Miércoles, 24.04.2019 - 10:57 h
Indonesia y Malasia, principales productores

¿Por qué el aceite de palma puede meter a Europa en una guerra comercial con Asia?

El aceite más consumido a nivel mundial se hundió cerca del 24% el año pasado en el mercado de futuros de Malasia

Fruto de la palma del que se extrae el aceite
Fruto de la palma del que se extrae el aceite / Pixabay

Caminamos hacia un mundo de guerras comerciales y lo de Estados Unidos y China es solo el principio, comentaba recientemente un reputado economista. Mientras Washington y Pekín mantienen sus negociaciones para tratar de sellar un acuerdo, el Gobierno de Donald Trump deberá decidir a finales de mayo si impone aranceles a los vehículos y componentes europeos. Pero, además, los Veintisiete tienen otro frente abierto: Indonesia ha amenazado con prohibir las importaciones de productos comunitarios en represalia por el hecho de que la Unión vaya a fijar límites más estrictos sobre el uso del aceite de palma en los combustibles verdes.

El aceite comestible más consumido del mundo sirve para elaborar un tercio de todo el biodiésel que se fabrica a nivel mundial. Es la primera materia prima que se emplea con este fin por delante de la soja, la colza y los aceites usados. En el caso de Europa, más de la mitad del aceite que importa va a parar a biocombustibles, sobre todo después de que su uso alimentario haya sido muy criticado por la enorme cantidad de grasas saturadas que contiene.

Indonesia, fundamentalmente, pero también Malasia son los principales productores del mundo de aceite de palma, de cuya elaboración y venta viven de forma directa o indirecta alrededor de 37 millones de personas, según cálculos oficiales.

Esta materia prima estuvo muy castigada en bolsa en 2018, un ejercicio en que su precio se hundió cerca del 24% en el mercado de futuros de Malasia hasta los 535 dólares por tonelada métrica. Se vio afectada por la guerra comercial entre las dos principales potencias del mundo, pero también por su mala prensa en Europa en el terreno de la alimentación y porque su producción estaría poniendo en peligro el hábitat del orangután en el sudeste asiático.

El hecho de que su producción haya implicado en el caso asiático un problema de deforestación es lo que ha llevado a los líderes europeos a plantearse su uso para biocombustibles, lo que ha puesto en pie de guerra a los dos principales productores asiáticos. El Gobierno de Indonesia ha amagado con boicotear la adquisición de aviones fabricados en Europa. Lo ha hecho tras anunciar que en las dos próximas décadas el país va a necesitar 2.500 aviones.

La decisión europea

El pasado 13 de marzo, la Comisión Europea aprobó el Acto Delegado previsto en la nueva Directiva de Energías Renovables (DER II), para catalogar los combustibles de primera generación (biodiesel, bioetanoles y biomasa) provenientes de cultivos aptos para el consumo humano o animal.

La DER II fijó unos criterios de sostenibilidad medioambiental y emisiones de gases de efecto invernadero que deben cumplir los biocombustibles en los 27 países miembros para poder incorporarlos al cálculo del cumplimiento de los objetivos de uso de energías renovables (que deberán ser el 32% en 2030). Sólo los biocombustibles que cumplan esos criterios podrán recibir las compensaciones a cambio, de forma que los que no lo hagan se encontrarán en desventaja. Esas nuevas pautas también toman en consideración el impacto del cambio indirecto en el uso de la tierra asociado a la producción de biodiesel.

De acuerdo con la lectura de los expertos, esos criterios se basan en una lectura incorrecta de los estudios utilizados por la propia Comisión Europea, no toman en consideración las condiciones sociales y biogeográficas de los países a los que afectan y discriminan injustamente a países, como Colombia, explica el economista Javier Santacruz.

El experto lamenta que el análisis que la UE hace de la deforestación que genera el aceite de palma en su producción extrapola los datos de los peores casos al total del cultivo mundial. Ignora, así, que 12 países (Colombia por ejemplo) tienen una deforestación asociada a la expansión de palma de aceite de casi el 0,0%. A su juicio, las nueva normativa aprobada por Bruselas "discrimina de manera injustificada al aceite de palma, exigiéndole condiciones de producción más gravosas que a otros cultivos y haciéndolo menos competitivo".

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