Jueves, 22.08.2019 - 07:32 h
Bruselas rechazará cualquier cambio

El imposible plan de May para el Brexit que no pasará el veto de la Unión Europea

Ha anunciado un nuevo acuerdo con 9 puntos retocados para convencer a la oposición en la cuarta votación, sin haber hablado con Bruselas.

Theresa May, ¿ante su última oportunidad?
Theresa May, ¿ante su última oportunidad? / EFE

Theresa May ha dado un giro de tuerca más a la cuestión del Brexit, después de ofrecer a la oposición un nuevo acuerdo con 9 puntos retocados respecto al sellado con la UE en noviembre de 2018. Su idea es que los aspectos más controvertidos de aquel texto, rechazado en tres ocasiones distintas por los comunes, desaparezcan o se modifiquen lo suficiente como para que los laboristas, los proBrexit y los unionistas le den su apoyo en una cuarta votación, en principio prevista para el próximo 3 de junio. Todo ello sin contar con la UE, que en principio se negará a negociar el nuevo acuerdo.

Con este movimiento, May cede por fin a las demandas de Jeremy Corbyn, el Partido Unionista y los diputados díscolos que han torpedeado su acuerdo desde las filas del propio Partido Conservador: abre la puerta a un segundo referéndum, así como a la búsqueda de una solución para el problema de la salvaguarda irlandesa o para la relación comercial con la UE tras el Brexit. Sin embargo, podría tratarse de un esfuerzo baldío, ya que ni siquiera ha logrado llegar a un acuerdo con los partidos de la oposición sobre el nuevo texto, que ha presentado este martes por voluntad propia ante los medios.

Este hecho, que podría parecer irrelevante, supone que May se encuentra sin apoyos en el resto de partidos. Eso sí, ayer aseguraba su intención de llegar a un consenso. "Tras tres votaciones, no podemos abandonar la UE sin un acuerdo entre todos los partidos", reconocía, al tiempo que afirmaba que "9 de cada 10 conservadores están de acuerdo en dar una oportunidad a este acuerdo". Ese respaldo desde su propio partido podría ser vital de cara a una votación sobre el nuevo acuerdo, pero viendo los precedentes -en las tres anteriores ni laboristas ni 'tories' siguieron la disciplina de voto-, parece complicado que no le salgan detractores en bancadas inesperadas.

¿La última bala de May?

El gran problema es, quizás, que tras tres votaciones fallidas sea ahora cuando May decide someter a votación en la Cámara de los Comunes un posible acuerdo antes de negociar con la UE. Este proceder, que le demandaban tanto 'tories' como laboristas y unionistas, en el mejor de los casos despierta recelos en Bruselas, donde llevan repitiendo el mantra del 'no es no' sanchista desde el pasado noviembre: no se toca ni una coma del acuerdo ya suscrito entre May y la Unión Europea.

"Sabía que lograr un acuerdo para el Brexit no iba a ser fácil, pero sigo pensado que la mejor forma de conseguir un buen Brexit es negociar una salida con la UE y la relación de después", explicaba ayer la primera ministra, quien reconocía que "no lo hemos conseguido hasta ahora. He intentado todo lo que he podido: he propuesto tres veces el acuerdo en el Parlamento y he ofrecido mi puesto para salvarlo". Sin embargo, a pesar de no haber alcanzado un acuerdo con Jeremy Corbyn, no se daba por vencida: "No creo que eso signifique que tengamos que rendirnos [...]. Hay una última oportunidad".

En cualquier caso, la opción del segundo referéndum (su mayor concesión a Corbyn) viene con trampa: May ha propuesto que los comunes puedan votar sobre la necesidad de otro proceso consultivo para ratificar este nuevo acuerdo, siempre y cuando se haya aprobado el texto por la cámara primero. "Se preguntará a los comunes si quieren un segundo referéndum sobre este nuevo acuerdo tras la votación en la cámara", explicaba ayer. Y quizás este punto sea el más inteligente de todos: si los comunes rechazan el nuevo acuerdo y si la UE se niega a negociar, May podrá escudarse en ambas negativas para desechar el segundo referéndum, por un lado, y para legitimar un Brexit 'duro', por otro.

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