Jueves, 19.10.2017 - 00:32 h

Lecciones del discurso de Trump

Derogar el Obamacare no será difícil, destruir es siempre lo más sencillo. Dejar las empresas a sus hijos, es posible. Aunque su nerviosismo irá en aumento conforme empiecen a tener criterio propio.

Lo del muro y que lo paguen los mejicanos está por ver. Lo mismo que lo de crear puestos de trabajo.

El autor del informe sobre información comprometedora de Trump es un exagente del MI6 británico
El autor del informe sobre información comprometedora de Trump es un exagente del MI6 británico

Estos días se habla más de Obama y Trump que de Rajoy y Fernandez, Rivera e Iglesias. Y es que la globalización de la economía ha globalizado la política. Todo ciudadano, sea del país que sea, sabe que lo que decida Trump le va ha influir. Poco o mucho, pero le va a influir. El discurso de Trump no ha dejado ninguna duda de sus intenciones. Ahora falta saber cómo las va a materializar.

Trump sigue empeñado en construir un muro frente a Méjico y que lo paguen los "manitos"; quiere derogar las leyes de sanidad de Obama; manejar las relaciones con la Rusia de Putin a su manera; dejar las empresas a sus hijos; y, sobre todo, convertirse en el Presidente Histrión creando puestos de trabajo dentro de las fronteras USA.

Es posible que consiga algunas de estos objetivos. Derogar el Obamacare no será difícil, destruir es siempre lo más sencillo. Dejar las empresas a sus hijos, es posible. Aunque su nerviosismo irá en aumento conforme empiecen a tener criterio propio. A su yerno, de momento, lo ha aparcado en la política, que es donde menor daño puede hacer a su patrimonio.

Pero lo del muro y que lo paguen los mejicanos está por ver. Lo mismo que lo de crear puestos de trabajo. El eje de la economía global se ha desplazado del Atlántico al Pacífico. El riesgo de los EE.UU. de Trump es que pase del Pacífico al Indico.

La autarquía económica, la defensa a ultranza de la economía nacional (entonces agricultura e industria, por este orden) frente a los competidores extranjero implantada por el Mercantilismo, como teoría económica, en la Europa del siglo XVll trajo el empobrecimiento de su población. Tanto que a finales del mismo las revoluciones acabaron con las monarquías absolutas que lo adoptaron: el caso de Francia.

Así que en ocho años USA puede perder su hegemonía económica. Claro está que no es necesario que reelijan a este Presidente dentro de cuatro. Pero él, fanfarrón donde los haya, ya anunció que dejaría sus empresas a sus hijos y que vería lo que habían hecho dentro de ocho años. Es decir daba por adelantada su reelección.

En fin, la globalización económica, que tiene sus derivadas no queridas, siempre acuna un Trump en su desarrollo. Lo ha hecho con el Brexit y amenaza con Le Pen en Francia, por ejemplo. La globalización concentra el desarrollo económico en los grupos sociales capaces de responder a sus desafíos y deja en la estacada a los que no tienen capacidad de respuesta, especialmente en los países desarrollados. Por contra ayuda a sacar de la pobreza masas en los países en vías de desarrollo.

Eso enseña una lección: los países desarrollados pueden jugar a la globalización si elevan la capacitación de sus poblaciones para que puedan competir aportando trabajos de valor añadido; sino los relegan a la exclusión laboral. Esto en las democracias se transforma en el triunfo electoral de formaciones xenófobas y ultranacionalistas, que a la larga traen problemas. A mediados del siglo XX los fascismos europeos y la guerra mundial. Lo de Trump es lo de menos.

Estos días se habla más de Obama y Trump que de Rajoy y Fernandez, Rivera e Iglesias. Y es que la globalización de la economía ha globalizado la política. Todo ciudadano, sea del país que sea, sabe que lo que decida Trump le va ha influir. Poco o mucho, pero le va a influir. El discurso de Trump no ha dejado ninguna duda de sus intenciones. Ahora falta saber cómo las va a materializar.

Trump sigue empeñado en construir un muro frente a Méjico y que lo paguen los "manitos"; quiere derogar las leyes de sanidad de Obama; manejar las relaciones con la Rusia de Putin a su manera; dejar las empresas a sus hijos; y, sobre todo, convertirse en el Presidente Histrión creando puestos de trabajo dentro de las fronteras USA.

Es posible que consiga algunas de estos objetivos. Derogar el Obamacare no será difícil, destruir es siempre lo más sencillo. Dejar las empresas a sus hijos, es posible. Aunque su nerviosismo irá en aumento conforme empiecen a tener criterio propio. A su yerno, de momento, lo ha aparcado en la política, que es donde menor daño puede hacer a su patrimonio.

Pero lo del muro y que lo paguen los mejicanos está por ver. Lo mismo que lo de crear puestos de trabajo. El eje de la economía global se ha desplazado del Atlántico al Pacífico. El riesgo de los EE.UU. de Trump es que pase del Pacífico al Indico.

La autarquía económica, la defensa a ultranza de la economía nacional (entonces agricultura e industria, por este orden) frente a los competidores extranjero implantada por el Mercantilismo, como teoría económica, en la Europa del siglo XVll trajo el empobrecimiento de su población. Tanto que a finales del mismo las revoluciones acabaron con las monarquías absolutas que lo adoptaron: el caso de Francia.

Así que en ocho años USA puede perder su hegemonía económica. Claro está que no es necesario que reelijan a este Presidente dentro de cuatro. Pero él, fanfarrón donde los haya, ya anunció que dejaría sus empresas a sus hijos y que vería lo que habían hecho dentro de ocho años. Es decir daba por adelantada su reelección.

En fin, la globalización económica, que tiene sus derivadas no queridas, siempre acuna un Trump en su desarrollo. Lo ha hecho con el Brexit y amenaza con Le Pen en Francia, por ejemplo. La globalización concentra el desarrollo económico en los grupos sociales capaces de responder a sus desafíos y deja en la estacada a los que no tienen capacidad de respuesta, especialmente en los países desarrollados. Por contra ayuda a sacar de la pobreza masas en los países en vías de desarrollo.

Eso enseña una lección: los países desarrollados pueden jugar a la globalización si elevan la capacitación de sus poblaciones para que puedan competir aportando trabajos de valor añadido; sino los relegan a la exclusión laboral. Esto en las democracias se transforma en el triunfo electoral de formaciones xenófobas y ultranacionalistas, que a la larga traen problemas. A mediados del siglo XX los fascismos europeos y la guerra mundial. Lo de Trump es lo de menos.

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