26 de julio de 2012

"Whatever it takes..." Solo siete años del sortilegio de Draghi que salvó a Europa

Cuando los mercados habían estrangulado el grifo de la financiación a países como España o Italia, ambos al borde de quebrar, algo inesperado ocurrió.

Los estados no quiebran... La idea fuerza que muchos enarbolaron en la crisis de deuda soberana europea que estalló en 2010 estaba a punto de ser refutada en 2012. España o Italia no lograban refinanciarse a precios razonables y sostenibles. Las primas de riesgo que soportaban ambos países ahuyentaban la confianza, el capital y pusieron contra las cuerdas las finanzas públicas de dos de los pilares del euro. Fue hace solo siete años. La desconfianza de los inversores de todo el mundo llegaba a poner en cuestión la propia existencia de la zona euro y los pronósticos de una ruptura campaban por doquier. Pero alguien pronunció un 'conjuro'.

Era el escenario con el que tenía que lidiar Mario Draghi el 26 de julio de 2012, casi recién llegado a la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) unos meses atrás. El banquero italiano acudió a la City (Londres) a una conferencia con otros banqueros centrales como el británico Mervyn King o el mexicano Agustín Carstens. Allí, ante la plana mayor de algunos de los fondos y bancos de inversión más importantes del mundo, Draghi pronunció un conferencia de apenas 11 minutos que contenía, a su vez, un mensaje de 40 segundos que cambió el curso de los acontecimientos.

Mario Draghi dejará el BCE en octubre.
Mario Draghi dejará el BCE en octubre. / L. I.

"El BCE está listo para hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente"

BCE Alta
Mario Draghi26 de julio de 2012

“Cuando se habla de la fragilidad del euro, de la creciente fragilidad del euro y tal vez de la crisis del euro, con mucha frecuencia los estados o líderes que no pertenecen a la zona del euro subestiman la cantidad de capital político que se está invirtiendo en el euro. Y nosotros lo vemos, y no creo que seamos observadores imparciales, creemos que el euro es irreversible. Y no es una palabra vacía ahora, porque he precedido a decir exactamente qué acciones se han realizado y se están haciendo para que sea irreversible”, sentenció Draghi ante los asistentes a su conferencia titulada ‘Cómo gestionar los desafíos globales’.

La contundencia del mensaje sobre la irreversibilidad del euro que defendió el gobernador del BCE ante los asistentes fue rematada con su ya famoso sortilegio ‘Whatever it takes’ (lo que sea necesario) que se trasladó de forma casi inmediata de la conferencia en Londres a las pantallas de los inversores de medio mundo. Una frase sencilla, breve y concisa que escondía el mensaje de que el BCE contaba con el respaldo de todos sus miembros para salir en defensa del euro y de los vapuleados mercados interbancarios. “Pero hay otro mensaje que quiero trasladarles hoy. Dentro de nuestro mandato, el BCE está listo para hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente”, dijo.

La reacción de los mercados

Aquel 26 de julio, las bolsas reaccionaron como nunca a un discurso del BCE. El guiño, la insinuación y la retórica usada por Draghi hizo magia en los mercados. Las primas de riesgo, que ardían hasta esa jornada, se enfriaron. La italiana bajó por debajo de los 500 puntos, mientras que la española descendió casi un 10%, pasando de 610 puntos a poco más de 560 en cuestión de un puñado de horas.

Una pesadilla comparándolo con el diferencial con la deuda alemana que se encuentra hoy en poco más de 70 puntos. La rentabilidad del bono a diez años del Tesoro Público cotizaba entonces por encima del 7% frente a poco más del 0,4% en la actualidad. El Ibex 35, la referencia bursátil española, pasó de cotizar con descensos del 1% poco antes del discurso -por debajo de los 6.000 puntos- a subir un 6,06% al cierre, hasta los 6.368 puntos, en su mejor día en más de dos años.

Pero la verdadera revolución llegó al día siguiente en el mercado interbancario, roto por la desconfianza entre bancos, lo que impedía que se prestasen entre ellos para hacer hacer funcionar la maquinaria monetaria y fluyese la liquidez a la economía real. Draghi también lo describió en su discurso: “En nuestra opinión, los desafíos a corto plazo se relacionan principalmente con la fragmentación financiera que ha tenido lugar en la zona del euro. Los inversores se han retirado dentro de sus fronteras nacionales y el mercado interbancario no funciona. De hecho, solo funciona muy poco dentro de cada país, pero ciertamente no funciona en todos los países”. Y al día siguiente comenzó a funcionar.

Siete años después, los desafíos a los que se enfrentan en el BCE poco tienen que ver con los de entonces. Draghi abandonará en octubre la presidencia de la institución y será sustituido por Christine Lagarde. Hasta entonces tendrá ante sí tres reuniones de política monetaria, la primera de ellas este mismo jueves 25 de julio, víspera del aniversario del discurso que salvo al euro de un siniestro destino. 

Los problemas vuelven a tener su foco en los estímulos y, sobre todo, de la deflación.  Los analistas hablan ya de una bajada de tipos -desde el 0% a una tasa negativa- e, incluso, se atreven a pronosticar un cambio en el objetivo de inflación del 2%. Hay quien, incluso, recomienda al banco central que comience a comprar acciones en bolsa -Larry Fink (Blackrock) dixit- si quiere evitar un desastre para los ahorradores por culpa de los bonos, sumergidos en las rentabilidades negativas.

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