Domingo, 23.09.2018 - 22:39 h
El Bejorro
Profesor de la Universidad de Alcalá

Acabemos con el cambio de hora... No sirve para ahorrar energía

Recuerdo muy bien aquél día, sería en 1975, cuando oí hablar por vez primera de una medida extraña: cambiar la hora. De pronto, volvía a nuestra vida cotidiana algo que no sucedía desde la segunda guerra mundial. Era necesario, explicaba la televisión francesa, como consecuencia de la dramática crisis energética que desencadenó la guerra del Yom Kipur. Entonces no tenía criterio para saber si debía cambiarse la hora en primavera y en otoño, pero desde hace ya unos años me pregunto qué sentido tiene.

Quienes me siguen en Twitter saben de mi escepticismo. Por eso ha sido una gran alegría saber que desde el pasado 6 de julio y hasta el 16 de agosto, la ciudadanía europea puede expresarse sobre la continuidad de esta absurda normativa.

La cuestión es la siguiente: considerando que no es posible dejar que los Estados miembros decidan sobre el cambio de hora, con el fin de no entorpecer el funcionamiento transfronterizo del comercio de bienes y servicios, se consulta nuestro parecer respecto del mantenimiento o no del régimen actual en la Unión Europea. Mi respuesta ha sido que se vuelva a la estabilidad horaria, ya lo habrán adivinado ustedes, pero permítanme explicar las razones. Los estudios que se han hecho sobre la experiencia de estos años -y que oportunamente pone a nuestra disposición la Comisión Europea- muestran que los ahorros de energía son marginales. El principal motivo de la restauración del horario de verano ha desaparecido, bien porque la tecnología ha evolucionado o bien porque las estimaciones previas eran erróneas. En todo caso, sabemos que cambiando la hora no se ahorra energía de forma significativa.

También se ha argumentado que el aumento de actividades al aire libre mejora la salud de la población, pero la alteración de los biorritmos tiene el efecto contrario. Por ello no se han identificado ganancias de salud en la modificación de la hora. La Comisión nos informa igualmente de que los datos son poco concluyentes con respecto a la relación entre la hora de verano y los accidentes de tráfico. En principio, la privación de sueño que conlleva el adelanto de la hora en primavera podría incrementar el riesgo de accidentes. Pero el aumento de las horas de luz vespertina durante el verano tendría un efecto positivo en la seguridad vial.

En las tareas agrícolas se trabaja de sol a sol, y en España eso significa jornadas extenuantes en verano, y mucho más breves en invierno. Es difícil creer que cambiar la hora altere estas costumbres. Por otra parte, en el ordeño del ganado el cambio de hora ya no tiene efectos negativos merced a la utilización de nuevos equipos, sistemas de iluminación artificial y tecnologías de automatización. En suma, la información disponible basada en la larga experiencia acumulada desde mediados de los años setenta del pasado siglo muestra que no hay ganancias económicas con la utilización de un doble horario, el de invierno y el de verano. Tampoco parece que haya graves pérdidas, más allá de la incomodidad.

Cuestión distinta es la del huso horario que conviene a cada país. Aunque se trata de una decisión que corresponde a los Estados miembros y sobre la que el Parlamento europeo no tiene competencia, también se nos consulta si preferimos que se fije el horario de invierno o el de verano. Yo he votado por el de invierno, por una mera preferencia intuitiva, porque no tengo datos que me permitan saber cuál es mejor para nosotros. España comparte en la actualidad con otros 16 países de la Unión Europea el huso UTC+1. Hay solo tres países situados en UTC (Tiempo Universal Coordinado) que son el Reino Unido, Irlanda y Portugal, que quizá sería incluso más adecuado para nuestro país. Pero soy indiferente en relación con el huso horario, lo que me parece importante es que no lo cambien dos veces al año.

Me alegra mucho que se consulte a la ciudadanía de forma directa, a través de una sencilla aplicación web, pero sorprende que el Parlamento Europeo y los gobiernos nacionales no sean capaces de tomar esta decisión en nuestro nombre, como hacen en tantos otros temas. No obstante, ya que nos dan la palabra, animo a quienes me lean a votar contra el cambio horario y a gritar conmigo: ¡Pongan la hora que sea, pero dejen de cambiarla dos veces al año, por Dios!

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