Lunes, 01.06.2020 - 05:03 h
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Profesor, abogado y consultor

Carta abierta a Nadia Calviño, la ministra de Economía

En primer lugar, quiero felicitarle por su nombramiento y desearle el mayor de los éxitos en su etapa, dure lo que dure, porque será positivo para la Economía española y para la calidad de vida de todos los españoles, opinen lo que opinen. Más allá de interpretaciones partidistas y electoralistas, que siempre las habrá, todos los españoles nos beneficiaremos de sus aciertos y sufriremos sus errores.

Como Ud. ya sabe, al comienzo de una andadura en un cargo público conviene tener claras algunas cosas. La primera es que se trata de una ‘carrera de relevos’ y que más temprano que tarde uno dejará el cargo. Y la segunda es intentar dejar las cosas un poco mejor de lo que las encontró. Para lo cual conviene ‘centrar el tiro’ y elegir bien las prioridades: las dos o tres cosas que uno va a poder hacer.

Esta misiva no pretende ser la típica ‘carta a los Reyes Magos’, con las legítimas peticiones que los sectores hacen a los nuevos cargos, cuando toman posesión. Ni tampoco pretendo con ella dar consejos a una profesional con una reconocida trayectoria, tanto en la administración española como en la Comisión europea. Tan sólo son unas ideas, reflexiones o sugerencias, por si le pudieran ser útiles.

1. Agenda digital

Creo que es positivo para la Secretaría de Estado de Sociedad de la Información y Agenda Digital haber pasado no sólo a depender, sino, esperemos, a integrarse en el Ministerio de Economía y Empresa, porque este cambio refleja la evolución que ha hecho el propio sector TIC de verse como un sector industrial a orientarse a la Economía Digital (tanto adigital, como AMETIC o, recientemente, Digitales).

Pero el cambio no es sólo bueno para la Secretaría de Estado o para el sector. El cambio es bueno (debe serlo) para la Economía española, que debe terminar de hacer el tránsito hacia la Economía Digital, que es la Economía del Siglo XXI. Por eso digo que la Secretaría de Estado no debe sólo ‘depender’ del Ministerio de Economía, sino ‘integrarse’ e influir en las políticas que desde allí se hagan.

Por eso, lo único que hay que lamentar es que la Agenda Digital no aparezca en el rótulo del Ministerio, pues sería importante que se vincularan al más alto nivel las competencias de “Economía, Empresa y Agenda Digital”, al igual que en la Comisión Europea hay no sólo una Comisaria de Economía y Sociedad Digitales: Mariya Gabriel, sino un Vicepresidente del Mercado Único Digital: Andrus Ansip.

2. Digitalización de las PYMEs

En lo que se refiere a Telecomunicaciones, los grandes temas están encauzados (subasta del 5G, extensión de la fibra, dividendo digital). No así los de Sociedad de la Información, que siempre requieren de un esfuerzo mayor, por la dispersión de los ‘afectados’, al no tratarse de un sector concreto sino de toda la Sociedad, pues es una nueva etapa y un nuevo entorno (digital) en el que ha entrado ésta.

En este sentido, el talón de Aquiles de la Economía Digital española ha sido el escaso grado de digitalización de las PYMEs, que va muy unido a la capacitación digital. Es un tema que se solucionaría con el tiempo, con el cambio generacional en las empresas familiares, pero que hay que intentar acelerar al máximo, porque muchas no podrán esperar tanto y desaparecerán antes, al no ser competitivas.

Esperemos que ahora, al depender del mismo Ministerio las políticas de apoyo a la Empresa y la Agenda Digital, se intensifiquen los esfuerzos por acelerar esa transformación digital de la PYME española, que no puede hacerse con planes ‘de arriba a abajo’ y sólo desde un Ministerio, sino que tiene que contar con otros (especialmente, con Trabajo) y, sobre todo, con la colaboración público-privada.

3. Estructura y nombramientos

En cuanto a la estructura interna de la Secretaría de Estado, creo que sería muy importante recuperar la extinta Dirección General de Sociedad de la Información, porque el hecho de que las subdirecciones generales y, sobre todo, los asuntos (tanto de regulación como de gestión) dependan directamente del Secretario de Estado, a través de su Gabinete, produce un ‘cuello de botella’ muy perjudicial.

De esta forma, podría nombrarse a un Director General, con formación jurídica y tecnológica para coordinar los proyectos regulatorios (reglamento de privacidad en línea, directiva de propiedad intelectual, directiva de servicios audiovisuales) y con gran experiencia en la gestión administrativa, pues el éxito de los proyectos depende, en gran parte, de conocer cómo funciona la administración por dentro.

Y, por otro lado, podría reservarse el puesto de Secretario de Estado para algún independiente, de reconocido prestigio profesional, que provenga del mundo de la Economía Digital, la conozca bien y pueda dar el impulso que necesita tanto la transformación digital de las empresas tradicionales como el emprendimiento. Alguien, por ejemplo, si tuviera que decir un nombre, como Bernardo Hernández.

4. ‘Monitorización’ de las políticas económicas

Por último, aunque fuera del ámbito de la Secretaría de Estado y del Ministerio, me parece crucial la labor que se puede desarrollar desde la Comisión Delegada de Asuntos Económicos. No sólo para impulsar, como Ministerio transversal, las distintas políticas económicas y digitales de los Ministerios más implicados, sino, sobre todo, para ‘monitorizar’ y evaluar -en tiempo real- los resultados de éstas.

No me refiero sólo a una evaluación de la ejecución del gasto, ni a una rendición de cuentas a posteriori (que es como hacer una autopsia), porque eso ya lo hace Hacienda, sino a una monitorización y evaluación de los resultados -sustantivos y en tiempo real- de las diferentes políticas públicas en la Economía española, para saber cómo vamos y si hay que corregir el rumbo y cambiar alguna política.

Ésa sí sería una verdadera revolución, a la que, sin duda, pueden ayudar mucho las Tecnologías de la Información y la Comunicación y, en especial, el Big Data. La única forma de poder reducir el déficit público sin recortar el gasto productivo y de consolidar el crecimiento económico es saber lo que funciona y lo que no. Las revoluciones se hacen en un año. Lo único que hace falta es determinación.

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