Convertirse en criminal para cazar a 'los malos'

  • Trabajando como agente infiltrado enCalifornia, Russell Jones descubrió que las operacionesantidroga no son tan bonitas como las pintan en EEUU:  "Me quedé estupefacto con lo que estabaocurriendo. Vi a gente traspasar los límites".

Cae un grupo de narcos que recogían cocaína de buques mercantes para su distribución en España e Italia
Cae un grupo de narcos que recogían cocaína de buques mercantes para su distribución en España e Italia
Ioan Grillo, Ciudad de México (México) | GlobalPost

Abren cuentas bancarias con nombres falsos y las llenan con dinero del narcotráfico. Tienen a criminales convictos en nómina y participan en el contrabando de armas a través de la frontera. Suministran camiones y barcos a quienes quieren transportar cocaína.

Pero no son traficantes de drogas: son agentes de las fuerzas de seguridad estadounidenses a quienes se les paga para atrapar a narcotraficantes.

En momentos críticos en los que México vive la mayor ola de violencia por las drogas en su historia, han salido a la luz una serie de escándalos en los que están implicados agentes estadounidenses encargados de la lucha contra los cárteles mexicanos en la frontera.

Estas patatas calientes, en las que se han visto envueltas al menos cuatro agencias de seguridad de EEUU, ponen de relieve las estrategias de dudosa ética que se han estado aplicando en la lucha contra las drogas durante décadas. También son la demostración de que hay agentes antidroga que están librando una batalla muy difícil y frustrante con tácticas que conducen a más violencia.

"En el nombre de un dios superior, los agentes cometen pequeños pecados. Pero son pecados, al fin y al cabo", asegura Bruce Bagley, experto en la lucha contra las drogas en América Latina de la Universidad de Miami. "Estas no son sólo zonas grises en las que se adentran los agentes. A menudo hay zonas negras".

Estas tácticas polémicas son fruto del propio carácter del negocio contra el que luchan los agentes. En contraste con los grupos tradicionales de delincuentes, como los ladrones de bancos, el comercio de drogas es una industria mundial en la que participan miles de personas y se generan ingresos anuales por miles de millones de dólares.

En las décadas transcurridas desde la creación en 1973 de la Agencia Antidroga de EEUU (la DEA por sus siglas en inglés) por parte del presidente Richard Nixon, los agentes se han dado cuenta de que las pequeñas redadas callejeras no hacen daño a los traficantes. Para destronar a los reyes de los cárteles tienen que infiltrarse en sus organizaciones. Y esto significa que hay agentes que trabajan como traficantes y que pagan a criminales para mantenerles informados.

"Para construir los casos contra los grandes, tenemos que introducirnos en su mundo", asegura un agente de la DEA que ha trabajado infiltrado como traficante en los cárteles mexicanos. "De otro modo sólo estás reventando pequeños cargamentos a los que llegas por fortuna".

Como parte de su estrategia contra la droga que comenzó en 2006, el presidente mexicano Felipe Calderón ha animado a los agentes estadounidenses a aumentar su lucha contra los cárteles. Como consecuencia de ello, las agencias de EEUU han aumentado el número de infiltrados y de operaciones en México hasta niveles desconocidos hasta ahora, dicen los agentes.

Pero estas operaciones han generado algunos escándalos graves e incómodos.

Primero, se descubrió que agentes de Inmigración y Aduanas de EEUU habían estado pagando a informadores que estaban cometiendo asesinatos de manera habitual en el norte de México desde 2004.

Después se supo que agentes de la Agencia de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego habían dejado que algunas armas legales pasaran a manos de matones mexicanos.

Fue durante la Operación Fast and Furious, en 2009 y 2010. Los agentes esperaban que esas armas, compradas en tiendas de EEUU, les ayudasen a atrapar a los capos, pero muchas de ellas acabaron en las escenas de crímenes en México, lo que provocó la exigencia de dimisiones en Washington D.C.

Y recientemente un reportaje en The New York Times señalaba que agentes de la DEA contribuyen a lavar dinero de la droga con el fin de atrapar a los traficantes.

Estos escándalos han enturbiado la alianza contra las drogas de México y EEUU. Analistas y políticos de la oposición en México sostienen que esto demuestra que agentes de EEUU son cómplices en la violencia de los cárteles de la droga que está recorriendo el país.

Desde 2006 se han producido en México más de 50.000 asesinatos relacionados con las drogas.

Los jefes de las fuerzas policiales de EEUU sostienen por su parte que todas esas informaciones han acabado en la caída de algunos de los principales capos de la droga, como Arturo Beltrán Leyva, el "jefe de los jefes", quien fue asesinado por marines mexicanos en 2009.

"Bajo el liderazgo del presidente Felipe Calderón la cooperación entre EEUU y México está en su mayor nivel histórico", aseguró la administradora de la DEA, Michelle Leonhart, en una intervención ante el Congreso.

Quienes critican esta forma de gestión dicen que el principal problema es que todos esos agentes están luchando una guerra que simplemente no se puede ganar. Cuando grandes narcotraficantes como Beltrán Leyva han caído, lo único que se ha logrado es aumentar la violencia entre clanes que compiten por aumentar su imperio.

"A los agentes les frustra la falta de resultados, y cada vez asumen estrategias de mayor riesgo", asegura Bagley.

Trabajando como agente infiltrado en California, Russell Jones descubrió de primera mano que las operaciones antidroga exigen decisiones difíciles.  "Me quedé estupefacto con lo que estaba ocurriendo. Vi a gente traspasar los límites", afirma Jones, que acabó dejando la Policía y uniéndose a una organización a favor del cambio de las políticas antidroga.

"Vi lo que estaba ocurriendo y me salí. No se trata de unas cuantas manzanas podridas. Es la cultura de toda la guerra contra las drogas. Lo que está ocurriendo ahora en México es especialmente preocupante. A los agentes se les ha dejado hacer circular dinero que se puede usar para pagar asesinos", dice Jones. "No podemos ganar esta guerra. Tenemos que buscar soluciones alternativas".

Mostrar comentarios