Jueves, 19.10.2017 - 05:56 h

Preparados para el gran terremoto

Tras años de advertencias Costa Rica finalmente se toma en serio la gestión integral de las emergencias naturales.

Un oficial inspecciona una grieta después del terremoto en San Pedro de Poas
Un oficial inspecciona una grieta después del terremoto en San Pedro de Poas

Eugenia Baltodano hace lo que puede para ganarse la vida cultivando arroz, frijoles y maíz para poder alimentarse ella y sus 12 hijos. Pero llegar a fin de mes no es la única preocupación de Baltodano. También le preocupa la capacidad de su pueblo para sobrevivir a algo sobre lo que los científicos les vienen advirtiendo hace años: el Gran Terremoto. "La gente tiene miedo, pero al mismo tiempo cree que no pasará jamás", dice.

Los científicos han advertido que en cualquier momento podría registrarse un terremoto de magnitud 7,9 en la península Nicoya. Marino Protti, un sismólogo que trabaja en la Universidad Nacional de Costa Rica, piensa que el terremoto podría durar hasta 60 segundos, lo que dejaría a la península en ruinas, provocando daños en un radio de unos 40 kilómetros y generando probablemente un pequeño tsunami en la costa del Pacífico. "Va a ser un gran terremoto. Va a producir daños. La gente tiene que estar preparada", advierte Protti.

Peligro de terremoto desde hace una década

Costa Rica viene escuchando alertas sobre un posible terremoto en Nicoya desde hace una década, cuando los científicos descubrieron que hay un patrón sísmico que se repite cada 50 años: la península ya ha registrado terremotos devastadores en 1853, 1900 y 1950.

Ahora, a raíz de una cadena de desastres naturales ocurridos en el país, los servicios de emergencia parecen estar haciendo caso a la advertencia. Tras las fuertes críticas recibidas por la respuesta al terremoto de magnitud 6,1 registrado en enero, las autoridades finalmente están desarrollando un plan integral para la gestión de desastres nacionales.

La Comisión de Emergencia Nacional inició en septiembre un proceso de consulta popular a través del cual se analizarán las sugerencias de 150 instituciones públicas y privadas de diferentes ámbitos sociales del país para redactar una estrategia integral de gestión de los desastres nacionales.

Planes de protección

El plan es de amplio alcance, y no trata solo de aumentar las acciones de emergencia y la preparación de los servicios médicos, sino que también se intentan abordar algunos de los mayores problemas del país, como el deterioro de las carreteras y otras infraestructuras, además de la pobreza.

El terremoto Cinchona de enero (bautizado así por una pequeña villa cerca del epicentro que fue literalmente barrida del mapa) causó la muerte de al menos 30 personas y forzó la evacuación de otras 3.000 de sus hogares. En julio la Comisión para la Reconstrucción dependiente del gobierno informó que el total de los daños por el seísmo ronda los 500 millones de dólares.

En las fechas posteriores al desastre muchos vecinos de la zona y medios de comunicación culparon al gobierno de la fallida respuesta al desastre. Estados Unidos y Colombia, por ejemplo, tuvieron que enviar helicópteros de rescate a la zona porque Costa Rica no tenía suficientes, y eso ocurrió dos días después del terremoto, cuando muchas de las víctimas ya estaban muertas.

Cinchona expuso a la luz carencias de otro tipo: muchas personas murieron enterradas por corrimientos de tierras y por el derrumbe de edificios. Muchas casas, negocios y carreteras eran inestables o se habían construido en zonas no adecuadas.

Costa Rica, entre los más susceptibles de sufrir terremotos

Rodeada por al menos tres placas tectónicas, Costa Rica está considerado uno de los países más susceptibles a los terremotos en todo el planeta. Las casas se tienen que construir de modo que puedan soportar al menos algunas vibraciones de la tierra. Sin embargo, según Protti, pese a las normas antisísmicas de Costa Rica, los edificios viejos, y especialmente las casas levantadas en zonas rurales pobres, frecuentemente carecen de elementos de seguridad básicos como las barras corrugadas.

Tras el terremoto del 8 de enero un comité de emergencia local se dedicó a hacer un recuento de la población y a recolectar información sobre necesidades sanitarias específicas, como medicamentos para la diabetes y enfermedades del corazón. "Durante el Cinchona debió de morir mucha gente de la que nadie había oído hablar jamás", especula el presidente del comité, Gerardo Brenes, de 56 años.

Su comité de emergencia, creado tras una alerta por tsunami en agosto de 2007 (que nunca tocó tierra) ha peinado desde entonces la región. A Brenes también se le ocurrió que las ciudades de la zona necesitan implicar a hoteles, hospitales y negocios de todos los sectores para llevar a cabo una respuesta de emergencia coordinada, ya que no se puede contar con que la ayuda desde San José llegue a tiempo.

Según Brenes, algunas de las ciudades más afectadas por el terremoto de enero se quedaron totalmente aisladas porque la única carretera de evacuación se había desintegrado o quedado oculta bajo corrimientos de tierra. El comité que preside está estudiando sistemas para proteger esas salidas vitales, reforzando las laderas de montañas más sensibles a lo largo de las carreteras.

Mientras tanto, Eugenia Baltodano, de 64 años, teme que sus vecinos no estén lo suficientemente preparados; no cree que ninguna de las casas en su comunidad esté preparada para soportar este tipo de desastre natural.

Junto con un puñado de vecinos de los pueblos que se levantan en medio de la supuesta ruta del Gran Terremoto, Baltodano, líder del comité de emergencias voluntario de Barrio Hotel, trabaja duro para concienciar a la población de la importancia de estar preparados frente a un posible desastre. Sin embargo, pese a las advertencias y a los proyectos de concienciación del peligro en la costa noroeste de Costa Rica, la información sobre un posible terremoto no ha llegado a oídos de todos los habitantes de la región.

