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Echenique, Vicente Vallés y el pacto de Sánchez con empresas y sindicatos

El presidente ha firmado con agentes sociales un pacto sin contenido pero que acerca al Gobierno a empresas y sindicatos para salir de la crisis. Lo de Echenique y Vallés es harina de otro costal.

Echenique y Vicente Vallés
Pablo Echenique y Vicente Vallés.
Canva

La Covid, como buena pandemia, le ha robado a las bodas el mes de abril, el de mayo, el de junio y, ahora, el de julio. Los bodorrios se han quedado en un 'sí quiero' de mesa camilla con menos testigos que el robo de un móvil con datos compremetedores. El otro día rubricaban una relación de más de 20 años Joaquín Sabina y su pareja, Jimena Coronado. Joan Manuel Serrat estaba allí. Sabina, a sus sesenta y once, algo habrá visto-notado-intuido que le ha empujado a formalizar lo que ya era formal: a firmar el amor en un papel timbrado. En el mini-saraíto montado para la ocasión se encontraba también el ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska, dispuesto a llamar a la pasma de haber aparecido un macarra de ceñido pantalón en los juzgados de Pradillo. Es un suponer que todos se fueron luego de parranda. Solo puedo decir ¡Vivan los novios!

Pero para 'boda' resultona la que protagonizaron el viernes por la mañana en los jardines del Palacio de La Moncloa el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y los agentes sociales: empresarios y sindicatos. A la sombra de los árboles que han cubierto los paseos antiestrés de Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar, Zapatero y Rajoy, el jefe del Ejecutivo 'contraía matrimonio' con Antonio Garamendi (CEOE), Gerardo Cuerva (Cepyme), Pepe Álvarez (UGT) y Unai Sordo (CCOO). Una suerte de 'ménage a cinq' económico, social y político. Allí, en sillas blancas, Iglesias, Calviño, Montero, Escrivá, Díaz, Maroto...

La fotografía de Pedro Sánchez con empresarios y sindicatos es un triunfo por sí sola para el presidente del Gobierno

El Acuerdo por la Reactivación Económica y el Empleo -así se llama el pacto en cuestión- insinúa mucho pero no remata, invita a marisco pero no ves una quisquilla. Todo ello, en un día de calor infernal del julio madrileño que es incapaz de matar al coronavirus aunque se derritan los velones de la catedral de La Almudena. El acuerdo está pensado para sentarse a hablar y, siempre, mirando hacia Europa, que es quien ha de aflojar el bolsillo.

Pedro Sánchez ha vuelto a ganar la partida del marketing con una imagen para la historia de los cinco firmantes del pacto. Una foto de familia cero paritaria de ejecutivos, sindicatos y Gobierno con las bocas tapadas con mascarillas, para que no entren moscas ni coronavirus despistados.

Moncloa permitió unas palabras a los presentes pero a la Prensa se le privó de poder preguntar. Eso sí, la foto es ya un triunfo para Sánchez, aunque yo prefiero siempre fotógrafos que encuentren con sus ojos el click deseado,sin posados; y periodistas que sacudan las ramas del árbol. Tampoco hubo rueda de Prensa tras el Consejo de Ministros. Hay quien dice que para evitar preguntas sobre Pablo Iglesias y Dina Bousselham, que ya es un asunto para iniciados en el que si te pierdes un capítulo ya no sigues el hilo.

No defenderé a Vallés por lo que dice pero sí por lo que hace: contar historias; y no criticaré a Echenique por sus objetivos, pero sí por la forma de conseguirlos

Pero no hay boda en la que no se cocine un divorcio. El líder de Podemos Pablo Echenique está enfadado con los chicos de la Prensa. Sobre todo con Vicente Vallés, que gusta de llamar a las cosas por su nombre. A Echenique no le gusta el Periodismo de Vallés, que no es ni más ni menos que contar noticias con libertad. Pero eso es más o menos lo que les sucede a la mayoría de los políticos. Es una parte de la -a veces miserable pero siempre maravillosa- vida entre políticos y periodistas.

En la política siempre ha habido gente que ha tratado de pintar de su color las direcciones de los medios... Pero el Periodismo -el bueno, el de verdad- es fuerte. No defenderé a Vallés por lo que dice pero sí por lo que hace: contar historias con la subjetividad, o no, que le corresponde como humano. De la misma forma, no criticaré a Echenique por su ideología ni por sus objetivos políticos, pero sí por la forma en que trate de conseguirlos.

Entre Echenique y Vallés no hay química. A buen seguro no comerán perdices juntos, aunque espero que ambos sean felices.

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