Domingo, 21.10.2018 - 12:56 h
¿Qué sucedió en la semana, eh?
Profesor, abogado y consultor

Cumplir años en la era de las redes sociales

Esta semana es mi cumpleaños. Y, como todos los años desde que existen las redes sociales, recibiré un sinnúmero de felicitaciones de gente que ni conozco. O de gente que conozco, pero que la única vez que se relacionan conmigo es cuando un ‘chivato’ de una red social les avisa que, de nuevo, es mi cumpleaños. No lo critico o, más bien, me autocritico porque también yo lo hago.

No hay nada más triste que ver que la última interacción con algunas personas es de hace un año… O sí hay algo más triste: comprobar que, desde hace varios años, es la única interacción que tenemos. Por un lado te planteas qué sentido tiene seguir manteniendo esos contactos, sólo porque una red social recuerde tu cumpleaños, pero, por otro lado, te da alegría verlos… y te daría pena perderlos.

Así que volveremos a decir: “Muchas gracias. A ver si este año nos vemos más”. Aunque bastaría: “a ver si este año nos vemos”, porque vernos una sola vez ya sería “vernos más” que el último año, o que los últimos años. Por cierto, ya nadie dice “gracias por acordarte”, porque todos asumimos que nos acordamos gracias a las ‘alertas’ de las redes sociales, pues no sabemos ni el día en que vivimos.

El cuarto cuarto

Para mí es un año especial, porque este año -no me importa decirlo- cumplo 54 (soy de la quinta de 1964, una de las mejores añadas del siglo XX). Sé que no es un número redondo, pero para mí tiene un significado muy especial, que a mi familia y amigos explico diciéndoles que, en términos baloncestísticos (he jugado al baloncesto casi toda mi vida), comienza mi “cuarto cuarto”, que es el decisivo.

Cuando mi padre murió, a los 72 años, yo tenía exactamente la mitad: 36. Y sentí que empezaba la segunda mitad de mi vida. No sólo porque uno tiende a tomar como expectativa de vida la de su familia, más que la media oficial (que para los hombres en España es actualmente de 80,4 años), sino también porque, cuando muere una generación, la siguiente ocupa su lugar y pasa a ser la primera fila.

Eso no quiere decir que tenga planeado morirme a los 72 años, como mi padre. Pero me sirve de referencia. Como en un partido de baloncesto, puede que haya prórroga o que me ‘cambien’ -o echen del campo por faltas personales- antes de tiempo. Pero me sirve para organizarme y para ser consciente de que el tiempo es finito y para aprovecharlo mejor, como decía en mi felicitación de año nuevo.

Lo que toca hacer

En una entrevista que le hicieron hace años, el fundador y presidente de Alibaba, Jack Ma, explicaba a un auditorio de jóvenes su visión de las etapas de la vida y las cosas que uno tenía que hacer en cada una de ellas.

Decía que: “Antes de los 20 años, sé un buen estudiante. Antes de los 30 años sigue a alguien que admires. De los 30 a los 40 años has de pensar si quieres emprender. Entre los 40 y 50 años debes hacer las cosas en las que eres bueno”.

“Pero, cuando estés entre los 50 y 60 años, trabaja para los jóvenes, porque los jóvenes pueden hacerlo mejor que tú. Apóyales, invierte en ellos, asegúrate de que estén bien. Y cuando tengas más de 60 años, disfruta del tiempo para ti”.

Pues bien, aunque las etapas de la vida se han dilatado y la jubilación está cada vez más lejos (ya está más cerca de los 70 años que de los 60), estoy bastante de acuerdo con esa visión y división de la vida y lo que toca hacer en cada etapa.

Por eso, aunque todavía me atrae la dirección de proyectos ilusionantes, cada vez me atrae menos la gestión y más la visión estratégica. Cada vez me veo más ‘thinker’ que ‘maker’, dando ideas para que las ejecuten otros, más jóvenes.

Lo urgente y lo importante

Tras una intensa vida profesional te vas alejando de la gestión y de lo urgente y te vas centrando en la reflexión y en lo importante, descubriendo que era verdad aquel dicho de que: “lo urgente no es importante y lo importante no es urgente”.

También es cierto el aforismo de que “lo urgente quita tiempo para lo importante”, pero, cuando estás como un hámster en la noria, no puedes hacer otra cosa que dedicarte a lo urgente, quitando tiempo al sueño para dedicarte a lo importante.

Cuando te liberas de la agenda de reuniones interminables y de gestiones que no van a ninguna parte -y que se repiten una y otra vez, como el mito de Sísifo- tienes tiempo para pensar y empiezas a elegir lo que realmente quieres hacer tú.

Como dice Jack Ma, ya sabes en lo que eres bueno (si no lo sabes todavía, malo) y debes enfocarte en ello. “No trates de saltar a una nueva área, ya es muy tarde. Puedes tener éxito, pero la probabilidad de fracaso es demasiado grande”.

Por eso, lo que toca ahora es elegir bien a qué quieres dedicar el ‘cuarto cuarto’ de tu vida profesional, siendo consciente de que el tiempo es finito y que, no ya los años, sino las horas que dediques a un proyecto no se las dedicarás a otros.

Unir los puntos

Decía Steve Jobs, en su famosa conferencia en la Universidad de Stanford, que había que mirar atrás y unir los puntos para poder entender cómo habías llegado hasta donde estabas. Pero decía que no se podían unir los puntos hacia delante.

Y esto es verdad cuando eres joven, porque no sabes a dónde te van a llevar los pasos que estás empezando a dar. Pero, cuando ya has recorrido una gran parte del camino, sí puedes predecir -más o menos- a dónde te va a conducir éste.

Parece que "curriculum" vendría del latín "curro" + “circulum” y significaría "correr en círculo”, refiriéndose a las carreras de carros que se disputaban dando vueltas a un recorrido circular. De donde pasó -como metáfora- a la ‘carrera’ profesional.

No sabemos cuántas vueltas quedan para el final de nuestra particular carrera, pero llevamos ya unas cuantas y tenemos la experiencia de los que han dado muchas vueltas a un circuito de Fórmula 1. Ahora quedan las vueltas decisivas.

Es el momento de capitalizar el bagaje de conocimientos que hemos adquirido y de ponerlos al servicio de los más jóvenes. Es el momento de cosechar lo que se ha sembrado y transmitirlo. Ah, y es el momento de estar más con la familia.

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