Sábado, 21.10.2017 - 21:19 h

La senda de Chávez pasa por Honduras

Hugo Chávez, presidente venezolano, podría jugar un papel clave en el conflicto hondureño. No en vano el presidente Zelaya es miembro de la ALBA, la alianza que Chávez promueve. Además, en el propio origen del golpe está el referéndum para ampliar el mandato del depuesto líder hondureño, uno a imagen y semejanza del que Chávez realizó y exportó a otros países.

Los gobernantes de la ALBA llaman a los hondureños a rebelarse contra "los golpistas"
Los gobernantes de la ALBA llaman a los hondureños a rebelarse contra "los golpistas"

Es una incógnita el papel que asumirá Hugo Chávez, presidente venezolano, ante el golpe de Estado en Honduras. Su primera reacción era previsible: convocar una reunión urgente de la ALBA (Alternativa Bolivariana para América Latina) para arropar a Manuel Zelaya, presidente derrocado, y amenazar a los golpistas. La cuestión es saber qué más puede hacer el polémico líder, especialmente teniendo en cuenta que lo sucedido en Honduras ha contado con una condena internacional tan inédita como unánime.

Desde la ONU hasta la Unión Europea, pasando por la práctica totalidad de estados iberoamericanos, todos han condenado el secuestro y deportación por parte de los militares del presidente democráticamente elegido en Honduras. Incluso el enemigo acérrimo de Chávez, Estados Unidos, se ha apresurado a condenar lo sucedido: Barack Obama ha tenido un gesto poco habitual, habida cuenta del tradicional silencio cómplice con el que la Casa Blanca ha tratado siempre los golpes de Estado militares en Latinoamérica.

Es precisamente este apoyo internacional lo que sitúa a Chávez en el centro de las miradas. Honduras es miembro del ALBA, la alianza internacional promovida por el dirigente venezolano, y que puede tomar un papel protagonista en el conflicto hondureño. De manejar bien sus cartas, la ALBA podría venderse como la alianza que libró a América Latina del último golpe militar de una trágica lista que tanto daño ha hecho al continente.

El petróleo, gasolina de la ALBA

Chávez, que ha forjado alianzas en la zona gracias al poder económico del que ha gozado gracias al petróleo del país, se ha erigido como referencia de la izquierda populista en la zona, aglutinando a su alrededor a todos los líderes que ha podido apadrinar: Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua, Rafael Ortega en Ecuador o el propio Zelaya en Honduras, todo ello gracias a las simpatías que un Fidel Castro, auténtico símbolo del izquierdismo populista en la región, asfixiado como estaba por el bloqueo a Cuba, profesó desde el principio por el líder venezolano.

Así las cosas, Chávez ha optado por mover ficha. Y lo hace lejos de su tono amenazante de otras veces, cuando amenazó con defender con &quote;sangre venezolana&quote; una posible injerencia contra los gobiernos de Cuba o de Bolivia, o de sus movimientos de tropas hacia la frontera colombiana cuando se enfrentó con Uribe. Incluso amenazó al entonces candidato a la presidencia peruana, Alan García. En esta ocasión ha tenido una reacción aparentemente más calmada: ha llamado a una rebelión &quote;de las ideas&quote; en Honduras y ha invitado a los ciudadanos hondureños a que reclamen la vuelta del presidente.

Hay, además, otro motivo para que Chávez se vea forzado a tomar protagonismo. Zelaya ha sufrido un golpe de Estado por intentar promover un referéndum en contra de la Constitución, del Ejército y de su propio partido. En él, como hizo primero el propio Chávez y después lograron Morales y Correa, pretendía conseguir una ampliación del tiempo de su mandato. En cierto modo la influencia del venezolano inició el problema y, quizá, su influencia pueda frenarlo. La cuestión será de qué forma lo intente hacer.

Es una incógnita el papel que asumirá Hugo Chávez, presidente venezolano, ante el golpe de Estado en Honduras. Su primera reacción era previsible: convocar una reunión urgente de la ALBA (Alternativa Bolivariana para América Latina) para arropar a Manuel Zelaya, presidente derrocado, y amenazar a los golpistas. La cuestión es saber qué más puede hacer el polémico líder, especialmente teniendo en cuenta que lo sucedido en Honduras ha contado con una condena internacional tan inédita como unánime.

Desde la ONU hasta la Unión Europea, pasando por la práctica totalidad de estados iberoamericanos, todos han condenado el secuestro y deportación por parte de los militares del presidente democráticamente elegido en Honduras. Incluso el enemigo acérrimo de Chávez, Estados Unidos, se ha apresurado a condenar lo sucedido: Barack Obama ha tenido un gesto poco habitual, habida cuenta del tradicional silencio cómplice con el que la Casa Blanca ha tratado siempre los golpes de Estado militares en Latinoamérica.

Es precisamente este apoyo internacional lo que sitúa a Chávez en el centro de las miradas. Honduras es miembro del ALBA, la alianza internacional promovida por el dirigente venezolano, y que puede tomar un papel protagonista en el conflicto hondureño. De manejar bien sus cartas, la ALBA podría venderse como la alianza que libró a América Latina del último golpe militar de una trágica lista que tanto daño ha hecho al continente.

El petróleo, gasolina de la ALBA

Chávez, que ha forjado alianzas en la zona gracias al poder económico del que ha gozado gracias al petróleo del país, se ha erigido como referencia de la izquierda populista en la zona, aglutinando a su alrededor a todos los líderes que ha podido apadrinar: Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua, Rafael Ortega en Ecuador o el propio Zelaya en Honduras, todo ello gracias a las simpatías que un Fidel Castro, auténtico símbolo del izquierdismo populista en la región, asfixiado como estaba por el bloqueo a Cuba, profesó desde el principio por el líder venezolano.

Así las cosas, Chávez ha optado por mover ficha. Y lo hace lejos de su tono amenazante de otras veces, cuando amenazó con defender con &quote;sangre venezolana&quote; una posible injerencia contra los gobiernos de Cuba o de Bolivia, o de sus movimientos de tropas hacia la frontera colombiana cuando se enfrentó con Uribe. Incluso amenazó al entonces candidato a la presidencia peruana, Alan García. En esta ocasión ha tenido una reacción aparentemente más calmada: ha llamado a una rebelión &quote;de las ideas&quote; en Honduras y ha invitado a los ciudadanos hondureños a que reclamen la vuelta del presidente.

Hay, además, otro motivo para que Chávez se vea forzado a tomar protagonismo. Zelaya ha sufrido un golpe de Estado por intentar promover un referéndum en contra de la Constitución, del Ejército y de su propio partido. En él, como hizo primero el propio Chávez y después lograron Morales y Correa, pretendía conseguir una ampliación del tiempo de su mandato. En cierto modo la influencia del venezolano inició el problema y, quizá, su influencia pueda frenarlo. La cuestión será de qué forma lo intente hacer.

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