Martes, 16.10.2018 - 02:12 h

De la yuca amarga (que mata) a los vertederos... cómo los venezolanos buscan huir hoy del hambre

Detrás de las últimas 28 muertes de personas que comieron una variedad venenosa del tubérculo surgen otros dramas.

Venezolanos en vertederos de Caracas.
Venezolanos en vertederos de Caracas.

Es uno de los últimos titulares que llegan de Venezuela. La yuca amarga (tubérculo originario de Sudamérica, que únicamente en su variedad dulce es comestible) se ha cobrado la vida de al menos 28 personas en ese país en los últimos días, según publica el diario El País.

Las víctimas habrían consumido una variedad venenosa del vegetal, que ya forma parte de la dieta diaria de cientos de hogares por su precio asequible. Como las familias no pueden acceder a productos básicos y elementales de la canasta alimentaria, buscan refugio en productos 'marginales' para intentar huir del hambre. A veces, en su desesperación, no miden los riesgos ni consecuencias, como ha ocurrido en estos últimos casos.

Pero detrás de este nuevo drama afloran otros de igual o peor magnitud. Por ejemplo, los vertederos han comenzado a ser lugares 'codiciados' por centenares de venezolanos, que acuden en masa a hurgar en sitios donde se depositan a diario bolsas de basura de restaurantes y mercados.

En el último año, un 8% más de familias venezolanas han pasado a alimentarse de desechos alimenticios que 'rescatan' de los vertederos, como forma excluyente para intentar alimentarse, de acuerdo a un estudio de la Cruz Roja en el país bolivariano.

La investigación, realizada en la capital del país, Caracas, y en los estados de Miranda, Vargas y Zulia, entre octubre y diciembre pasado, muestra detalles espeluznantes. La concentración de personas en los vertederos es tal que también ha captado la atención de bandas de delincuentes. 

Se trata de ladrones que aguardan por sus víctimas cada medianoche (a la hora en que la mayoría de los locales de comida arrojan los restos de alimentos) en solares, para arrebatar lo poco que tienen. Desde sus zapatillas a camisetas viejas, todo les sirve.

Por otra parte, los vertederos -dice el informe- se han convertido en no pocas ocasiones en campos de batalla entre las mismas personas que pugnan por desperdicios de comida.

La desesperación es tal que hasta existen redes organizadas que intentan 'orientar' a las personas hambrientas y famélicas sobre los lugares donde poder rescatar algo de comida. El principal circuito pasa por los restaurantes, panaderías y mercados. La hora a la que vierten los desperdicios, antes incluso de que pasen los camiones recolectores de basura, se torna a veces en 'información valiosa' para los más necesitados.

En cada nueva tanda de desechos, las personas se apiñan una y otra vez. El negocio de la desesperación va más allá: no son pocos los inescrupulosos que hasta arman bolsas de "comida" de la basura para venderlas a quienes no lograron conseguir nada.

Aunque parezca mentira, a las puertas de vertederos de grandes urbes, como las cuatro mencionadas, hay gente que hasta hace cola esperando que los negocios arrojen los desechos. Otros no solo acuden en busca de algo que puedan llevar a sus estómagos. Separan cartones para revenderlos.

El 'cartoneo', precisamente, es una actividad que ha comenzado a proliferar en los últimos dos años. Existen camiones que todos los días recolectan ese material y pagan por él 22 bolívares el kilo (unos pocos centavos de euro). Todo, en la Venezuela actual, que estruja el alma con su deterioro galopante cada día.

Ocho de cada diez venezolanos dice hoy no tener dinero suficiente para comprar comida, prácticamente la mitad es pobre o muy pobre, dos tercios de las viviendas del país han sido construidas por sus propietarios y la mitad no aguantaría un terremoto.

Esta es la realidad social de la Venezuela actual, plasmada en una encuesta de carácter nacional sobre las condiciones de vida de la población elaborada por los servicios de estudios de tres de las más importantes universidades venezolanas -la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar-. El trabajo, realizado en 2014, recogió información en 1.479 hogares del país. Cada encuesta tenía un centenar de preguntas relativas a todos los ámbitos sociales. Desde ese momento a la actualidad, la situación se ha agravado drásticamente, aunque los centros educativos ya dejaron de hacer trabajos en conjunto para medir la pobreza, presionados por el Ejecutivo de Maduro.

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