Jueves, 19.09.2019 - 05:10 h
Eurodiputada

Amazonia Burning: quemar la selva por decreto ¿es de izquierdas o de derechas?

A estas alturas de siglo ya no nos sorprende que, ante las grandes catástrofes que sacuden al mundo, las reacciones de gobiernos, medios e individuos en redes sociales dependan de dónde sucedan y quién esté a cargo. Tanto la indignación por la destrucción irreversible de nuestro planeta como la exigencia de responsabilidades a los gobiernos son legítimas. Pero no pueden verse manipuladas de la manera en que lo están siendo en estos días, con motivo de los devastadores incendios que por miles están asolando la Amazonia. Yo creo firmemente que para resolver los problemas hay que centrarse en los hechos, y pedir cuentas a cada cual en la medida de su responsabilidad. Ponerse orejeras, ya sean ideológicas, geográficas o partidistas, es tramposo e ineficaz. Y si de la multiplicación desmesurada de incendios en la selva amazónica hablamos, lo fácticamente justo (y práctico) es referirse a cómo empezó todo este verano: por decreto.

La selva amazónica es el bosque tropical más extenso del mundo y una reserva de biodiversidad incomparable, pero, en contra del mantra ampliamente extendido, no es el pulmón del planeta: el 90% del oxígeno lo produce el fitoplancton marino. Brasil y Perú poseen la mayor superficie, pero sus siete millones de kilómetros cuadrados se reparten entre otros siete países: Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana, Francia (Guayana Francesa) y Surinam.

Evo Morales, presidente del estado plurinacional de Bolivia, decretó el 9 de julio de 2019 expandir su frontera agrícola en territorio amazónico en 4,5 millones de hectáreas, permitiendo el "desmonte" con quemas "controladas". Decreto Supremo 3973, se llama. Para poner en contexto: esa extensión amazónica que Morales dio orden de quemar "controladamente" equivale a la de todo un país como Suiza… y un 10% más. El objetivo de Morales (él mismo lo expresó así) es lograr un crecimiento económico, que inevitablemente pasa por competir en la exportación de carne a China y Rusia. Para ello, necesita mucho desmonte para expandir la actividad agropecuaria. Y nada más rápido y barato que la "quema controlada"… aunque, como explicaba Mauricio Villegas en Twitter, lo del control se le fuera bien pronto de las manos ante semejante extensión.

¿Saben por qué la Amazonia venezolana no se quema? Sí, han acertado: el chavismo ha arrasado Venezuela también física, orográfica y medioambientalmente. Porque lleva años siendo devastada por el régimen incompetente y corrupto de Maduro (socio de Morales): la explotación desmedida del Arco Minero del Orinoco que creó en los Estados Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro está destruyendo sin remedio el Parque Nacional Canaima: 30.000 km2 Patrimonio de la Humanidad.

Desde luego, no resulta muy reconfortante que una de las pocas decisiones del G7 en Biarritz haya sido simplemente donar 20 millones de euros, entre todos sus miembros, para luchar contra los incendios en la Amazonia (calderilla para salvar los muebles: al día siguiente, Leonardo DiCaprio (él solito) ha donado 4,5 millones. Ya nos vale). Desde mi punto de vista, es imprescindible que a Jair Bolsonaro y al gobierno brasileño se les exija con todo rigor el cumplimiento de nuestros compromisos medioambientales suscritos en el Acuerdo de París… pero desde el trabajo conjunto. Me parece inaceptable y completamente fuera de lugar que distintos países europeos (Francia, Irlanda, Finlandia, Luxemburgo) se hayan lanzado a amenazar a Brasil de forma unilateral con hipotéticas suspensiones de acuerdos como el reciente e histórico Mercosur e incluso sanciones específicas. Europa puede y debe actuar de forma unificada y concreta. Y estoy segura de que lo hará, y con iniciativas de mucho más calado que la del bienintencionado presidente del nuevo Parlamento Europeo, David Sassoli, que propuso el sábado a los alcaldes europeos: "Frente a los desastres en el Amazonas y en Siberia, se necesitan acciones concretas. Invito a todos los alcaldes de Europa a plantar al menos un árbol". Benditas lágrimas socialdemócratas, que diría Santiago González.

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