Miércoles, 01.04.2020 - 07:10 h

Rufián, el ‘ministro 23’ de Sánchez

Vergonzoso el espectáculo que a lo largo de esta semana ha protagonizado el Gobierno del PSOE. Y digo el Gobierno del PSOE y no el de coalición porque los morados de Pablo Iglesias se han decantado por enmudecer y ver cómo la tormenta empapa hasta los huesos a sus colegas socialistas. Vergonzoso. Y lamentable. Si a alguien le quedaba alguna duda sobre quién manda más en España, estos días ha visto luz al final del túnel. La bajada de pantalones de Pedro Sánchez, rectificando y volviendo a convocar la Mesa de negociación con ERC, que minutos antes había suspendido, perdurará en los corrillos de la historia reciente del país. El republicano Gabriel Rufián ha dejado claras, claritas, las cosas al presidente Sánchez, que se ha humillado hasta decir basta frente al ‘chico malo’ de ERC y ha mostrado a los cuatro vientos que el independentismo catalán le tiene agarrado de sus partes. Es lo que tiene pactar, que luego te ves obligado a cumplir.

Parece que no hay nadie con sensatez a los mandos del Ejecutivo... aunque tampoco en los asientos de atrás. El coche en el que viajan los 22+1 no pasa una ITV aunque no tiene ni el rodaje. ¿Alguien en Moncloa había pensado que ERC iba a tolerar un aplazamiento unilateral de la Mesa de negociación, sobre la que reposan el resto de condiciones entre el sanchismo y los republicanos? Si no hay Mesa no hay acuerdo ni hay Presupuestos Generales del Estado ni hay paz política que valga.

Y Rufián, ariete de Esquerra en el Congreso de los Diputados, ha ganado el pulso sin esfuerzo alguno, simplemente haciendo una bola de papel con el acuerdo del Ejecutivo. Sánchez, que cuando no miente -dijo que jamás pactaría ni con Unidas Podemos ni con los independentistas- es un vendedor de mantas zamoranas tiene el estómago relleno de los sapos que ha ido tragando tras la promesa de su cargo ante el Rey Felipe VI.

El último batracio ha saltado en la charca con un José Luis Ábalos desbordado, desnortado y desesperado. Parece que también desmemoriado. Ha dicho medias verdades, ha callado la realidad, ha rectificado varías veces y ha quedado en evidencia tras el encuentro-reunión con la vicepresidenta venezolana en el aeropuertos de Madrid-Barajas Adolfo Suárez. El ministro de Transportes está marcado. Por menos, en un país de la Europa en la que se mira España, un político habría dimitido y se habría ido a casa con el rabo entre las piernas. Pero Ábalos, no; no va a caer, porque es uña y carne del presidente. Así que hay ministro para rato. La oposición le está machacando y Ábalos encaja como buen sparring.

El jueves, Sánchez se verá cara a cara con Quim Torra, ex diputado del Parlament y presidente de la Generalitat. Torra está dando sus últimas bocanadas a la política y lo sabe. Habrá elecciones en Cataluña y él se quedará fuera de juego, contemplando como Puigdemont y Junqueras se lían a zarpazos por conseguir el poder.

Cataluña huele a cambio. El PSC de Iceta será clave para que ERC lidere el nuevo ejecutivo y se entierre, al menos durante un tiempo, el fratricida hacha de guerra que ha dividido a la sociedad española y que ha puesto sobre el terreno de juego a la extrema derecha que se trata de arrinconar en la UE.

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