Lunes, 19.08.2019 - 06:39 h

Rajoy no ha perdido el debate, y no era poco, eran tres contra uno

De los cuatro candidatos todos han optado por manejar bien la técnica. Tenían previsto cómo moverse, cómo vestir, y tres de ellos como intentar desacreditar a Mariano Rajoy.

Sánchez quedó anodino porque no quiso pelearse ni con Rivera ni con Iglesias.

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Asesores, acompañantes, técnicos y preparación. Los expertos en comunicación analizan las técnicas y la liturgia: cómo vestirse, cómo moverse, el tono, las inflexiones, la mirada, los gestos,... Asesoran sobre cada una de estas características. Es la filosofía de los sofistas. Para ellos la técnica es la clave del éxito.

Por contra los aristotélicos defienden que lo que de verdad comunica es la verdad: la sinceridad, la transparencia, la no ocultación. Lo importante es la credibilidad de lo que se trasmite eso es lo que comunica. Los receptores aceptan lo que les dice aquél a quien creen que no quiere engañarles.

De los cuatro candidatos todos han optado por manejar bien la técnica. Tenían previsto cómo moverse, cómo vestir, y tres de ellos como intentar desacreditar a Mariano Rajoy; es lo que se vio en el primer bloque sobre la economía. Tres contra uno. Cada uno de ellos leyó los datos como le interesaban. También proponían lo que creían que sus votantes estaban deseando oír. El golpe fue de Rivera que se refirió a Iglesias recordándole su querida Grecia. Y Grecia se convirtió en el arma contra Podemos.

Sánchez quedó anodino porque no quiso pelearse ni con Rivera ni con Iglesias. Ningún votante cambió de voto por este bloque, porque ninguno de los líderes demostró querer ser sincero, estaban a la defensiva.

En el segundo tramo la demagogia se destapó. Iglesias prometió todo tipo de políticas sociales y Rajoy le respondió que él mantiene el Estado del Bienestar. Rivera volvió a machacar a Iglesias con Grecia. Pedro Sánchez atacó a Rajoy con el copado sanitario. Pero ninguno dijo que pactaría con otro para resolver los problemas de las políticas sociales, salvo Rivera que propuso un pacto por la educación. El Sr. Sánchez atacó a Podemos y eso le sacó del anonimato ante la exasperación de Iglesias. Rajoy se defendió con datos.

En el tercer tramo, el más incómodo para el PP, Iglesias se destapó contra el PSOE y el PP, las puertas giratorias: una política radical. Sánchez atacó al PP, que se defendió con la independencia de la justicia y las fuerzas de orden público. Rivera le pidió a Rajoy reflexión. Y por fin apareció Maduro y la financiación de la fundación inicial de Podemos. Aquí sí que se puso nervioso Iglesias. Este tramo acabó en la pelea de gatos y salieron magullados y se arañaron. No ganaron ninguno. Se embarraron. Quizás porque fue el momento en que quisieron ser aristotélicos.

El bloque finalizó con Cataluña donde hubo un debate más sereno y más sincero. Los sofistas empezaron a ser aristotélicos. Sánchez volvió a recordar a Iglesias su voto en contra a su investidura alineándolo con Rajoy. Se le nota la decepción que le produjo esa decisión parlamentaria.

La Política exterior fue menos crispada. Las propuestas eran más asépticas. España es un país en el que lo internacional puede ser una de las políticas de Estado. Y hablando de pactos quedó claro que tres quieren ser Presidentes (Rajoy, Sánchez e Iglesias) y uno piensa que le gustaría influir (Ciudadanos).

En el momento final, el minuto de oro, Iglesias volvió al Sofismo, Rivera también, Sánchez lo mismo y Rajoy se sintió orgulloso de España. Cada uno hizo dijo lo que quieren oír sus votantes. Un debate de sofistas con algún rasgo aristotélico

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