Lunes, 20.11.2017 - 07:19 h

EEUU ocultó horribles abusos sexuales de niños cometidos por la policía afgana

  • Los soldados conocían y denunciaron los abusos, pero sus mandos les obligaron a callar.
  • "No podemos obligar a los afganos a ser como nosotros creemos que es moralmente mejor", se justifica un coronel.
Afganistán registra en 2014 el mayor número de niños muertos desde hace siete años

"Por la noche les oímos gritar, pero nos nos permiten hacer nada". Ese era el peso que aplastaba la conciencia del soldado Gregory Buckley Jr., que estaba de misión en Afganistán.

Los chillidos que le torturaban procedían de niños, muchos niños indefensos que noche tras noche, año tras año, los policías afganos violaban una y otra vez sin compasión.

Todo eso lo sabían los soldados americanos desplegados en Afganistán. Se suponía que estaban allí para ayudar a la población local e instruir a las nuevas fuerzas de seguridad tras la caída del régimen talibán.

Pero callaron. Tuvieron que callar. Por órdenes del alto mando, estaban obligados a guardar silencio de lo que habían oído tras las frágiles paredes de los cuarteles.

Hasta que esa olla a presión de porquería estalló en la opinión pública. El rotativo estadounidense New York Times ha publicado testimonios del horror vivido aquellos años.Mirar hacia otro lado

Los policías afganos raptaban a niños y los llevaban al cuartel para abusar de ellos. El padre de Gregory Buckley ha declarado que las autoridades estadounidenses conminaron a sus tropas a guardar silencio, argumentando que eran costumbres asociadas a la cultura local: "Les dijeron que miraran hacia otro lado".

Efectivamente, la pedofilia o el abuso de niños para divertirse recibe el Afganistán el nombre de Bacha Bazi, y se trata de una práctica ancestral. Ha resistido incluso al régimen de los talibanes, que lo prohibió por considerarlo contrario a la 'sharía'. A pesar de las muchas denuncias, el ejército de los EEUU no ha perseguido esas prácticas.

Pero los abusos, y el silencio permisivo que les rodeó, era una bomba de relojería. Hace tres años, el marine murió asesinado junto a dos compañeros en un ataque a la base militar de la provincia de Helmand, donde estaba destinado.

Antes de su muerte, Buckley había denunciado que el comandante de la policía afgana, Sarwar Jan, tenía un séquito de menores a su servicio. Fue uno de esos menores quien cogió un arma y mató a los tres militares estadounidenses.Violación de una adolescente

Dan Quinn, un ex capitán de las Fuerzas Especiales, también quiso romper en mil pedazos aquel silencio cómplice.

Los testimonios de muchas humildes familias de los poblados vecinos se le hacían más insoportables que los ataques talibanes. Todas retrataban a unas pobres víctimas, los niños, y a unos villanos, los policías afganos, los mismos que estaban siendo entrenados por el ejército de los Estados Unidos.

Entre las confidencias que rasgaron el alma de Quinn destacaba la violación de una niña de 14 años, perpetrada por un comandante afgano. Cuando Quinn denunció el caso ante el responsable de los policías en la provincia, esté tomó una resolución monstruosa: obligar al policía violador a casarse con su víctima.

Horrorizado, Quin acudió a su inmediato superior. El oficial norteamericano le felicitó por haber denunciado el caso a las autoridades locales, pero luego se lavó las manos y le dijo que no podía hacer nada más. El marine se cuestiona ante el NYT con toda lógica: "Nos felicitan por hacer lo correcto y un tío se acaba de escapar después de violar a una niña de 14 años".Un golpe que le costó la carrera militar

Llegó un momento en que Quinn no pudo más. Fue en septiembre de 2011, precisamente diez años después del ataque terrorista que motivó la invasión estadounidense de Afganistán.

Un comandante de la policía afgana le reconoció que tenía encadenado en la cama a un menor que usaba como esclavo sexual. Cuando Quin se lo recriminó, el policía se rió en sus narices. Acabó pegándole y tirándole al suelo: "Quise asegurarme de que había entendido el mensaje de que no iba a tolerar eso", afirma el soldado.

Aquella amenaza resultaría funesta para el futuro del soldado Quinn en el ejército de los Estados Unidos. Le apartaron de su unidad y acabó por dejar la carrera militar.

Por el mismo camino va un compañero que presenció el suceso, el sargento Charles Martland, quien remitió un escrito al Ejército en el que declaró que moralmente no se sentía capaz de estarse quieto ante las atrocidades que estaba cometiendo la policía local afgana.Son sus 'valores'

Un diputado republicano de California han lanzado una campaña para evitar que Martland sea apartado de la carrera militar. Este soldado de 33 años ha sido condecorado con dos medallas de bronce.

Tendrán que enfrentarse a las normas de las Fuerzas Armadas de EEUU, resumidas en el las declaraciones del coronel Steve Johnson en relación a la práctica pedófila del Bacha Bazi en Afganistán: "No podemos imponer los valores estadounidenses en la cultura afgana, porque ellos son totalmente diferentes".

En declaraciones a The News Tribune, afirma que "no podemos usar nuestro poder para obligarles a ser lo que nosotros entendemos moralmente mejor", lo que ha levantado un enconado debate en redes.

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