Martes, 19.11.2019 - 08:37 h
Hay vida más allá de la red

Por qué Facebook, Instagram, Twitter y Youtube quieren un internet sin 'likes'

Las redes sociales tienden a eliminar (o, al menos, ocultar) las métricas sobre popularidad que conducen a un diálogo tóxico en la red.

Evitar las redes sociales
Por qué Facebook, Instagram, Twitter y Youtube quieren un internet sin 'likes'. / Pixabay/Pixelkult

La cultura del 'like' ha convertido a las redes sociales en una suerte de mercado en el que cada cual se 'vende' a sí mismo con armas que adapta a cada entorno. En Twitter, por ejemplo, lo que más se premia (lo que más 'likes' y retuits genera) es el humor; un humor que ha evolucionado tanto que ya ha generado códigos propios que no se entenderían fuera de ese contexto (como los 'memes', por ejemplo). En Instagram, se premia a quien capta con su cámara cada rincón que pisa, o bien a quienes posan como modelos de pasarela en cada foto. En ese mercado, se lleva a cabo un intercambio ('likes' por fotos de un viaje a Tailandia, por ejemplo) que genera tendencias e 'influencers', pero que también fomenta el diálogo tóxico en internet, tal y como recordaba el año pasado este artículo de 'Forbes'.

De ahí que cuatro de las principales generadoras de conversación en internet (Facebook, Instagram, Twitter y Youtube) hayan empezado a invertir la tendencia de los últimos años y ahora quieran acabar con la cultura del 'like', tal y como apunta este artículo de 'Wired'. En la red, el valor es cuantificable. El valor de una persona, idea, movimiento, 'meme' o tuit a menudo se basa en el número de interacciones que genera. Cada me gusta, retuit, post compartido, número de seguidores de respuestas... Cada una es una acción individual. Juntas, sin embargo, adquieren un significado mucho mayor. Por ejemplo, un vídeo de YouTube con 100.000 vistas parece más valioso que uno con 10, a pesar de que las vistas, como casi todas las estadísticas en internet, se pueden comprar fácilmente.

Sin estadísticas, no hay diálogo tóxico

El principal problema de buena parte de esa ansiedad de los usuarios de redes sociales reside en que no se termina de comprender que se trata de una visión alterada de la realidad. Nuestro día a día no es, ni de lejos, lo que aparece en nuestras 'stories' o en las fotos que publicamos. Evidentemente, hay ciertos momentos que todos (absolutamente todos) los mortales hacemos a diario, pero que no son dignos de Instagram. De hecho, si no generasen esas estadísticas ('likes', comentarios, etc.), ni siquiera tendría mucho sentido someternos a nosotros mismos a poses forzadas en lugares que no volveremos a pisar simplemente para sacarnos una foto de 'postureo'.

Por eso, desde el año pasado aproximadamente las empresas empiezan a dar marcha atrás, debido a los últimos estudios sobre el su impacto en la salud de internet y en la sociedad en general. Los indicadores medibles públicamente, incluidas las vistas, los retuits o los me gusta, son "una de las fuerzas impulsoras de la radicalización", según Whitney Phillips, investigadora de manipulación de medios y profesora asociada de la Universidad de Syracuse. Funciona en ambos sentidos: un usuario puede ser radicalizado al consumir contenido y un creador puede ser radicalizado por las reacciones positivas de los usuarios a su contenido, ya que adaptan su comportamiento a lo que atrae el mayor interés de su audiencia.

Este tipo de preocupaciones están llevando a algunas compañías a explorar formas de promover la "salud conversacional". Durante el año pasado, Facebook, Instagram (que es propiedad de Facebook), Twitter y YouTube han empezado a resaltar o eliminar métricas clave para contribuir en la generación de un diálogo saludable. Esta tendencia dio origen a una palabra que no aparece en ningún diccionario: desmetrificación. Como no podía ser de otra forma, los cambios han sido criticados por algunos de los usuarios que teóricamente podrían beneficiarse de ellos, quienes ven las métricas como una parte esencial de su experiencia. La paradoja de todo esto que, de pronto, esas redes sociales se vieron en la incómoda situación de desintoxicar a los usuarios de una adicción que ellas mismas les habían generado.

El año pasado, una información del 'Daily Telegraph' desató el pánico entre los usuarios al filtrar una reunión en la que, supuestamente, Jack Dorsey -presidente de Twitter- cuestionaba la utilidad del botón Me gusta y decía que podría desaparecer "pronto". Los usuarios acudieron a Twitter en masa para rechazar la decisión, con muchos publicando tuits en los que amenazaban con abandonar la plataforma si desaparecían los Me gusta; docenas de tuits que criticaron la idea se volvieron virales rápidamente... Todo ello sin que Twitter hubiese hecho ningún comentario al respecto.

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