Lunes, 24.09.2018 - 06:25 h

Detrás de los diez crímenes de Long Island podría haber otro asesino serial

Es uno de los casos policiales que más desvela a las fuerzas de seguridad de los Estados Unidos, desde hace casi una década. Ahora surgen nuevas pistas en torno a esas muertes.

El FBI baraja que un segundo psicópata mató a seis personas, pero no tendría que ver con los primeros asesinatos. "Busca rendir tributo macabro al primero o despistar", dicen los investigadores. 

La zona donde fueron hallados varios de los cuerpos.

Es uno de los casos policiales que más desvela a las fuerzas de seguridad de Estados Unidos, desde hace casi una década. Tanto la gestión de George Bush (h) como la de Barack Obama prometieron poner todos los recursos a cargo del FBI para intentar resolver los múltiples asesinatos de Long Island.

Nadie lo ha conseguido todavía, aunque la investigación ahora ha dado un giro, tras pasar de mano en mano por más de una decena de investigadores policiales nortemaricanos de gran prestigio.

Detrás de los horrendos crímenes de diez personas podría haber más de un asesino serial, según ha confirmado el jefe de Policía del Condado de Suffolk, Stuart Cameron, quien acaba de explicar a la revista People que "hay muchas y nuevas pistas por las que ir. Puedo asegurar que el caso es de absoluta prioridad, y nunca nos detendremos. Creo que estamos haciendo progresos", ha argumentado.

Cabe recordar lo que ha ocurrido en Suffolk, en la costa de Long Island (Nueva York), entre diciembre de 2010 y abril de 2011. En esa área, la Policía halló ocho cadáveres (cuatro pertenecientes a prostitutas). Se sumaron dos más a los expedientes, y todo parecía indicar que la obra macabra obedecía a un asesino serial.

La mayoría de la víctimas eran mujeres. La primera fue Maureen Brainard-Barnes, de 25 años. Desde julio de 2007 que nada se supo de ella, hasta que su cuerpo fue encontrado. La segunda, Melissa Barthelemy, desapareció el 12 de julio de 2009. Desde 2007 a la actualidad pasaron más de nueve años.

Dos llamadas tuvieron relación con ellos. En el primero de los hechos, un hombre se comunicó telefónicamente a una de las amigas de Brainard-Barnes. Le dijo que la mujer estaba en un burdel y la describió. Sara Karnes describió a la policía al hombre del otro lado del teléfono, pero sin demasiados detalles. Ambas eran prostitutas y sus cuerpos aparecieron a decenas de metros, pero en la misma parcela, a finales de 2010.

Junto a ellas había otros dos cadáveres, bastante cerca: los de Amber Costello y Megan Waterman. Durante los siguientes cuatro meses, otros seis restos de cuerpos fueron encontrados en el mismo lugar, incluidos los de un niño y de un asiático. Casi todos habían muerto por estrangulamiento.

Long Island paraliza a toda la sociedad norteamericana cada vez que los medios pronuncian o escriben su nombre. No es para menos: en 1993 la Policía arrestó allí a Joel Rifkin, un parado que confesó haber asesinado a 17 prostitutas. Tres años después, en 1996, otro psicópata que trabajaba como cartero en la zona confesó haber matado a otras cinco.

Pero la tercera ola de asesinatos no tiene aún culpables. La Policía, si bien se muestra desorientada por ciertos elementos que se acumulan en el gigantesco expediente de la megacausa, cree ahora que hay indicios firmes para pensar que un segundo asesino serial se habría 'acoplado' a las infernales acciones del primero. Y que uno, en caso de ser detenido, podría llevar al arresto del otro.

Los investigadores creen que las primeras cuatro víctimas (Barnes, Barthelemy, Costello y Waterman) habrían sido asesinadas por una persona, pero el resto de ellas no tendría conexión y el autor podría ser otro. Lo más sórdido es que el segundo asesino serial habría decidido enterrar a sus víctimas muy cerca del lugar de las primeras. La Policía baraja dos motivos: o busca despistar y 'ligar' sus asesinatos a un primer homicida serial, para complicar la investigación, o busca rendirle un sórdido tributo...

Por su parte, los familiares de las víctimas creen que las autoridades no le dedican el tiempo suficiente al caso.  "Queremos resolver estos casos. Sabemos que estas niñas tenían familias y queremos llevarles Justicia. Así que las críticas son totalmente injustas", ha manifestado Cameron. Desde diciembre de 2015, el FBI se unió al grupo de investigadores, y en febrero de este año una fuerza especial fue dispuesta en Gilgo Beach.

Todas las posibilidades que se han barajado hasta ahora han resultado estériles... Se siguió la pista de un pescador, de un vagabundo, de un trabajador de temporadas e incluso de un hombre de negocios. Incluso se especuló con la posibilidad de que se tratara de un círculo secreto de adinerados que contrataban a prostitutas y mujeres de compañía para realizar fiestas de sexo duro, y después las mataban.

También se sospechó de un agente: "El asesino sabe cómo utilizar la tecnología. Algunos piensan que incluso podría tratarse de un policía", llegó declar un detective sin identificarse al diario The New York Times. Pero lo cierto es que aún no hay sospechosos ni detenidos.

Mientras tanto, las playas de Long Island seguirán siendo frecuentadas por los neoyorquinos, pero nadie puede olvidar el luto, el miedo y el misterio asociado a este balneario, uno de los mayores puzzles que el FBI aún no puede resolver.

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