La Liga Americana asegura ventaja de campo en Serie Mundial ante la Nacional

  • La gran labor de los lanzadores de la Liga Americana mojó la pólvora de la Nacional, para derrotarla por blanqueada de 3-0 en la edición 84 del Partido de las Estrellas del béisbol profesional de las mayores.

Houston (EEUU), 17 jul.- La gran labor de los lanzadores de la Liga Americana mojó la pólvora de la Nacional, para derrotarla por blanqueada de 3-0 en la edición 84 del Partido de las Estrellas del béisbol profesional de las mayores.

La Americana, que en los nueve episodios permitió un ataque de sólo tres imparables, sin carrera, le asegura la ventaja de campo en el Clásico de Otoño.

El objetivo de la Americana era detener su racha de derrotas consecutivas en el Partido de las Estrellas, y la serpentina de sus lanzadores les permitió recuperarse de la paliza y blanqueada de 0-8 del año pasado, en Kansas City.

A pesar de la derrota, la Nacional sigue al frente en el número de victorias con 43 por 39 derrotas y dos Partidos de las Estrellas que concluyeron empatados.

El abridor Max Scherzer, de los Tigres de Detroit y el primer relevo Chris Sale, de los Medias Blancas de Chicago, se combinaron para controlar a los primeros nueve bateadores de la Nacional.

Luego el abridor estelar de los Marineros de Seattle, el venezolano Félix Hernández, permitió el primer hit de la Nacional en la cuarta entrada.

Hasta la séptima, el abridor zurdo Greg Holland, de los Vigilantes de Texas, permitió el segundo imparable, y su compañero de equipo, el cerrador Joe Nathan, en la novena, aceptó el tercer y último de los indiscutibles de la Nacional.

Jim Leyland, el piloto de la Americana, había garantizado que Rivera, de 43 años, el líder histórico de rescates iba a lanzar como fuese y cumplió con su palabra al enviarlo al montículo en la parte baja del octavo episodio con una ventaja de tres carreras.

¿Por qué no en el noveno para el rescate? Leyland explicó no quiso tomarse riesgos en el caso que la Nacional pudiera remontar con un rally.

"Quería asegurarme que había una ventaja lo suficientemente cómoda para no correr ningún riesgo. No soy el piloto más popular en Grandes Ligas, pero tenía que asegurarme de salir vivo de aquí esta noche", declaró Leyland en tono de broma, pero la estrategia fue perfecta.

La batería de la Americana también estuvo activa al conseguir un ataque de nueve imparables y tres anotaciones, que encabezó el jardinero derecho dominicano José Bautista, que con volado de sacrificio en el cuarto episodio le dio movilidad a la pizarra.

El tercera base venezolano Miguel Cabrera abrió el episodio con un doble entre el bosque central-derecho, avanzó a tercera con un sencillo de Chris Davis y anotó con el elevado de Bautista al central.

La carrera cortó una racha de 17 ceros seguidos de la Americana, que se remontaba a un jonrón del primera base mexicano Adrián González ante el abridor zurdo Cliff Lee, en Phoenix, hace dos años.

En la quinta entrada, el receptor J.J. Hardy hizo jugada de selección a la segunda base para impulsar la segunda anotación.

Finalmente en el octavo episodio, el segunda base Jason Kipnis pegó doble para sellar el triunfo de la Americana, con la que el cerrador panameño se acreditó el premio al Jugador Más Valioso (MVP) del Partido de las Estrellas.

Mientras varios de los protagonistas salieron al terreno con zapatillas de colores psicodélicos, Rivera fue fiel a su estilo conservador, spikes de negro tradicional.

Al lanzar, se convirtió en el segundo pitcher más veterano en ver acción en un Partido de Estrellas. El más longevo fue Satchel Paige, que tenía 47 años cuando lo hizo seis décadas atrás.

"Quería lanzar", destacó Rivera. "Fue el plan perfecto como lo planeó Leyland".

El lanzador de la Nacional que recibió más castigo fue el relevo Craig Kimbrell, que permitió una carrera con tres imparables; Patrick Corbin también aceptó una anotación con dos imparables, y Cliff Lee aceptó carrera con dos indiscutibles.

El clásico de mitad de temporada batió un récord de asistencia en el Citi Field de Nueva York, con 45.186 espectadores. Los Mets fueron anfitriones del juego por primera vez desde que se disputó en el Shea Stadium en 1964.

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