¿Por qué cae tanto el petróleo?

La materia prima se hundió un 30% solo en la jornada del lunes 9 de marzo, en su mayor desplome desde la Guerra del Golfo de 1991. La guerra de precios y producción iniciada desde entonces por Arabia Saudí, el mayor exportador a nivel mundial y que produce el 13% del crudo que se consume en el planeta, y Rusia (que bombea alrededor del 12%) ha hundido desde entonces un 37% el precio del Brent, que a cierre de los mercados el viernes cotizaba por debajo de los 29 dólares; y aún más, un 39% en barril de crudo ligero estadounidense, que apenas despega de los 25 dólares. El motivo de la ofensiva iniciada por ambos países, que no ha podido llegar en peor momento, con la expansión del coronavirus hasta alcanzar el rango de pandemia. Y el cóctel explosivo entre ambas hace que los barriles el Brent como el Texas se deprecien un 60%.

Los rusos se negaron a sumarse al acuerdo de reducción de la producción en 1,5 millones de barriles diarios que sus hasta entonces socios de la OPEP, capitaneados por Riad, habían pactado en su reunión de Viena, y los saudíes decidieron pasar al ataque aplicando una rebaja histórica a los precios e inundando de crudo el mercado, para lo que desde el próximo mes de abril planean bombear 12,3 millones de barriles al día (2,5 millones de unidades más de lo que extraen hasta ahora por jornada). Moscú sigue sin dar su brazo a torcer y la recesión que ha asomado ya en Europa, China y Estados Unidos a causa de la extensión del coronavirus ha terminado de dar el golpe de gracia al oro negro. Los chinos son, de hecho, la primera potencia en lo que a consumo de petróleo se refiere, seguidos de los estadounidenses y de India. Sin embargo, el colapso de la producción no entiende de fronteras y ha reducido esa demanda.

El hecho de que el barril de petróleo permanezca en estos niveles supone un varapalo para las economías de los países productores y sobre todo para Estados Unidos, donde los productores de esquisto lo extraen vía ‘fracking’ o fractura hidráulica una técnica más costosa que los métodos tradicionales que siguen empleando los países del Golfo Pérsico. Ahí radica la fuerza de Arabia Saudí en este enfrentamiento, puesto que es de los pocos países para los que un petróleo por debajo de 30 dólares sigue siendo rentable en términos de producción. Sin embargo, ni siquiera en su caso la economía es inmune a lo que está sucediendo, como muestra el hecho de que su gobierno haya tenido que aprobar un paquete de estímulo de 120.000 millones de riales sauditas (32.000 millones de dólares) para apoyar a la economía. Otros países a los que también afecta el desplome de la materia prima son Venezuela, que posee las mayores reservas a nivel mundial, Irán o Indonesia; así como Nigeria y Angola fuera del cártel. Pero también supone un varapalo para Reino Unido o Noruega, que deben extraerlo de las profundidades del mar.

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