Domingo, 08.12.2019 - 10:57 h
Baja participación

Los socialistas ganan las elecciones en Portugal lejos de la mayoría absoluta

En total, 21 partidos -un récord- han concurrido a unas elecciones en las que el actual primer ministro partía como favorito.

El primer ministro portugués y secretario general del Partido Socialista Antonio Costa (C) llega a un hotel en Lisboa, donde seguirá los resultados de las elecciones. /EFE
El primer ministro portugués y secretario general del Partido Socialista Antonio Costa (C) llega a un hotel en Lisboa, donde seguirá los resultados. /EFE

El Partido Socialista liderado por el actual primer ministro, António Costa, gana las elecciones legislativas celebradas en Portugal en una jornada marcada por la elevada abstención. Las elecciones legislativas de Portugal se celebraron después de cuatro años de Gobierno socialista en minoría, apoyado por el Bloco de Esquerda, los comunistas y Los Verdes en el Parlamento.

El Partido Socialista de Portugal (PS) ha ganado las elecciones legislativas de este domingo con un 37,22% de los votos con un 88,28% del escrutinio ya realizado, según ha informado el Ministerio de Administración Interna portugués. La victoria sería en cualquier caso menos holgada de lo esperado y lejos de la mayoría absoluta. El PS mejora su resultado respecto al de cuatro años atrás, cuando consiguió el 32,31 % de los votos, pero tendrá que volver a buscar apoyos para conseguir gobernar.

Felicitación de Sánchez

El presidente del Gobierno en funciones y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha felicitado este domingo al primer ministro de Portugal, António Costa, por la victoria que los socialistas del país han conseguido en las elecciones legislativas.

"La sociedad portuguesa vuelve a elegir estabilidad, igualdad y justicia social. Con la victoria del Partido Socialista, apuestan por un proyecto de izquierdas, progresista y modernizador. Sigamos trabajando juntos por una Europa más justa. Parabéns, António Costa! Parabéns, Portugal!", ha escrito Sánchez en un apunte en su cuenta de Twitter.

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación en funciones, Josep Borrell, ha querido trasladar su "más sincera enhorabuena" a su "amigo" Costa. "Un gran triunfo de la socialdemocracia. Mucha suerte y aciertos en la nueva legislatura", ha apuntado.

Reconocimiento de la derrota

Tras conocerse los sondeos a pie de urna, un dirigente socialista, Pedro Nuno Santos, posible sucesor de Costa, ha destacado la "gran victoria del PS y de la izquierda", en lo que sería el primer guiño de los socialistas al necesario apoyo de la izquierda para investidura. En el cuartel general socialista han reaccionado con gritos de "¡Victoria! ¡Victoria!" y "¡PS! ¡PS!" tras la publicación de los sondeos a pie de urna.

Desde la CDU ecocomunista han reconocido una caída con respecto a los resultados de hace cuatro años y el dirigente del Partido Comunista de Portugal Jorge Pires ha destacado que con la nueva representación "podemos seguir en esa lucha" por los trabajadores y "por el pueblo".

También ha reaccionado el partido ecologista PAN a través de Inês Sousa Real, quien ha querido "felicitar a las nuevas fuerzas políticas" y "felicitar al PS por su victoria". A la pregunta sobre una posible coalición, Real ha subrayado que el PAN está dispuesto a dialogar como en la última legislatura "para contribuir al proceso democrático".

Mientras, el vicepresidente del PSD, David Justino, ha reconocido la derrota sin paliativos: "Si perdemos, perdemos", y ha felicitado al PS por su victoria, aunque ha alertado sobre el "triunfalismo" socialista porque las proyecciones de escaños dan una horquilla muy grande.

Resta por el momento la reacción del principal partido a la izquierda del PS, el Bloque de Izquierda, en una situación complicada ante la variedad de opciones aritméticas que dan a Costa una mayoría parlamentaria sin necesitar de su apoyo.

Baja participación

A pesar de que los líderes políticos y el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, apelaron, tras ejercer su derecho a voto, a la participación de los 10,8 millones de portugueses llamados a las urnas, la abstención puede superar el récord batido en las legislativas de 2015, cuando alcanzó el 44 por ciento.

En total, 21 partidos -también un récord- han concurrido a unas elecciones en las que el actual primer ministro, el socialista António Costa, partía como favorito.

La jornada transcurrió con normalidad en las casi 6.200 mesas electorales repartidas por el país en un día en el que se desplegaron 5.000 agentes de la Guardia Nacional Republicana (GNR).

Las autoridades registraron apenas percances menores, como en Perehal -norte de Portugal- donde la mesa abrió con retraso porque el colegio fue cerrado en protesta por la instalación de una línea de alta tensión.

