La victoria de liberales y conservadores

Así se fraguó la jugada maestra de Holanda e Irlanda para vencer a Calviño

Con una economista socialdemócrata del 'establishment' bruselense, España vuelve a perder en la carrera por el Eurogrupo. Y eso que de nuevo tenía el respaldo germano.

'Operación Calviño':
Así se fraguó la jugada maestra de Holanda e Irlanda para vencer a Calviño.
EFE

Diez votos a nueve y en la segunda ronda. Por este escaso margen perdió Nadia Calviño el sillón principal del Eurogrupo, incapaz ella y toda la maquinaria política y diplomática española de sumar un voto más desde la primera ronda. Una alianza del norte y el este de Europa, de gobiernos conservadores y liberales contra España -el sur del continente- y su intención de situar a una de sus grandes piezas en la dirección económica de la eurozona, acabó con las aspiraciones de la vicepresidenta para suceder al portugués Mario Centeno.

Calviño tenía las mejores cartas, los ases de Alemania e Italia, de Portugal -que cedía la presidencia- o el francés, sumado a última hora. Pero los números le fallaron. O más bien cabría decir que todos los enemigos del sur europeo, estigmatizado por su displicencia con el gasto de las finanzas públicas, se unieron para dar un tremendo sopapo al Gobierno de Sánchez.

A primera hora de la mañana del jueves, España recibió un fuerte impulso a la candidatura de su vicepresidenta cuando el ministro de Finanzas galo, Bruno Le Maire, anunciaba el apoyo de su país. "Compartimos con España la misma voluntad de una integración más fuerte de la zona euro", señaló el galo. Su apoyo, aunque era esperado, rompía el pequeño bloque liberal y dejaba al luxemburgués con poco más que los votos del Benelux. Al posicionarse públicamente a horas de la reunión virtual del Eurogrupo, París también señalaba una dirección de voto a otros gobiernos afines como el belga, el estonio o el propio luxemburgués. En España se vio como el respaldo definitivo, el último clavo que remachar para alcanzar una presidencia del Eurogrupo anhelada y perdida en 2015. El Gobierno parecía no contar con que en el Eurogrupo cada país vale un voto, no importa lo grande y populoso que seas.

Una primera votación esperanzadora

La reunión virtual del Eurogrupo comenzó en torno a las tres de la tarde hora bruselense y española. Tenían que discutir brevemente las últimas previsiones económicas de la Comisión, en las que Italia y España salían aun peor paradas por su recesión, y pequeños asuntos de gobernanza económica.

17 minutos antes de la seis de la tarde, el Eurogrupo ya había “cubierto todos los puntos de la agenda” y los candidatos a presidirlo comenzaron a “realizar sus discursos” al resto de ministros. Calviño fue la primera en tomar la palabra desde Madrid, luego Gramegna, en Luxemburgo, y Donohoe, desde Dublín. Y después llegó la votación.

Si ya de por sí en el Eurogrupo reina el secretismo, es un organismo informal y paralelo no oficial de la UE, un foro de discusión, la pandemia de la Covid-19 solo ha empeorado este oscurantismo. Al ser virtual la reunión para mantener la seguridad frente al coronavirus, cada ministro emitió su voto desde el despacho de su capital mediante una aplicación electrónica "completamente anónima, nadie podrá ver lo que vota otro. Y sólo dos funcionarios del Consejo, a cargo del proceso de elección, sabrán el número de votos que recibe cada candidato", confirmaron antes de la reunión fuentes comunitarias.

El resultado de la primera votación fue mejor de lo esperado: Calviño tenía 9 votos e incorporaba a Malta, socialdemócrata aunque escondió el sentido de su apoyo hasta última hora, y a Chipre, conservadora pero afín a los planteamientos de España o Italia sobre más integración económica en la eurozona y en favor de transferencias a fondo perdido del Fondo de Recuperación.

