OPINION

Españoles, Franco ha muerto (otra vez)... ¿y ahora qué?

Sacan ataúd
Sacan ataúd

El 20 de noviembre de 1975 un ojeroso Carlos Arias Navarro se presentaba ante los ciudadanos en televisión. Imágenes en blanco y negro en un país en el que no todos los hogares disponían de la 'caja mágica'. Las existencias de teles en algunos comercios de electrodomésticos se agotaron en pocas horas. Había españoles que por distintas razones querían comprobar que el dictador había espirado su último aliento en La Paz.

Arias, con voz entrecortada, arqueando sus cejas, vestido de luto riguroso, pronunciaba una frase para la historia: "Españoles, Franco ha muerto". El presidente del Gobierno sentía, seguro, que con el 'generalísimo' sin vida era cuestión de tiempo que España diese carpetazo a 40 años de dictadura. Una página larguísima de la historia de España empezaba a cerrarse con Franco cadáver.

Poco antes, un 22 de diciembre de 1973, el entonces presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco, moría asesinado en un atentado terrorista. El almirante Carrero, señalado como posible continuador del régimen, fallecía al hacer explosión artefactos colocados en el subsuelo de la calle de Claudio Coello, que pillaron de lleno el vehículo presidencial.

Carlos Arias Navarro y Luis Carrero Blanco, dos de las últimas grandes piezas del franquismo fueron enterrados, casualidades de la vida, en el cementerio de Mingorrubio-El Pardo. Hoy, sus sepulturas a ras de suelo, reflejan el desgaste del paso del tiempo.

Los restos de Franco, exhumado e inhumado hoy mismo en una operación relámpago en la que todo estaba medido al milímetro para evitar sorpresas, están ahora a pocos pasos de los de Carrero y Arias y de otros notables del régimen, además de 'vecinos' sin galones: muertos normales.

La primera inhumación de Franco se hizo a lo grande. Aunque hubo cierta improvisación a la hora de elegir el lugar en el que enterrar al dictador que permaneció 40 años como jefe del Estado los fastos por el general fueron de alto copete. Su cadáver fue expuesto en el Palacio Real de Madrid y millares de personas pasaron frente al féretro, como ya decía, por motivos diversos: unos para rendir sentido homenaje; otros, para comprobar que realmente estaba muerto.

Ya en el Valle de los Caídos, la despedida fue con honores militares. Una losa de granito de 1.500 kilos tapó la tumba. Ahora, casi 44 años después, Franco ha vuelto a morir metafóricamente tras ser revivida su memoria por la fuerza de la Ley.

Pedro Sánchez ha jugado la baza de la exhumación a su manera. Tomó el testigo que dejó encauzado el socialista José Luis Rodríguez Zapatero y ha rematado un complejo procedimiento administrativo y judicial que ha a acabado con los restos del dictador en Mingorrubio, aunque la familia deseaba que fuese sepultado en la Catedral de La Almudena. Zapatero pergeñó la Ley de Memoria Histórica que ha vehiculizado la exhumación de Franco de Cuelgamuros.

El presidente del Gobierno en funciones se ha encontrado con que Franco ha salido del Valle 17 días antes de unas elecciones. El dictador, su memoria, siempre ha dado dolores de cabeza, lógicos, a la democracia, que no ha digerido aún del todo el tránsito desde 1936 hasta hoy en día. Hoy, Franco, un cadáver enjuto y endurecido, como asegura el que fue su embalsamador allá en 1975, no habla pero ha lanzado indirectamente con su salida del Valle de los Caídos también mensajes a un país en el que el crecimiento político de la derecha a la derecha del PP, es decir, Vox, está en el candelero. Las encuestas hablan de que los de Santiago Abascal podrían ocupar la tercera plaza política en el Congreso, por delante de Ciudadanos, que pagaría sus tropiezos y vaivenes de los últimos meses.

¿Con Franco en Mingorrubio todo acaba? Sí y no. Habrá reclamaciones de la familia, que tratará por todos los medios que se cumplan sus deseos de que se le entierre en la catedral de Madrid. Además, con Franco fuera del Valle se abrirá probablemente un proceso para decidir el destino del monumento, que alberga cientos de muertos de la guerra civil española, los restos del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, una abadía benedictina, una escolanía, una hospedería...

La exhumación de Franco será el escopetazo para que familiares de otros enterrados en el Valle reclamen sus restos para darles sepultura. Esa será otra guerra, que se sumará a la lógica de recuperar de las cunetas a los ajusticiados por los dos bandos durante y después de la guerra civil.

Franco, 44 años después de muerto ha removido las tripas en la política española. El PSOE ha sacado pecho con la exhumación y se ha colgado a sí mismo una medalla de victoria y reparación. A Pablo Iglesias no le ha gustado nada: no el hecho de desenterrar al dictador, sino el que Sánchez haya capitalizado un acontecimiento que los desinflados morados querrían para sí. Nadie se ha salvado: del centro a la extrema derecha, todos han tenido que posicionarse. Y eso resta o gana votos.

A mis 12 años, la muerte de Franco no supuso un crack político. Franco era ese militar al que metían y sacaban del hospital, que salía al balcón del Palacio Real con gorra de plato y gafas de sol, al tiempo que temblequeaban sus manos. El mismo que salía en el NO-DO cuando nos llevaban al cine y que siempre inauguraba obras o era aclamado por las masas. La muerte de Franco, en 1975, nos dispensó unos días de vacaciones y nos permitió ver a la gente muy seria por las calles o recelosa cuando salía a comprar a la tienda de ultramarinos de la esquina.

Franco murió pero, a la vista está, no ha desaparecido de las vidas de los españoles: vidas que fueron cambiando, mejoraron, entraron en el juego democrático, ampararon una Constitución, votaron en decenas de elecciones, crearon la España de las autonomías... La mayor parte de los ciudadanos no sabe ni quién fue Franco, o saben poco, cosa que hemos de 'agradecer' a nuestros sabios políticos y sus 'sólidos' modelos de enseñanza.

Franco, en Mingorrubio, a un paso de donde tenía su residencia oficial en El Pardo, seguirá dando guerra. Sánchez ha agitado el árbol y han caído los frutos. Dicen que el dictador lo dejó todo "atado y bien atado". ¿Se referirían a esto?

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