Sábado, 18.11.2017 - 10:02 h

Nadine Labaki, la libanesa que utiliza el cine como arma de guerra

La libanesa Nadine Labaki acaba de estrenar en España su segunda película como directora después del éxito de 'Caramel'. En '¿Y ahora adónde vamos?' retrata una fábula con tintes de musical en la que las mujeres de un pueblo se las ingenian para evitar que sus maridos se enzarcen en una guerra.

Mucho se ha discutido sobre la existencia o no de un cine de mujeres. No es que Nadine Labaki (Baabdat, Líbano, 1974) entre esa cuestión (“estoy orgullosa de mi trabajo no como mujer, sino como ser humano”, zanja) sino que sus películas arrojan luz sobre la peliaguda cuestión. Basta con preguntarle las razones para rodar ¿Y ahora adónde vamos?, su nueva película: “La película responde a un sentido de la responsabilidad. Sentí como mujer que debía reaccionar a lo que estaba pasando a mi alrededor”.

Lo que estaba pasando era el lamentable enfrentamiento entre el Gobierno y la oposición en mayo de 2008 que colocaron al país al borde de una nueva guerra civil. “Quizá porque en aquel momento estaba embarazada, caí en la cuenta de lo absurdo que era todo aquello”, recuerda Labaki. “Me planteé cómo podría contribuir a cambiar esta situación. Así comenzó la idea de la historia de una mujer, una madre, que haría todo lo que estuviera en su mano para evitar que sus hijos acabaran empuñando un arma. Eso se terminó convirtiendo en la historia de un pueblo donde las mujeres hacen todo lo que pueden por evitar la guerra”.

Así surgió ¿Y ahora adónde vamos?, una mezcla entre comedia, musical, realismo social y fábula con moraleja que se acaba de estrenar en España después de recorren muchos de los grandes festivales del mundo.

“Necesitas reírte de tus errores y de lo absurdo de la realidad. el humor, la música y el baile confieren un aspecto más festivo que al final te lleva a pensar más en las razones de por qué estamos mal, de por qué nos estamos tratando mal unos a otros”.

De hecho, la película arranca con un número musical en el que las mujeres de la aldea van de entierro y se afanan en mantener impecable el cementerio. “No, no tiene ninguna conexión con Volver”, advierte. “Pero creo que es algo muy mediterráneo eso de limpiar las lápidas, cuidar de las tumbas, llevar flores, y ocuparse en general de una persona querida que hemos perdido”.

El pueblecito de ¿Y ahora adónde vamos? está dividido en dos partes bastante simétricas: a un lado, los católicos; al otro, los musulmanes. Pero la cinta pretende ir más allá: “No se trata de un conflicto entre católicos y musulmanes. Por todas partes siento la animosidad entre las personas. La siento aquí, en París, o simplemente en un autobús o en el metro. La gente tiene miedo una de otra. Puedes pasar años en el mismo edificio y no tener ni idea de qué aspecto tienen tus vecinos. La única diferencia es que en Líbano cogemos las armas y nos matamos unos a otros”.

La tesis de Labaki en su película es que la solución la tienen las mujeres: “Me inspiré en mujeres de mi alrededor a las que he visto perder tantos seres queridos y aún así siguen llenas de vida, de humor, y de buenos deseos. Me pregunto cómo puede ser, de dónde sacan la energía para seguir viviendo. Se ha convertido casi en mi obsesión porque como madre me asusta que le ocurra algo a la gente que quiero. Tengo una vecina que perdió a su hija de 16 años por una bomba. No sé cómo encuentra la voluntad para vivir”.

¿Y mientras tanto, qué pasa con los hombres? “Es como una madre que le dice a su hijo que deje de hacer algo termina por darle un golpe en la mano. Los hombres a veces se comportan como niños cuando creen que son invencibles y lo primero que hacen es pelearse, ir a la guerra. Hay que decirles que paren”.

“De todas formas, a veces para expresar tu punto de vista es necesario exagerar algún aspecto.”, reconoce. “No quiero decir que todos los hombres sean así, sólo digo que muchos son así. Es un grito que sale de mi corazón y dice ‘¡Ya basta!’. Por eso en la secuencia en que mi personaje se encara a los hombres en el café, soy yo, Nadine, la que habla, la que dice basta de esta mierda, hemos tenido más que suficiente. No quiero ver a más gente sufriendo”.

“No soy una persona pesimista, no quiero estar enfadada con todo. Prefiero tratar de cambiar las cosas”, continúa. “Una vez leí una cita que me gusta mucho: ‘Una personas ven las cosas y se preguntan por qué son así; otras ven las cosas como deberían ser y se preguntan por qué no’. Yo estoy en ese segundo grupo. Quiero explorar nuevas formas de convivir y de pensar. Aunque suene demasiado naíf y ambicioso. Quizá lo consigamos”.

Y el plan de Labaki es hacerlo a través del cine: “Es una arma no violenta, puedes conseguir que la gente cambie a través de las películas. A mí me ha pasado, me ha cambiado mi forma de ver el mundo. Nuestra responsabilidad es educar a nuestros hijos de otra forma. Por qué siempre han de tener miedo de los demás, tener miedo de los extraños", se pregunta. "Les estamos educando en el miedo y en el egoísmo”

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