Miércoles, 18.07.2018 - 14:51 h

La jornada semanal de 35 horas ha quedado en una reliquia en Francia

Reducir la jornada semanal a 35 horas fue la media estrella del gobierno socialista hace 10 años, 1998, pero tras numerosas reformas hoy por hoy casi ninguna empresa lo aplica. 

Algunos expertos apuntan a que no estuvo bien diseñada ni planificada y eso llevó a su fracaso. 

La jornada semanal de 35 horas ha quedado en una reliquia en Francia

Bajo el lema"Trabajar menos, para trabajar más personas y vivir mejor" el gobierno francés de Lionel Jospin aprobó la reducción de la jornada laboral semana de 39 a 35 horas el 19 de mayo de 1998. Hoy, 19 años después casi no se aplica en las empresas y las sucesivas reformas de los gobiernos de Hollande han trasformado la ley estrella de finales de los 90 en una reliquia. 

La idea era buena y se habían contemplado distintas medidas para no cargar a las empresas todo el coste de las medidas y se aprobó imponerlo de manera progresiva. Así, las empresas podrían voluntariamente la jornada laboral a los trabajadores a cambio de ayudas públicas y a cambio de la reducción de cotizaciones sociales en los nuevos contratos.

Al año siguiente, el plan se aplicó a las empresas de más de 20 empleados manteniendo los mencionados subsidios; y la implantación terminó en el año 2002 imponiendo la limitación de las 35 horas a las empresas de menos de 20 trabajadores, aunque con unos resultados decepcionantes (sólo redujeron la jornada el 18% de este tipo de empresas).

A partir de 2003, en lugar de seguir sumando adeptos, las empresas comenzaron a alegar excepciones y los trabajadores aumentaron de nuevo sus horas de trabajo a través de horas extraordinarias. De hecho, en 2008 el lema del nuevo gobierno francés rezaba "Trabajar más para ganar más". Principales modificaciones

Las modificaciones contemplaban, por ejemplo, que un empleador podrá superar el contingente de horas suplementarias actual situado en un máximo de 220 horas al año sin pedir la autorización de la inspección de trabajo siempre que no se superen las 48 horas extra semanales.

El empresario también podrá pedir de manera individual a sus cuadros renunciar a los días de descanso y trabajar hasta 235 días por año, incluso más, siempre que no se sobrepase el límite de los 282 días, si se llega a un acuerdo colectivo en el seno de la empresa al respecto. Además, cualquier jornada superior a los 218 días tendrá una bonificación de al menos el 10%, una ventaja que no existía con la ley Aubry.

Los Verdes interpretaron estas reformas como una manera no sólo de suprimir las leyes socialistas sobre la jornada laboral, sino que también autorizaba la semana de 48 horas haciendo saltar por los aires todas las luchas sociales. "Nos devuelve a 1919", denuncia la portavoz de los Verdes, Martine Billard. "La derecha nunca ha ido tan lejos en la desregulación", critica por su parte el socialista Alain Vidalies (PS).

Para la mayoría gubernamental de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), sin embargo, el texto simplemente da a los trabajadores la posibilidad de "trabajar más para ganar más", el famoso lema de Sarkozy para incrementar el maltrecho poder adquisitivo de los franceses.

Este tema ha sido el caballo de batalla de derecha e izquierda en Francia y ninguno se pone de acuerdo sobre si realmente fue beneficiosa o no y como en todo, depende de a quien se pregunte. ¿Qué efectos tuvo esta jornada de 35 horas semanales?

Algunos economistas señalan que durante los años de aplicación de la medida el PIB de Francia no disminuyó (sino que aumentó bastante, en torno al 2,5%) y la competitividad de su economía no se vio afectada tal y como temía la patronal francesa.

En segundo lugar, el empleo aumentó notablemente, aunque no queda claro es si el aumento del número de ocupados se debió a la reducción de la jornada laboral o a las ayudas a la contratación que venían acompañando a la misma, además de la coyuntura económica que fue buena.

Además, no todas las empresas pueden reducir la jornada laboral sin reducir los salarios. Las grandes empresas y las más rentables pudieron permitirse el lujo de aplicar la medida pero la mayoría de las empresas con menos de 20 empleados no pudieron hacerlo (a pesar de las ayudas públicas). Para hacerlo necesitan mayor compensación que las empresas más poderosas y rentables, y por supuesto mucho mayor que la que estableció el gobierno francés.

De hecho, en la actualidad cobra importancia la posibilidad de que la reducción de jornada se haga disminuyendo proporcionalmente el salario (y lograr un reparto del empleo) pero que se compense con ayudas públicas a los trabajadores.

Otro factor fue que muchas actividades la reducción de jornada laboral fue sólo formal, ya que los trabajadores continuaron realizando exactamente el mismo trabajo, ya fuese incrementando la intensidad del mismo o llevándose el trabajo a casa. Por eso, según una encuesta, el 18% de los trabajadores vio como su calidad de vida empeoraba con la medida.

Y además quienes recurrieron más a la reducción de la jornada laboral fueron las mujeres trabajadoras, y particularmente las que tenían hijos menores de 12 años a su cargo.

Todo esto dio al traste con el sueño francés de ganar calidad de vida reduciendo la jornada laboral, aunque bajarla aún más, hasta las 32 horas a la semana es uno de los planteamientos electorales del candidato socialista Benoît Hamon, (favorito de la izquierda para las próximas elecciones) ex ministro de Educación con Hollande. 

Los sindicatos españoles creen que no estaba bien diseñado y que no se le dio el tiempo suficiente para que funcionara. "Es evidente que había que fallos, pero en lugar de solucionarlos se dio marcha atrás, no había voluntad de avanzar."

Desde las empresas especializadas en Recursos Humanos se señala que es muy difícil que una empresa pueda sobrevivir pagando lo mismo por menos trabajo, sobre todo en un escenario de crisis y con la competitividad tan grande como la que existe ahora. "Los márgenes suelen estar muy bien calculados."Intentos en otros países

Francia no es el único país que se ha planteado reducir la jornada laboral. Suecia llevó a cabo un experimento en este sentido hace unos meses. Tomó como punto de partida el sector de los cuidadores de personas de la tercera edad y les redujo la jornada a 30 horas a la semana, 6 horas al día, manteniendo el salario de ocho.

Los resultados fueron buenos, los trabajadores aumentaron su productividad y las trabajadores declararon estar más felices. De hecho se redujeron un 10% los permisos de baja por enfermedad, mientras que la salud de los asistidos mejoró un 50%. Pero supuso unos sobrecostes de 1,1 millones, una cantidad inviable y que llevó al gobierno sueco a abandonar el proyecto.

La jornada semanal de 35 horas ha quedado en una reliquia en Francia

Ahora en portada

Comentarios