Hillary manda en la política exterior de Estados Unidos

  • La secretaria de Estado actúa discretamente mientras Holbrook y Mitchell –los enviados especiales para Oriente Medio y Afganistán- pasan por una mala racha

HDS Greenway | GlobalPost para lainformacion.com
HDS Greenway | GlobalPost para lainformacion.com

BOSTON – Cuando el presidente Barack Obama escogió a Hillary Clinton para el cargo de secretaria de Estado, la intención era unir a un partido tremendamente dividido, tras una de las primarias más disputadas y largas de que se tiene memoria.

La vicepresidencia estaba descartada. Se habían dicho muchas cosas al respecto, entre ellas, la famosa declaración de Clinton de mantenerse en una dura batalla porque el asesinato de Bobby Kennedy había demostrado que nunca se sabe lo que depara el destino. En segundo lugar, nadie en el equipo de Obama quería tener tan cerca a Bill Clinton.

De modo que Obama optó por darle el cargo más destacado del gabinete. En realidad, la Secretaría de Defensa se ha convertido en un premio más codiciado, pero Hillary Clinton en la Secretaría de Estado aportaba todo el simbolismo necesario para atraer a los desencantados seguidores de la ex senadora.

Papel en la sombra

Pero Obama estaba preocupado, no fuera que Hillary intentara crear su propio centro de poder en el Departamento de Estado. La designación de un hombre de gran prestigio como Richard Holbrooke para hacerse cargo del mayor problema exterior de EEUU, a saber Afganistán y Pakistán, hace sospechar que Obama quería que Hillary estuviera un poco en la sombra.

La misma lógica se podría aplicar a la nominación de George Mitchell como enviado especial para el conflicto entre Israel y Palestina. Ambos tienen una trayectoria impresionante como mediadores. Mitchell fue fundamental para traer a la paz a Irlanda del Norte mientras que Holbrooke acabó con la guerra de los Balcanes gracias a sus drásticas tácticas de negociación.

Por otra parte, Hillary Clinton no tenía verdadera experiencia en política exterior, más allá de acompañar a su marido [como primera dama]. Durante las primarias, Hillary Clinton se había burlado de Obama por su ingenuidad en asuntos internacionales. Pero como dice el refrán, mantén a tus amigos cerca y aún más cerca a tus enemigos. La Secretaría de Estado es lo más cerca que Obama podía permitirle a Hillary.

Actualmente se comenta que los dos enviados especiales de Obama han perdido su aura. Mitchell, tranquilo y pausado, va y viene entre palestinos e israelíes, pero no tiene ningún logro que destacar.

Holbrooke, siempre en movimiento, recorre el mundo, se reúne con gente y presiona. Sin embargo, cuando llegó el momento de obligar a Hamid Karzai a una segunda vuelta electoral, fue el senador John Kerry el responsable de la misión. Holbrooke y Karzai ya habían protagonizado un memorable altercado en agosto, tras el cual Karzai declaró que había sido intimidado. Holbrooke respondió que no sucedió nada de esa naturaleza.

He visto y entrevistado más de una vez tanto a Karzai como a Holbrooke. Por eso, me imagino que ambos decían la verdad desde su propia perspectiva. Para Holbrooke, el encuentro no era más que otra reunión. Pero para Karzai, el enérgico Holbrooke puede parecer amenazante.


Difícil misión

Siempre se supo que la misión de Mitchell en Oriente Medio iba a ser difícil, en especial por el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, que no quiere tener nada que ver con la independencia palestina, y por los cada vez más divididos palestinos. El propio Obama perjudicó el trabajo de Mitchell antes de empezar cuando echó pie atrás a su exigencia inicial de que se suspendieran los asentamientos israelíes.

Como he señalado antes en este mismo lugar, Obama y Netanyahu se miraban a los ojos a la espera de ver quien pestañeaba primero. Y resultó ser Obama. Al renunciar a la suspensión de los asentamientos, el presidente norteamericano acabó con la pequeñísima posibilidad de éxito que tenía el conflicto israelí-palestino durante su mandato.

La misión de Holbrooke es aún más difícil. En Afganistán, la insurgencia sigue fuera de control y lucha contra el enemigo desde posiciones seguras. Pakistán también presenta sus propias debilidades. El ejército de ese país finalmente lucha contra los talibanes en Waziristán, como lo había pedido EEUU, pero si nos fijamos en detalle, vemos que la campaña es contra los talibanes paquistaníes, y no incluye a los talibanes afganos, que siguen atacando a los norteamericanos.


Ayuda a los talibanes

Asimismo, se mantienen las sospechas de que existen elementos de la inteligencia paquistaní que ayudan a los talibanes afganos, una acción que es interpretada como un as bajo la manga contra la influencia india, en caso que los norteamericanos regresen a su país.

¿Ha roto Holbrooke todos los puentes de comunicación con Karzai, un hombre que probablemente ganará la nueva elección? No, porque ni Karzai ni Holbrooke se lo pueden permitir. Pero sería un error que [la negociación] se transformara en el típico juego de EEUU de intimidar a las marionetas pro-norteamericanas. Esto sencillamente perjudicaría a Karzai a los ojos de su pueblo y sería más difícil que hiciera lo que queremos que haga.

 

En los éxitos anteriores de Mitchell y Holbrooke, sus interlocutores ya habían tirado la toalla. Los británicos y el IRA ya habían decidido abandonar la lucha armada en Irlanda del Norte, antes de que Mitchell les ayudara a llegar a un pacto. Y los serbios también se habían rendido antes que Holbrooke les hiciera firmar un acuerdo. Sin embargo, en Afganistán, Israel y Palestina, sus combatientes no están -por ahora- dispuestos a abandonar la lucha.

*HDS Greenway es el responsable de opinión y análisis en GlobalPost. Se retiró recientemente de The Boston Globe donde fue el encargado de abrir varias corresponsalías. Este periódico publica habitualmente una columna suya, que también aparece en TheInternational Herald Tribune.

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