En París los taxis también se rebelan... contra los "moto-taxis"

  • Mientras en España los taxistas salían a la calle recientemente para protestar contra el artículo de la llamada "Ley Ómnibus", porque facilita la liberalización del sector, en París el mismo gremio también se ha echado a las calles por una situación parecida. Pero además, ellos se quejan de la nueva moda del "moto-taxi" que creen que les quita clientes injustamente.
Un "moto-taxista" recoge a un cliente en el aeropuerto de Orly (París)
Un "moto-taxista" recoge a un cliente en el aeropuerto de Orly (París)
Mildrade Cherfiels | GlobalPost para lainformacion.com
Mildrade Cherfils | GlobalPost para lainformacion.com
Mildrade Cherfils | GlobalPost para lainformacion.com

(París, Francia). Las motos con chófer se han convertido en una atractiva alternativa a los taxis tradicionales y los viajeros más entendidos ya los usan. Pero no se trata de un paseo en moto común y corriente. Normalmente el viaje incluye una especie de manta para protegerse del frío, una chaqueta impermeable y un casco con micrófono para que pasajero y conductor puedan comunicarse durante el viaje o simplemente oír la radio.

Por razones sanitarias, el pasajero también recibe una funda para el casco. Pero la principal ventaja del taxi-moto es una que los taxis tradicionales no pueden ofrecer: "Lo que vendemos a los clientes es tiempo y el tiempo es oro", indica Sylvain D'Andrea, que lleva dos años trasladando a hombres y mujeres de negocios al aeropuerto. Las motos se escabullen fácilmente entre el tráfico parisino en horas punta, algo que sus rivales tradicionales no pueden ofrecer.

D'Andrea, de 37 años, dice que realiza un promedio de seis a siete viajes por día. Un viaje dentro de París cuesta unos 35 euros mientras que un viaje desde o hacia el aeropuerto Charles de Gaulle vale 75 euros. Sí, sí, ha leído bien. El viaje en moto cuesta un 20 por ciento más que un taxi normal, que en París habitualmente es un lujoso sedán.

Los taxistas se quejan y hablan de intromisión en el negocio, competencia desleal y amenaza a su sustento. Hace unas semanas, un centenar de taxistas protestó por la situación y decidió circular a la velocidad mínima permitida entre los aeropuertos y el centro de París. La huelga, denominada "Operación Caracol", fue convocada por el sindicato de Defensa de los Conductores de Taxi Parisinos. Otros grupos que no se sumaron a la protesta dicen que también les apoyan.

Los taxistas acusan a los motoristas de no cumplir la normativa que prohíbe llevar logos de gran tamaño o usar la palabra "taxi" como parte de su nombre o promoción, pues la mayoría de los usuarios habla normalmente de "taxi-motos".

El gremio de los taxistas se opone a una propuesta del gobierno que otorga licencias a empresas de manera gratuita, pese a que un particular puede tardar hasta 17 años en conseguir una. También protestan por la retirada del carnet de conducir a un conductor que pierda seis puntos de una vez, y al hecho de que los autocares y motoristas puedan dejar pasajeros en las paradas reservadas para taxis.

La manifestación acabó en una reunión con el jefe de policía que permitió a los conductores exponer sus quejas antes de que se adopten nuevas medidas. "Es lo que esperábamos", declara Hassan Mounir, tesorero del sindicato en huelga que fue informado de la reunión, ya que no pudo asistir. "Nuestra protesta ha dado frutos, nos han escuchado", añade.

Las nuevas normativas estipulan que las empresas no recibirán licencias gratuitas. Las del próximo año se asignarán a 223 conductores en lista de espera, anunció el sindicato. Además, sólo los conductores que sistemáticamente desobedezcan las normas de circulación se arriesgan a perder el permiso de conducir. Los motoristas y conductores de furgonetas dedicados a dar servicios de enlace y que salgan a captar clientes por su cuenta afrontan una multa de 15.000 euros y seis meses de prisión.

"Se supone que han de tener una reserva para recoger a un usuario, pero lamentablemente vienen a captar clientes", explica Mounir, en alusión a los motoristas. Los taxistas normalmente han de esperar en el aeropuerto dos horas si quieren coger un cliente para regresar a la ciudad ocupados, añade Mounir, que ha sido taxista durante seis años. "Nosotros no tenemos derecho a captar clientes, nos pueden sancionar y perdemos 10 días de trabajo".

Franky Lirus trabaja en el negocio de taxi-motos desde el 2002 y ahora lo hace por cuenta propia. Señala que hay algunos que no respetan las normas del negocio, pero que no se puede generalizar. Más aún, afirma que los mismos taxistas que protestan contra las motos no quieren que se regule el sector porque esto legitimaría la competencia.

El ministerio del Interior regula el gremio del taxi mientras que los conductores de taxi-moto se regulan a sí mismos. Han equipado sus vehículos con bioetanol y se han unido para instalar un mostrador en el aeropuerto de Orly, donde los clientes puedan hacer reservas.

"Incluso sin una ley, existimos", apostilla Lirus. Mounir sostiene que existen unos 16.000 taxis tradicionales en París. Los conductores de motocicletas afirman que ellos son unos 300, "una gota de agua" en el negocio del transporte, añade D'Andrea. Y ya que son dos tipos de negocios que atraen a clientes diferentes, plantean: ¿hay algún problema con la libre empresa?"Ofrecemos un servicio que ellos no dan", dice Lirus, de 41 años. "No les robamos clientes".

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