Martes, 28.01.2020 - 14:34 h

El chico con zapatos nuevos nos trata como a tontos. El chico al que las chaquetas le quedan algo cortas ha tocado el cielo y nos mira con deferencia. El chico que no se despeina levita por los pasillos de Moncloa. El chico del traje azul nos presentó el domingo a sus 22 ministros. Y no hacía falta. Los conocemos de sobra. Los que mueven los hilos en el Gobierno de coalición ya se habían encargado de ir filtrando titulares de carteras mayores y menores, para mantener entretenido al personal y de los nervios a los periodistas, menos a los que han hecho de correa de transmisión del poder. Ayer, con la alineación del equipo más que sabida, el presidente Pedro Sánchez se marcó un plasma sin preguntas, no vaya a ser que se vea en un aprieto, para mostrar en sociedad a su equipo de coroneles y al 'Equipo A + 1' del general morado.

Sánchez ya es el Papa de Madrid e Iglesias el cardenal de Galapagar. Por mucho que se empeñe el presidente socialista en decir que el Gobierno hablará con una sola voz, que habrá unidad, eso no va a ser posible: dos gallos de pelea en un gallinero, hostias en el criadero. El tira y afloja viene de lejos. Primero, el líder del PSOE se ha tenido que echar en brazos de Iglesias por necesidad no por deseo; claro, que también ha debido probar el regazo del PNV, EH Bildu, ERC, Más País, Teruel Existe... Mucho, mucho roce para uno que quiere volar solo. Mucha, mucha cesión que le costará una factura de una cuantía política aún desconocida.

En segundo lugar, a Sánchez no le ha gustado nada-nada que  el líder morado le haya ido adelantando los nombres de ‘sus’ ministros, tomándole por el pito del sereno, como si el presidente no fuese quien los nombra a todos y decide quiénes son. Aquí el inquilino de 'Moncloa chica' ha hecho de su capa un sayo. Y tercero, no le habrá hecho mucha gracia al presidente que el de Unidas Podemos corriese, como si debiese algo, para salir en El Intermedio. No en un informativo al uso; no en una entrevista con periodistas que metan el dedo en la llaga. No. El espacio del Gran Wyoming fue el elegido. Hay alguno de pelo largo y coleta al viento que todavía no sabe dónde se ha metido y cuál es, o va a ser, su responsabilidad ante un Estado. A Sánchez todo esto le habrá dado acidez de estómago, puede que de ahí venga el rictus serio y plomizo que se gasta. O tal vez esté pensando en el Rey Felipe VI, en los guiños a Cataluña, en las palabras hacia Bildu, en el cortejo con el PNV... No hay que ser monárquico para darse cuenta de que el Rey está enrabietado. "El dolor vendrá después", acertó a decir el monarca tras la promesa de Pedro Sánchez como presidente del Ejecutivo.

Pero el presidente las mata callando. Iglesias se creía con mucho poder y Sánchez le ha ido robando la cartera, las llaves de casa y el acondicionador de pelo como si estuviese en un semáforo del Paseo de Recoletos. Podemos tiene ministerios pero el PSOE le ha puesto ‘vigilantes de la playa’ y cortafuegos para que no se le desmanden los 'gremlins morados'. Finalmente, el Ministerio de Seguridad Social, desgajado de Trabajo, ha quedado en manos de Sánchez, que va a colocar al frente a José Luis Escrivá, del que hemos sabido que gestionó una sociedad familiar sancionada por Hacienda por impagos del IVA durante cuatro ejercicios fiscales, entre los años 1996 y 1999, tal y como publicó La Información en la noche del pasado viernes. También el ascenso fulgurante de Teresa Ribera a vicepresidenta deja a Pablo Iglesias desdibujado entre las tres mujeres más poderosas del Ejecutivo: Calvo, Calviño y la propia Ribera.

11 ministros, 11 ministras y un presidente. Como dos equipos de fútbol al completo y hasta un árbitro. La paridad en este caso se ha cumplido fifty/fifty. Los 'cinco de Galapagar' van a tener una guerra diaria por hacerse notar, figurar y hacerse valer. 'Moncloa chica', el chalé de la sierra de Guadarrama en el que viven Iglesias e Irene Montero, está llamado a ser centro de operaciones del minigobierno paralelo que sujeta al Ejecutivo de Pedro Sánchez. El verdadero poder de los de Iglesias no está en sus carteras ministeriales, que son pintonas y en las que hay mucha e importante tela que cortar, sino en la guerra de la comunicación; en esa contienda, el jefe morado le saca distancia de sobra al líder socialista. Iglesias no va a ceder ni un milímetro en sus pretensiones de girar a la izquierda de la izquierda el timón del barco, mientras Sánchez tratará de nadar y guardar la ropa.

En Moncloa, a la salida de Madrid por la Nacional VI, se celebrará todos los viernes el Consejo de Ministros; con más frecuencia, en 'Moncloa chica' no es descartable que haya reuniones con el objetivo de agitar la botella de cava para que el tapón salga disparado como un proyectil para caza mayor. En espera de que las encuestas comiencen a revelar lo que piensan los ciudadanos del matrimonio socialista a varias bandas, Pablo Iglesias ya sabe que el éxito del Gobierno de coalición puede ser, al mismo tiempo, su gloria y su tumba política. Habrá un momento en el que el de Vallecas tenga que abofetear a su socio para tratar de reconstruir a Unidas Podemos y volver a recolectar votos. Caín matará a Abel, o al revés.

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