Lunes, 20.11.2017 - 10:42 h

Cómo prepararse mentalmente para afrontar la era Trump

A Trump se le tiene ganas y se le espera con las escopetas bien cargadas. Sobre todo la mayoría de la prensa norteamericana. Ya se le ha llamado loco, ególatra, paranoico...

Cabe la posibilidad, que entra dentro del beneficio de la duda, de que Trump sorprenda al mundo (incluso a sí mismo) llegando a ser con el tiempo un gran presidente de los Estados Unidos. We will see.   

Guía para seguir la toma de investidura de Donald Trump

A Donald Trump ya le han llamado de todo, sin haber iniciado de facto su mandato. Oliver Stone, Robert de Niro, David Brooks, Noam Chomsky, James Cameron... se han retratado públicamente para calificar al cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos como “un loco”, “ un ególatra”, “un paranoico”, “un ser de personalidad patológica”, además de dedicarle otros descalificativos como “fascista”, “racista”, “islamófobo”, etc.

En los últimos días he visto varios debates sobre Trump, y en todos ellos han hablado de un posible –y para algunos deseable- “impeachment” (destitución) del nuevo presidente de los Estados Unidos. Y todo ello sin haber iniciado su mandato.

A Trump se le tiene ganas y se le espera con las escopetas bien cargadas. Sobre todo la mayoría de la prensa norteamericana, que sin ser de lo más progresista, tiende a ser muy políticamente correcta según los usos actuales, es decir, tiende a ser anti Trump.

Barack Obama, el ya ex presidente, le ha dejado unos consejos a su sucesor para que el choque con la realidad de la Casa Blanca no sea tan duro: el trabajo es de tal magnitud y complejidad que no puedes hacerlo tú solo, así que debes apoyarte en tus colaboradores; y hay que llevarse bien con la prensa, si deseas tener un mandato fructífero. Si vas contra los medios lo pasarás fatal.

Lo de llevarse bien con la prensa es hoy un aspecto clave para cualquier político. Vivimos en un mundo en el que los medios ejercen el control de la realidad y será muy difícil que el nuevo presidente de Estados Unidos pueda desarrollar toda su labor si no tiene de su lado a una buena parte de esos medios.

Durante los primeros meses veremos un pulso entre el ala oeste de la Casa Blanca, y la pechuga contestataria y progre de la inmensa mayoría de los medios de comunicación. El llamado cuarto poder es muy suyo y muy hostil cuando la realidad –en este caso los electores-  le lleva la contraria. Todo depende de si Donald Trump sabe ganárselos o pretende hacer que sean los periodistas los que pasen por su aro.

No es tanto una lucha de egos, que también, sino sobre todo una lucha de ideas, de maneras de ver la realidad política y social de Estados Unidos y del mundo. Quizá Trump logre convencer a la prensa, pero le costará mucho más que ganarse la confianza de esos 59 millones de votantes que le dieron el triunfo, y a los que Hillary Clinton llamó “deplorables” por el sencillo hecho de no pensar como ella y de no votarla. Ese fue su gran error, sólo apreciar a los políticamente correctos.

Hoy, las sociedades modernas, como dice Theodore Dalrymple, se hallan divididas entre los que tienen opiniones decentes, correctas, higienizadas, sobre la raza, el sexo, el multiculturalismo, la nación, y los que se desvían de lo políticamente correcto, y se sitúan en los límites de la sociedad civilizada. A estos últimos, los intelectuales y una gran mayoría de periodistas progres, les considera por debajo de la virtud deseada, y cualquier persona que abrace estas opiniones “erróneas” no está simplemente equivocada, sino que es moralmente mala: peor que, por ejemplo, un ladrón, un delincuente, un borracho.

La era Trump, que no se caracterizará por la ortodoxia política, se enfrentará y chocará con este modo de entender la sociedad y la política, sobre todo cuando intente imponer su particular modo de entender la grandeza de Estados Unidos. Hay que estar preparado, sin esperar que la sangre llegue al río, para duros enfrentamientos, sobre todo comerciales, entre Estados Unidos y sus grandes rivales, principalmente China.

Más allá de estos fríos cálculos, cabe la posibilidad, que entra dentro del beneficio de la duda, de que Trump sorprenda al mundo (incluso a sí mismo) llegando a ser con el tiempo un gran presidente de los Estados Unidos. We will see.   

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