La protesta contra una mina de litio a cielo abierto en Montalegre (en el norte del país, en la frontera con la región española de Galicia) también marcó parte de la jornada.

Vecinos de la zona mostraron pancartas de rechazo a la mina y anunciaron su intención de no votar, como ocurrió en las últimas elecciones cuando sólo votaron 4 de los 325 censados.

De los 10,8 millones de portugueses llamados a las urnas, 1,5 millones son residentes en el extranjero, y elegirán a 230 diputados para componer la próxima Asamblea de la República.

Perfil

António Costa, el triunfo del político pragmático

"No somos milagreros. Somos un Gobierno responsable". Hábil negociador, tenaz, pragmático, forjado entre los bastidores del poder y temperamental, António Costa enfrenta de nuevo la responsabilidad de gobernar sin desmontar el "milagro portugués".

António Luís Santos da Costa (Lisboa,1961) ha sido todo, o casi todo, durante su dilatada carrera política en el Partido Socialista, la organización en la que creció arropado por dos reconocidos dirigentes del PS, Jorge Sampaio y Antonio Guterres.

Su primera victoria en unas generales, hoy, confirma que tenía un proyecto de largo plazo cuando, en 2015, dio un golpe de timón que cambió el mapa político luso: aprovechó la debilidad de la derecha para cerrar un acuerdo de izquierdas -la popular "geringonça"- que le convertiría en primer ministro pese a haber sido derrotado en las elecciones.

Diferencias aparentemente irreconciliables separaban a los socialistas del Partido Comunista y del Bloque de Izquierdas, pero se aliaron para desalojar a la derecha del poder en un país ahogado por la crisis y la austeridad impuesta por la troika de acreedores internacionales.

Cuatro años después, Costa presume de un modelo envidiado por la socialdemocracia europea. Es el gran artífice del relato del "milagro portugués" y tendrá que esforzarse para mantenerlo. Pero su habilidad política contrasta con su carácter temperamental, su resistencia a las críticas y su escasa empatía con los ciudadanos.

Tras su apariencia de hombre tranquilo se esconde una fuerte personalidad que puede traicionarle incluso en público, como ocurrió el viernes, en un acto de cierre de campaña. Perdió el control cuando un anciano le criticó por el episodio más negro de su legislatura: los incendios que costaron la vida a un centenar de personas en 2017. El reproche no era cierto, pero la desmesurada reacción de Costa hizo intervenir a sus propios guardias de seguridad para sujetarle.

De su testarudez puede dar buena cuenta también Guterres, que cuando era primer ministro tuvo que recurrir a su chófer para que Costa -entonces titular de Justicia- le respondiera al teléfono en medio de una crisis interna. "Es perspicaz y práctico", apunta a Efe el periodista Diogo Torres, autor de libro "Marcelo y Costa".

Un pragmatismo que le ha permitido manejar la "geringonça" haciendo frente al movimiento sindical -no le tembló el pulso para movilizar al ejército contra una huelga- y conciliar diferencias con sus socios y con el presidente de la República, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa. No podría haberlo hecho sin su bagaje político. Costa, bromean sus colaboradores, "bebió la política en la leche materna".

Hijo de un escritor y militante comunista originario de la excolonia lusa de Goa (la India) y varias veces encarcelado en la dictadura y de una periodista y activa sindicalista, a los diez años, con el pseudónimo de "Babuch" ("niño" en dialecto concani goense), escribía críticas de televisión para una revista.

En plena adolescencia se afilió a las Juventudes Socialistas en el Portugal convulso de la Revolución de los Claveles que acabó con el régimen de Salazar y, emulando a Perry Mason, se hizo abogado. Sus adversarios le acusan de ser un hombre "de Lisboa", centrado en la burocracia del poder y desconectado del Portugal "real". Y es cierto que su popularidad se disparó tras ganar la alcaldía lisboeta, en 2007.

Fue también su primera experiencia de pacto con la izquierda. Dos mayorías absolutas en la capital (2009 y 2013) catapultaron su liderazgo en el PS. Empeñado en dejar su impronta en la ciudad, trasladó oficinas públicas a una de las zonas más deterioradas, Arroios, que hoy vive un "boom" inmobiliario y está considerado por Time Out el barrio más "cool" del mundo.

En 2014 se hizo con el liderazgo del PS y apenas un año después llegó al Gobierno. Sin ganar las elecciones. ¿La clave de su imparable ascenso? Quizá la respuesta se esconda en uno de sus últimos mensajes electorales: "Pueden estar tranquilos, no somos santos milagreros, somos un Gobierno responsable".

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