Eugenia Baltodano hace lo que puede para ganarse la vida cultivando arroz, frijoles y maíz para poder alimentarse ella y sus 12 hijos. Pero llegar a fin de mes no es la única preocupación de Baltodano. También le preocupa la capacidad de su pueblo para sobrevivir a algo sobre lo que los científicos les vienen advirtiendo hace años: el Gran Terremoto. "La gente tiene miedo, pero al mismo tiempo cree que no pasará jamás", dice.

Los científicos han advertido que en cualquier momento podría registrarse un terremoto de magnitud 7,9 en la península Nicoya. Marino Protti, un sismólogo que trabaja en la Universidad Nacional de Costa Rica, piensa que el terremoto podría durar hasta 60 segundos, lo que dejaría a la península en ruinas, provocando daños en un radio de unos 40 kilómetros y generando probablemente un pequeño tsunami en la costa del Pacífico. "Va a ser un gran terremoto. Va a producir daños. La gente tiene que estar preparada", advierte Protti.

Peligro de terremoto desde hace una década

Costa Rica viene escuchando alertas sobre un posible terremoto en Nicoya desde hace una década, cuando los científicos descubrieron que hay un patrón sísmico que se repite cada 50 años: la península ya ha registrado terremotos devastadores en 1853, 1900 y 1950.

Ahora, a raíz de una cadena de desastres naturales ocurridos en el país, los servicios de emergencia parecen estar haciendo caso a la advertencia. Tras las fuertes críticas recibidas por la respuesta al terremoto de magnitud 6,1 registrado en enero, las autoridades finalmente están desarrollando un plan integral para la gestión de desastres nacionales.

La Comisión de Emergencia Nacional inició en septiembre un proceso de consulta popular a través del cual se analizarán las sugerencias de 150 instituciones públicas y privadas de diferentes ámbitos sociales del país para redactar una estrategia integral de gestión de los desastres nacionales.

Planes de protección

El plan es de amplio alcance, y no trata solo de aumentar las acciones de emergencia y la preparación de los servicios médicos, sino que también se intentan abordar algunos de los mayores problemas del país, como el deterioro de las carreteras y otras infraestructuras, además de la pobreza.

El terremoto Cinchona de enero (bautizado así por una pequeña villa cerca del epicentro que fue literalmente barrida del mapa) causó la muerte de al menos 30 personas y forzó la evacuación de otras 3.000 de sus hogares. En julio la Comisión para la Reconstrucción dependiente del gobierno informó que el total de los daños por el seísmo ronda los 500 millones de dólares.

En las fechas posteriores al desastre muchos vecinos de la zona y medios de comunicación culparon al gobierno de la fallida respuesta al desastre. Estados Unidos y Colombia, por ejemplo, tuvieron que enviar helicópteros de rescate a la zona porque Costa Rica no tenía suficientes, y eso ocurrió dos días después del terremoto, cuando muchas de las víctimas ya estaban muertas.

Cinchona expuso a la luz carencias de otro tipo: muchas personas murieron enterradas por corrimientos de tierras y por el derrumbe de edificios. Muchas casas, negocios y carreteras eran inestables o se habían construido en zonas no adecuadas.

Costa Rica, entre los más susceptibles de sufrir terremotos

Rodeada por al menos tres placas tectónicas, Costa Rica está considerado uno de los países más susceptibles a los terremotos en todo el planeta. Las casas se tienen que construir de modo que puedan soportar al menos algunas vibraciones de la tierra. Sin embargo, según Protti, pese a las normas antisísmicas de Costa Rica, los edificios viejos, y especialmente las casas levantadas en zonas rurales pobres, frecuentemente carecen de elementos de seguridad básicos como las barras corrugadas.

Tras el terremoto del 8 de enero un comité de emergencia local se dedicó a hacer un recuento de la población y a recolectar información sobre necesidades sanitarias específicas, como medicamentos para la diabetes y enfermedades del corazón. "Durante el Cinchona debió de morir mucha gente de la que nadie había oído hablar jamás", especula el presidente del comité, Gerardo Brenes, de 56 años.

Su comité de emergencia, creado tras una alerta por tsunami en agosto de 2007 (que nunca tocó tierra) ha peinado desde entonces la región. A Brenes también se le ocurrió que las ciudades de la zona necesitan implicar a hoteles, hospitales y negocios de todos los sectores para llevar a cabo una respuesta de emergencia coordinada, ya que no se puede contar con que la ayuda desde San José llegue a tiempo.

Según Brenes, algunas de las ciudades más afectadas por el terremoto de enero se quedaron totalmente aisladas porque la única carretera de evacuación se había desintegrado o quedado oculta bajo corrimientos de tierra. El comité que preside está estudiando sistemas para proteger esas salidas vitales, reforzando las laderas de montañas más sensibles a lo largo de las carreteras.

Mientras tanto, Eugenia Baltodano, de 64 años, teme que sus vecinos no estén lo suficientemente preparados; no cree que ninguna de las casas en su comunidad esté preparada para soportar este tipo de desastre natural.

Junto con un puñado de vecinos de los pueblos que se levantan en medio de la supuesta ruta del Gran Terremoto, Baltodano, líder del comité de emergencias voluntario de Barrio Hotel, trabaja duro para concienciar a la población de la importancia de estar preparados frente a un posible desastre. Sin embargo, pese a las advertencias y a los proyectos de concienciación del peligro en la costa noroeste de Costa Rica, la información sobre un posible terremoto no ha llegado a oídos de todos los habitantes de la región.

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