Lunes, 27.01.2020 - 01:32 h

ERC y el poder negociador de tenerte agarrado de las pelotas

Estuvo esquivo en la campaña electoral el candidato socialista, Pedro Sánchez, sobre si pactaría o no su investidura con los independentistas en el caso de que las urnas no le diesen mayoría suficiente, como así sucedió. Estuvo cañero el líder del PSOE con su homólogo de Podemos, Pablo Iglesias, en los mítines y en el debate televisivo para los comicios del 10-N. El inquilino en funciones de La Moncloa le zumbó dialécticamente al morado, pero en un abrir y cerrar de ojos Pedro y Pablo se fundieron en un abrazo que a una parte de sus votantes es de suponer que no les ha gustado.

Hablo de votantes. Otra cosa son los militantes o afiliados, que en el caso del PSOE han refrendado el dúo político por una mayoría aplastante en la que algo más de 90.000 socialistas han dicho sí al acuerdo de izquierdas. Unos 90.000 individuos han decidido en un tema crucial por 6,7 millones de votantes del PSOE, que en un porcentaje imposible de cifrar creyeron a pies juntillas que un pacto con Pablo Iglesias era imposible después de un intento de investidura vergonzante. Así es la política.

Viene esto a cuenta del indispensable apoyo de Esquerra Republicana de Catalunya para consolidar a Sánchez en un futuro ejecutivo bicolor, en el que Iglesias ocupará una vicepresidencia. Los de ERC también consultan este lunes a sus bases. La pregunta elegida, la siguiente: "¿Estás de acuerdo con rechazar la investidura de Pedro Sánchez si previamente no hay un acuerdo para abordar el conflicto político con el Estado a través de una mesa de negociación?". Leída, lo lógico es que los republicanos voten sí a rechazar un acuerdo si no hay guiños a hablar con Cataluña.

En Moncloa estarán relajados, ya que la preguntita de marras no contiene bombas-trampa, o eso parece: no se pide la convocatoria de un referéndum de independencia -que es imposible- ni tampoco que se indulte o se saque de la cárcel a los presos del procés -que tendría un coste político brutal para el Ejecutivo-. Solo se pide una mesa -sin relatores ni vigilantes- para hablar, cosa que cualquier demócrata respaldaría. Pues hablemos, pensará Sánchez.

Las conversaciones con el independentismo catalán son, además, necesarias, les guste o no a los más partidarios de la unidad territorial de España. Cierto es que cada parte ha de saber antes de sentarse a negociar qué será posible y qué no, y ahí la Constitución y la legalidad, pese a quien pese, habrá de estar por encima de cualquier compromiso.

En ERC saben que un Gobierno del PSOE-Podemos siempre será mejor que uno del PP apoyado por Vox, por los restos del naufragio de Cs y por otras fuerzas parlamentarias que, en unos nuevos comicios, podrían hacer cambiar el peso en la balanza de mayorías en el Congreso de los Diputados. Los republicanos saben que Sánchez e Iglesias no les darán mucho aire -ya se ha encargado el PSOE de que Podemos levante el pie del acelerador en materia de derecho a decidir- pero también son conscientes de que no les ahogarán. Si la tortilla parlamentaria se da la vuelta...

En las últimas horas desde ERC han deslizado que quieren hablar de todo, entre gobiernos, y que el encarcelado Oriol Junqueras juegue un papel importante en las conversaciones, entre otras demandas. En política hay que hacer teatro, aunque a veces sea del absurdo.

¿Y por qué tanto baile? La abstención, cuando menos, de ERC es primordial para que Sánchez salve la cabeza, por lo que el empeño de los negociadores será sacar adelante un acuerdo que contente a los republicanos y no incomode demasiado a la hora de vender el resultado ante la opinión pública. ERC tiene un arma cargada en sus manos -con una bala en la recámara que dice 'nuevas elecciones'- y tratará de sacar agua del desierto. Legítimo. La cuestión es saber cuántas piedras meterá en su mochila el presidente del Gobierno en funciones y si su peso le permitirá transcurrir sin problemas por una legislatura que nadie piensa que vaya a durar cuatro años.

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