Martes, 17.09.2019 - 07:25 h
Un lucrativo negocio

El precio de las bebidas alcohólicas abre una 'guerra' entre Estonia y Letonia

Miles de estonios cruzan al sur la frontera invisible hacia Letonia para aprovisionarse de alcohol de alta graduación y de cerveza.

El reducido precio del alcohol en Letonia atrae a sus vecinos. /Yle
El reducido precio del alcohol en Letonia atrae a sus vecinos. /Yle

Cinco países ribereños del Mar Báltico han intentado retirar a sus poblaciones de la "zona vodka" (y también cerveza) durante las últimas décadas, a diferente ritmo y con curiosos resultados a veces, el último de ellos una "mini guerra" fiscal entre Estonia y Letonia.

Miles de estonios cruzan al sur la frontera invisible hacia Letonia para aprovisionarse de alcohol de alta graduación y de cerveza, que es más barata en este país y ha creado un floreciente negocio en varias ciudades fronterizas. Ahora, un recorte del 25% en el impuesto al alcohol en Estonia amenaza a ese negocio y podría reducir los sustanciales ingresos fiscales del Tesoro letón procedentes de los "sedientos" compradores estonios transfronterizos.

El lado letón planea contraatacar con un impuesto propio, mientras las autoridades sanitarias en los dos países temen que la lucha por varias decenas de millones en ingresos fiscales cueste más en accidentes vinculados al consumo de alcohol, enfermedades y muertes.

Monopolio y tributos

Tres países nórdicos -Dinamarca, Suecia y Finlandia - han mantenido políticas oficiales restrictivas durante décadas, con monopolios de venta en los dos últimos y elevados impuestos en bebidas alcohólicas en los tres. La red sueca de tiendas Systembolaget está considerada como unas de las pocas empresas del país cuyo objetivo es reducir sus ventas cada año.

Como su vecina Finlandia en el este y Noruega al oeste, Suecia era un país de granjeros grandes consumidores de alcohol hasta el siglo XX y hasta 1955 tenía un sistema mensual de racionamiento de alcohol que exigía un sello en una cartilla por cada compra. Por eso no sorprendió el florecimiento de las ventas de alcohol barato en las líneas de ferry a través del Báltico antes de que Estonia, Letonia y Lituania accedieran a su independencia.

A principio de la década de 1990 los sorprendidos turistas escandinavos en Riga podían ver puestos de venta callejeros que vendían botellas de alcohol casi puro junto a cajas de bananas, un bien escaso durante la ocupación soviética. Ahora los tres países bálticos gravan las ventas de alcohol y restringen a ciertas horas del día y de la tarde la posibilidad de comprarlo.

El abuso del alcohol ha sido un problema en Letonia, donde la taberna del pueblo junto a las estrictas iglesias luteranas eran un instrumento para mantener bebidos a los agricultores letones y así sometidos al control o de los terratenientes alemanes o del Zar ruso. La llegada de miembros de la Iglesia morava y las fundaciones de las congregaciones de los Brethren en Letonia a finales del siglo XVIII y en el XIX fomentó tanto la restricción y un cierto tipo de igualitarismo, que puso en peligro el orden social.

Sin embargo, muchos letones siguieron con la costumbre de beber en exceso en el siglo XX, especialmente bajo el régimen soviético, cuando la bebida en el puesto de trabajo, aunque denostada, era una práctica corriente.

Los últimos acontecimientos relacionados con esta "guerra del alcohol" sucedieron antes del reciente solsticio de verano, momento del año de gran consumo de cerveza y motivo de celebraciones a ambos lados de la frontera.

Supuesto acuerdo

El primer ministro letón, Krisjanis Karins, dijo que Estonia había violado un acuerdo previo para no hacer cambios en los impuestos sobre el alcohol sin consultar antes, algo que el ministro estonio de Interior, Mart Helme, dijo que no era cierto y que no había ese tipo de convenio.

Mientras tanto, a pesar de que el recorte del 25% en el impuesto entrará en vigor en julio, las ventas transfronterizas crecieron antes del fin de semana festivo del solsticio veraniego, especialmente en la "ciudad dividida" de Valka (Letonia) y Valga (Estonia).

Un fin de semana reciente se produjo una afluencia de compradores estonios en muchas tiendas y supermercados del lado letón de la frontera, ávidos de ahorrar algo de dinero en cualquier tipo de alcohol. Algunos llegaron a pie, otros condujeron grandes distancias en automóvil para aprovisionarse de vodka, cerveza y otras bebidas alcohólicas.

Según la Cámara de Comercio Letona, el 52% de los estonios que visitaron Letonia en 2018 compraron alcohol cuando estuvieron en este país. Una botella de ron de un litro cuesta actualmente un tercio menos en Valka de lo que cuesta en Tallin, la capital estonia.

La decisión de bajar el impuesto en Estonia sigue a una campaña del conservador Partido Popular de Estonia (EKRE) a principios de este año; el partido obtuvo resultados inesperadamente buenos en los comicios generales de marzo y accedió al Gobierno de coalición.

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