Donohoe y Gramegna sólo alcanzaron cinco votos cada uno. Y pasado unos cuarenta minutos de receso, el luxemburgués tiraba la toalla y decidía no presentarse a la segunda votación. Sólo había que convencer a un gobierno liberal. Países Bajos era imposible, dada la belicosidad de su Ejecutivo contra la política económica española. Bélgica o Luxemburgo parecían más sencillos ya que a lo largo de los últimos meses de pandemia han defendido una respuesta europea más ambiciosa contra la crisis de la 'Gran Reclusión'. Incluso un socio del norte como Estonia podía ser cortejado.

Pero los equilibrios de poder dentro del Eurogrupo son tan enrevesados que no sólo dependen de dicotomías tradicionales como norte-sur o 'halcones' versus 'palomas'. Un Gobierno conservador como el griego o el finlandés de coalición, con un primer ministro socialdemócrata y un responsable de finanzas liberal, votaron por Calviño. Que Bruselas o Luxemburgo haya pedido como España o Italia también un amplio Fondo de Recuperación no significa que sus políticas económicas sean semejantes. Y eso estalló en la segunda votación.

La victoriosa alianza de pequeños y mercantilistas

Luxemburgo es un pseudo paraíso fiscal para las grandes multinacionales, igual que Irlanda. La insistencia del Gobierno español y de Calviño en crear la Tasa Google no ayudaba en sus aspiraciones y menos que desde la Presidencia del Eurogrupo se pudiese lanzar una ofensiva en pos del impuesto digital en toda la eurozona y presionar sobre la armonización fiscal. En Bélgica hay una primera ministra afín con España durante la pandemia, pero en su Gobierno de coalición la cartera de Finanzas la dirigen los liberales flamencos, primos hermanos del holandés Rutte.

La segunda votación fue mucho más rápida, el resultado se filtró inmediatamente y corrió de móvil en móvil y por las redes sociales. Era un mazazo para Calviño y el Ejecutivo de Sánchez. 10 a 9, los gobiernos liberales y conservadores se unieron, Madrid fue incapaz de ‘comprar' el voto de un pequeño socio a cambio de su futuro apoyo incondicional en dosieres europeos que le afectasen.

Como acostumbra a decir en Bruselas un alto dirigente del Partido Popular Europeo, “no es nuestra culpa si sabemos negociar”. Los populares supieron convencer a los liberales sobre su candidato irlandés.

Los 10 votos obtenidos por Paschal Donohoe para convertirse en el primer irlandés que preside el Eurogrupo beben mucho del grupo llamado “Nueva Liga Hanseática”, que aglutina a Holanda, Irlanda, las repúblicas bálticas, Finlandia y también a socios no-euro como Dinamarca o Suecia. Les une su apuesta por el libre comercio y el mercantilismo, su rechazo a una mayor integración económica europea que ceda transferencias y poder de decisión a Bruselas y suponga una mutualización de los riesgos, sea el soberano de la deuda o las garantías de depósitos bancarias, también su gusto por hacer la vista gorda en cuanto a tributación digital y sobre la nueva economía. Y rechazan firmemente los fallos del Estado de Bienestar en el sur europeo.

Es el núcleo irradiador de la alianza que aupó a Donohoe a la presidencia del Eurogrupo. Con los votos de Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Austria, Estonia, Lituania y Letonia, Eslovaquia, Eslovenia e Irlanda. Los diez pequeños contra Alemania, Francia, Italia y España.

Cinco años después del fiasco de Luis de Guindos, un Gobierno de otro color vuelve a perder en su asalto al Eurogrupo. Entonces era popular y contó con el apoyo de Alemania, pero sufrió también ante pequeños que votaron por un halcón socialdemócrata. Ahora, con una economista socialdemócrata del 'establishment' bruselense, España vuelve a perder, y eso que de nuevo tenía el respaldo germano. Los pequeños le dan la espalda y apuestan de nuevo por un ministro del norte volcado en el libre comercio. Es la eurozona de gobiernos populares y liberales, sin Merkel y Macron de su lado.

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