Martes, 19.11.2019 - 09:31 h
La frontera invisible Norte-Sur

El muro virtual: un nuevo eje de la desunificación de Alemania

Casi inmediatamente después de haber derruido los infames ladrillos se comenzó a construir otro muro, invisible, que separaba de nuevo a los alemanes.

El Muro de Berlín en plena construcción
Construcción del Muro de Berlín. 

En 1960, un año antes de que se levantara el muro que separó físicamente a la República Democrática de Alemania (RDA) y a la República Federal (RFA), además de dividir Berlín, capital de la RDA, el ‘Land’ más pobre de ambas era la agrícola Baviera. La referencia de los historiadores alemanes es tan inapelable como sorprendente: la que ahora es de lejos la región más rica de toda Alemania ejemplifica una brecha entre la antigua división Este-Oeste que va más allá de la tradicional línea que separaba a 'las dos Alemanias', una incómoda realidad sobre la reunificación.

El problema ya no es la brecha entre la antigua RDA y la RFA, que en 30 años no se ha conseguido salvar, sino un nuevo muro virtual que ha virado unos cuantos grados hasta separar de Norte a Sur y no de Este a Oeste a los alemanes. Una línea que en vez de recorrer la antigua división acordada en 1945 en la Conferencia de Yalta entre Roosevelt, Stalin y Churchill, cuando el Tercer Reich se desmoronaba, sigue una más imaginaria, que podría coincidir con la línea 'Uerdingen' que separa los dialectos del alemán. Una de las diferencias más notables reside en que la antigua división política -después económica- era desigual: Alemania del Este solo representaba un tercio de la población, mientras que la nueva brecha representaría casi equitativamente al 50% de la población de ambas.

¿Qué estados la conforman? En el rico sur: Baviera y Baden Wurteemberg a la cabeza junto a Sajonia, Thuringia y Hesse. En el otro extremo del norte, la Alta y Baja Sajonia, Brandemburgo, Westfalia, Pomerania y Schleswigh-Holstein. En ambas divisiones, siguen estancados el ‘land’ de la capital Berlin -Brandemburgo-, Pomerania y la Alta-Sajonia, mientras que se han incorporado el resto, que eran parte del Oeste. En cambio habrían salido Sajonia y Thuringia, que pertenecían al Este y que ahora estarían en la parte más rica de Alemania. Según un estudio de 'The Economist' de 2017 tienen mejores colegios, consiguen trabajo más fácil, ganan más y viven más años. No era el primero en resaltar las diferencias.

La cuestión es que cada vez que se celebra una conmemoración de la caída del muro -este año la cifra redonda del 30º aniversario- surge la inevitable crítica sobre la reunificación de la RFA y la RDA en 1990. Es cierto que casi inmediatamente después de haber derruido los infames ladrillos y alambradas se comenzó a construir otro muro, invisible, que separaba de nuevo a los alemanes del oeste y del este.

Nunca las antiguas regiones de lo que conformaba la RDA tuvieron el mismo nivel de ingresos salariales, la misma tasa de empleo, productividad o capacidad de exportación. Es algo más que relevante porque aunque haya surgido el eje Norte-Sur, del que comenzó a hablarse tímidamente hace casi una década y con más aplomo desde hace dos años, confirmando la tendencia, la división Este-Oeste, que sigue siendo desigual, implica a la memoria social y política de un país: el fantasma de la RDA sigue estando presente entre sus ciudadanos y sus actitudes.

Durante estos treinta años, en Alemania se ha hecho un seguimiento de la convergencia de la reunificación, que nunca se ha producido a pesar de que se haya avanzado tanto en los últimos años. La diferencia entre la renta per capita sólo se redujo 4,2 puntos y los responsables del Gobierno federal reconocen que a pesar de los “éxitos” prevalece entre la población el escepticismo y disconformidad. Las cifras son tercas: prácticamente en todos los indicadores, desde salarios a esperanza de vida, están por debajo.

No sólo el antiguo ideal de la RDA -que ilusoriamente enarboló su presidente Walter Ulbricht en 1972 cuando aseguró que la República Democrática de Alemania adelantaría a la Alemania Federal- no se ha cumplido, sino que incluso tres décadas después de haberse desmoronado la economía planificada, siguen sin haber alcanzado los estándares del oeste.

La RDA se asentó sobre una importante región industrial que, sin embargo, a partir de la década de los 70 vivía en realidad de los subsidios, tanto de la URSS, como del propio Oeste. Se daba la paradoja que a pesar de ser la región del bloque soviético con una mayor capacidad seguía siendo económicamente débil. Cuando se derrumbó todo el sistema en noviembre de 1989, los alemanes del Este presionaron, de hecho, para integrarse a la par con sus hermanos del Oeste, tal y como ha señalado el profesor Wolfgang Seibel.

Berlín llega a la recta final de la conmemoración de la caída del Muro
La noche de la caída del Muro de Berlín. 

Esperaban lo que resultó imposible: un súbito despegue en la riqueza mientras se mantenían los beneficios sociales que garantizaba el estado comunista. Tal y como explica Charles Maier: “Los alemanes del Este se despertaron en el borde oriental de un Oeste post industrial que no necesitaban lo que ellos producían”, -‘Virtual Walls: Political Unificaction and Cultural Difference in Contemporary Germany’-.

Un detalle revelador es que hacia 2007, los trabajadores de la antigua RDA disponían de unos ingresos bastante mayores a los de la República Checa, pero seguían comparándose con los alemanes del Oeste cuando en realidad habían estado a la par que Checoslovaquia, también del bloque comunista durante más de 40 años.

Lo chocante es que a pesar de la gran distancia que existía entre las 'dos Alemanias', hubo otros factores decisivos para la brecha Norte-Sur que en realidad afectaban a las dos. Precisamente el declive del mundo industrial. Las regiones del Norte que incluyen en su mayoría a la antigua RDA, no sólo no eran más pobres, sino que con las mimas de carbón, la industria del acero y los astilleros eran regiones acomodadas, muy por delante del paradigmático caso de Baviera, el 'Land' más pobre en la década de los 60.

Sin embargo, la sucesiva crisis de la industria pesada a lo largo de los 70, 80 y 90 -que no fue exclusiva de Gran Bretaña-, afectó a ambas. No supieran reconvertirse, mientras en Baviera se invertía en I+D y surgían gigantes de la alta tecnología como Siemens o Daimler. Un aspecto que no habría explicado la reunificación.

La migración y el súbito descenso de población tanto en las antiguas regiones del Este como las del Norte, en beneficio de zonas como Baviera, que ya desde 1945 acogieron a una gran masa de trabajadores cualificados que huían del Este, habría beneficiado al 'Land'. Existen, sin embargo, algunas excepciones en la división Norte-Sur como Hamburgo, que está en el Norte y sin embargo goza de una economía boyante, y en el otro extremo, regiones también ligadas al carbón, como Saarland en el Sur.

Pero quizás la mayor diferencia de todas es que se trata, realmente de Múnich, Baviera, frente al resto. El verdadero polo que separa a Alemania y que algunos economistas auguran que seguirá creciendo. Mientras tanto, los políticos siguen ocupándose de conseguir reducir la brecha entre las antiguas RDA y RFA por una cuestión de memoria histórica y sentimental del país que excede en muchos aspectos los estándares económicos.

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