Martes, 19.03.2019 - 10:04 h

El último rey absoluto de África y sus 13 mujeres impasibles ante niños desmayados por el hambre

Mientras que la monarquía de Suazilandia se ha mantenido intacta ante los recortes presupuestarios del Gobierno, el pueblo no tiene acceso a las medicinas, los niños se mueren de hambre y el VIH está carcomiendo al 25% de los adultos. Pero el silencio ante esta situación ha empezado a romperse.
 

Diez mil personas protestan en Suazilandia contra la última monarquía absolutista de África

Cada año, el gobernante de la última monarquía absoluta de África pasa un periodo de reclusión, un ritual tradicional de limpieza que dura meses y que desconecta el Gobierno en su ausencia.

El último encierro del rey Mswati III en uno de sus múltiples y lujosos palacios se produjo en un momento en el que Suazilandia estaba cerca del colapso debido a una crisis financiera agobiante, provocando protestas y el desafío más grande de la historia de su reinado.

Cuando el rey ha vuelto a la vida pública este mes, y mientras continúa la crisis, se enfrenta a nuevas protestas de los activistas y dirigentes sindicales para aflojar su control del poder.

Mientras que Mswati, sus 13 esposas y su extensa familia se han mantenido a salvo del severo recorte presupuestario del Gobierno, los suazis de a pie  de todos los sectores de la sociedad están sufriendo.

Hay una escasez enorme de medicamentos antirretrovirales, un problema muy grave teniendo en cuenta que Suazilandia tiene las tasas de infección por VIH más altas del mundo, un 25% de la población adulta.

Cientos de estudiantes universitarios tuvieron que dejar sus estudios debido a que no llegó el pago de las becas por parte del Gobierno. Las personas mayores pasan hambre porque no pudieron sembrar sus cultivos básicos debido a que el dinero de sus pensiones llegó tarde.

Kholwane Primary, una escuela rural cerca de la ciudad de Manzini, se vio obligada a cerrar antes de las vacaciones de diciembre porque no había dinero para el agua potable, o para los almuerzos de los niños, que necesitan comer algo sus para tolerar sus medicamentos antirretrovirales.

La directora de la escuela, Simangele Mmema, explica que muchos de estos niños no tienen nada que comer en casa  y se desmayaban de hambre en medio de las aulas.

"A veces me rompo por dentro", dice Mmema. "Me rompo y lloro"."En los Estados democráticos, el Gobierno hubiera dicho "fracasamos" y hubiera dimitido. Pero en Suazilandia no", añade.

Mientras el rey culpa a la crisis económica mundial de los problemas del país, la principal causa fue la reducción de los ingresos de la unión aduanera regional, principal fuente de ingresos del Gobierno.

A pesar de la crisis económica, el Rey Mswati, cuya fortuna personal se estima en 200 millones de dólares, ha continuado gastando el dinero público en proyectos de pura vanidad: la pavimentación de los caminos reales privados, la construcción de nuevos palacios para sus mujeres, la construcción de un enorme centro de conferencias junto a uno de los palacios, e incluso un nuevo aeropuerto con una terminal independiente para la realeza.

Suazilandia, un pequeño país sin salida al mar, tiene una población de 1,4 millones con dos tercios de los suazis viviendo con menos de 1 dólar al día. La esperanza de vida es de 48 años.

Mswati, que ha gobernado el país desde 1986, se ha beneficiado de un verdadero amor y reverencia hacia el rey entre la población mayoritariamente tradicional y rural de Suazilandia. En la escuela, los niños aprenden a cantar canciones de alabanza hacia el rey, comenzando a una edad temprana.

Muchos suazis se niegan a hablar mal de Mswati, y le atribuyen mantener el país estable.

Pero en el último año, este sistema de lealtad ciega hacia un gobernante absoluto ha empezado a quebrarse. Se está gestando una oposición crítica contra Mswati y sus súbditos ya no tienen miedo de hablar.

A principios del año pasado, cuando estallaron las revoluciones de la Primavera Árabe en el norte de África y en Oriente Medio, los activistas de Suazilandia y los sindicatos salieron a las calles de Manzini, la ciudad más grande, y de Mbabane, la capital, para protestar por la democracia. Las fuerzas de seguridad tomaron rápidamente medidas drásticas contra la disidencia.

Sin embargo, durante todo el año continuaron diferentes formas de protestas. Los abogados boicotearon los tribunales durante cuatro meses en protesta por las interferencias judiciales del rey. Los funcionarios públicos, una fuerza importante en el país, amenazaron con ir a la huelga si no percibían a tiempo sus salarios, exigiendo a Suazilandia que pidiese dinero a Sudáfrica y finalmente que pidiese préstamos bancarios.

Mswati salió del aislamiento a fines de diciembre para dar su informe anual de la dirección del Reino dirigiéndose a cientos de guerreros tradicionales en una aislada villa real. Culpó a los "celosos" extranjeros de los problemas económicos de Suazilandia.

Pero el FMI ha dicho que Suazilandia podría permitirse pagar a sus funcionarios públicos si gastase menos en el ejército, la policía, y los sobresueldos para políticos.

Ya se están planeando protestas a través de grupos de Facebook para el 12 de abril, el aniversario de la prohibición de los partidos políticos, una prohibición que todavía sigue existiendo.

El año pasado, la marcha del 12 de abril atrajo a miles de personas, aunque el movimiento prodemocracia no consiguió convertirse en un efecto bola de nieve. Sibongile Mazibuko, presidenta de la Asociación Nacional de Profesores de Suazilandia, ha sido detenida e interrogada por la policía, y se le impidió viajar a las marchas pro-democracia, pero ella se niega a dejarse intimidar.

En un reciente discurso, dijo en una reunión de miembros del sindicato que el rey podría terminar como Muamar al Gadafi, que acabó en el arroyo, si no permite la democracia.

"Estoy dispuesta a pagar con mi sangre por la democracia", dijo a los maestros que la aclamaban.

Mazibuko afirmó que el sistema de Suazilandia es peor que el del apartheid de Sudáfrica. Durante el apartheid, Suazilandia era un bastión de la libertad para los sudafricanos que buscaban escapar de la minoría blanca.

"La gente tiene miedo. No critica abiertamente al rey, pero la gente me ha dicho: "Seguid adelante, no abandonéis la lucha" - incluyendo a personas cercanas al rey", aseguró.

"Pero tienen miedo. Tienen que ser valientes".

Mazibuko añadió: "Voy a decir las cosas y me enfrentaré a las consecuencias, o la gente morirá".

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