Domingo, 17.12.2017 - 11:00 h

Los refugiados de Somalia malviven hacinados mientras se pudre un campamento listo para ellos ante sus ojos

Somalia lleva más de dos décadas sufriendo un conflicto civil que el gobierno de transición no consigue apaciguar ni con una misión internacional militarizada. Cientos de miles de refugiados siguen huyendo por todo el país, muchos de ellos a Kenia. Allí los campamentos de acogida no dan abasto mientras un nuevo campamento listo para abrir no consigue el permiso necesario.

'La familia reunió dinero y pudimos ir[nos] en coche. Sufrimos mucho durante el viaje: íbamos apilados, nos perdimos. Cuando llegamos aquí estábamos agotados'. Indya Ali Mohamed vive en las afueras de la ciudad keniana de Dadaab con su hija.

Una bomba de mortero cayó una noche sobre su casa en Mogadiscio, capital somalí, matando a sus dos hijos y a su marido, cuenta en un documento recogido por Médicos Sin Fronteras.

Cuando su hija se recuperó de las quemaduras causadas por el incendio provocado por el explosivo, se mudaron a otro pueblo. Pero también fue atacado. Y tuvieron que huir.

Como ellas, 'decenas de miles de personas viven en inaceptables condiciones a muy pocos kilómetros de un campamento que lleva meses cerrado, y que está en perfectas condiciones para acogerles', denuncia MSF en un comunicado. La ONG asegura que cada día llegan 400 personas más a la zona, sin un lugar donde dormir.

'Las negociaciones para la apertura del campamento Ifo II siguen bloqueadas desde hace más de dos meses. Los restantes [tres] campamentos, que están abiertos desde los años 90, estaban preparados para acoger a unas 90.000 personas y a día de hoy ya albergan a 260.000', se queja la organización. Escapan de la guerra y la sequía en Somalia para alojarse en una de las zonas de campamentos de refugiados más grande del mundo.

La mayor población de refugiados del mundo


'En Somalia, nos enfrentamos a una situación humanitaria catastrófica constante de vital emergencia. El sufrimiento soportado por el pueblo somalí es terrible y único en el mundo', dijo el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) Antonio Guterres en diciembre. El desplazamiento de miles de somalíes dentro de su propio país, a estados vecinos o más lejanos, como Yemen, ha generado según Guterres 'la mayor población de refugiados del mundo'.

Mohamed es músico.
Vive en una casa de adobe de Dadaab, donde tiene un colchón de espuma. Son condiciones duras, pero mejores que las de la mayoría de sus vecinos, según MSF. 'Mogadiscio era una ciudad muy bonita. El clima, la población eran más que satisfactorios. Muchos clubes, grandes playas... Pero ahora, a mi pesar, hay una guerra civil y todo ha sido destruido', se lamenta este hombre.

Sin visos de cambio

Solo en lo que va de año, ya han cruzado la frontera a Kenia más de 5.000 somalíes, según cálculos de Médicos Sin Fronteras. 'Y esto ocurre a pesar de que la frontera está oficialmente cerrada', apostilla la organización.

'Los refugiados tienen poco acceso a agua, comida, artículos de primera necesidad y cobijo. No hay letrinas y tienen que defecar al aire libre, lo que aumenta el riesgo de propagación de enfermedades entre una población ya vulnerable, que está huyendo de una guerra que dura años', declara Elena Estrada, asesora de Asuntos Humanitarios de MSF en Kenia.

Somalia lleva más de dos décadas en guerra. La violencia se extiende principalmente por el centro, este y sur del país, presuntamente con movimientos islamistas impulsando los enfrentamientos y atentados en Mogadiscio. 'A pesar del apoyo de las fuerzas pacificadoras de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), el gobierno de transición es incapaz de imponer la estabilidad necesaria para mejorar la situación', afirma un análisis publicado a principios de este año por ACNUR.

Mohamed, Indya y cientos de miles de desplazados más tendrán que esperar mucho tiempo para poder volver a sus casas. Quizá nunca puedan.

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