Lunes, 20.11.2017 - 08:35 h

Le Pen gana, pero el próximo presidente de Francia será Emmanuel Macron

Está claro que en la segunda vuelta electoral del 7 de mayo todos irán contra la líder del FN. Le Pen lo sabe, y no ignora que sus posibilidades reales de vencer son escasas.

Francia ha hablado y ya hay dos candidatos para presidir la República, que se enfrentarán en segunda vuelta, el 7 de mayo. Por un lado, está la líder de la extrema derecha, Marine Le Pen, defensora de un mayor control a los inmigrantes y de un referéndum sobre la continuidad de Francia en la Unión Europa.

Una mujer de 48 años que tiene la habilidad de no dejar indiferente a nadie, y de despertar grandes pasiones a favor y en contra.

Enfrente de ella está un joven ex banquero de 39 años, Emmanuel Macron, de escasa experiencia política, europeísta y liberal en lo económico, que abandonó el Gobierno de Hollande hace pocos meses (fue ministro de Economía) y montó su propio partido: En Marcha! Con una ideología cercana al socialismo de centroizquierda, Macron se ha convertido en poco tiempo en la gran esperanza de
la Francia anti-Le Pen.

Está claro que en la segunda vuelta electoral del 7 de mayo todos irán contra la líder del Frente Nacional. Ella lo sabe, y no ignora que sus posibilidades reales de vencer son escasas. Pero para Le Pen haberse clasificado ya es una gran victoria. Sus aspiraciones de conquistar el Eliseo son a medio plazo, dentro de 5 ó  6. Ahora le basta con derrotar a los “viejos” partidos del establishment político.

Por primera vez desde que se fundó la V República en 1958, los dos grandes de Francia, gaullistas y socialistas, se quedan fuera, sin opciones de conseguir la presidencia. Además, los socialistas representados por Benoît Hamon, otro Pedro Sánchez con ínfulas, se han dado un batacazo electoral considerable. De todos modos, este hecho supone un gran rechazo al sistema, a los dos partidos que han regido los destinos del país durante décadas.

El otro gran derrotado ha sido Francois Fillon. El candidato de derechas que hace unos meses aparecía en las encuestas como el gran favorito para entrar en el Eliseo, pero que la corrupción le ha descabalgado de sus buenas opciones. Se descubrió durante la campaña que su mujer y uno de sus hijos cobraron durante años grandes sueldos como asistentes políticos del propio Fillón, algo que en Francia está permitido –contratar a la familia- y que la mayoría de políticos hacen; lo que no está nada permitido es cobrar y no acudir al puesto de trabajo, algo que ambos hicieron: cobrar sin aparecer por la oficina.

Volviendo al más que probable futuro presidente de Francia, Emmanuel Macron -la mayoría de los candidatos derrotados ya han pedido el voto para él-, su victoria en segunda vuelta supondrá una renovación generacional y la entrada de aire fresco para una Francia envejecida en las formas y en el fondo.

Guardando las distancias, Macron sería una especie de Albert Rivera, con poca experiencia
política –hace tres años nadie le conocía-, y con un pasado profesional en la banca Rotschild. Lo peor es que no tiene detrás un partido consolidado, y aunque ahora le saldrán novias y novios por doquier, no tiene el apoyo y la implantación necesaria para ejercer una presidencia fuerte. Todo dependerá de los resultados que obtenga en las elecciones legislativas de junio en las que se designan a 566 diputados de la Asamblea Nacional.

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